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‘Ni una menos’, dicen

Por Alba Quintar. Esas famosas palabras acogidas en repudio a la violencia contra la mujer que inundaron de reflexiones las redes sociales, los medios de prensa y provocaron marchas multitudinarias. No me sumé a esa movida.

Me parecía que la violencia era violencia y punto, no creía que el género pudiera ser una variable importante hoy en día. Y digo hoy en día que la mujer ya no se ve encasillada el estereotipo que la antigua sociedad machista alguna vez planteó como correcto, y se le vio fuertemente impuesto a través de las generaciones.

No me había dado cuenta que aún no estamos en igualdad de condiciones, que aún en estos tiempos seguimos privadas de algo importantísimo y es la libertad real. La pérdida o restricción de la libertad por abuso de condiciones ventajosas es violencia. La violencia no se trata solamente de una agresión física sino que en términos actuales se extendió y gracias a Dios es reconocida en tantos ámbitos como hiere y lastima la integridad de una persona, e integridad de cualquier índole. Que una mujer esté expuesta a soportar de forma cotidiana todo tipo de groserías verbales, manoseadas, o sea violentada de cualquier manera, atenta contra su libertad y es violencia.

No es justo que para evitar sentirse denigrada deba adoptar medidas insólitas como, por ejemplo, cruzarse de vereda por temor a uno o un grupo de hombres, bajarse de un colectivo antes de llegar a su destino o abrigarse en días de verano para cubrir todo su cuerpo. Existe en todo esto una cuestión muy profunda y es la educación social respectiva.

Estamos en medio de un proceso de transición hacia la verdadera sociedad moderna, con todos los cambios que ello conlleva. Los hombres, en ocasiones y no todos (pero lamentablemente se generaliza), aun piensan que pueden tener a cualquier mujer que se les antoje, sin requerir ni siquiera su consentimiento y se autodenominan «machos». Siguen tratando a la mujer como un objeto sujeto a la expropiación del más fuerte. La precariedad persiste en sus comportamientos salvajes similares a los de los animales, provocando en las mujeres fuertes temores e inseguridades.

La mujer de hoy es eso. Una mujer. Se la debe respetar como ser humano autónomo, independiente y capaz en todo aspecto. No se pueden seguir permitiendo actitudes que la denigren y la devuelvan a esa horrorosa condición de objeto. Para colaborar con esa dura transición/revolución en pro de la mujer yo decido aportar mi granito de arena.

Elijo exponerme pese a la difícil situación que ello implica, porque siento, no sólo como mujer sino también como abogada en conocimiento de mis derechos, la responsabilidad social de marcar un precedente y animar a todas las mujeres que sufren o han sufrido cualquier tipo de agresión a que realicen las denuncias y permitan a la justicia proteger su integridad. Es el primer paso hacia el cambio. Es el primer paso hacia la libertad real.

«Ni una menos» digo yo también.

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