Este año Santa Fe sumó un eslabón más a su trayectoria represiva: no solo es la provincia con mayor cantidad de muertes por homicidios, también es la más militarizada y la que ataca con balas de goma y gases lacrimógenos una marcha de 100 mil mujeres. Para proteger de pintadas un edificio, sin ninguna advertencia previa, la policía disparó balas de goma contra las manifestantes y contra periodistas de medios en su enorme mayoría populares; las heridas fueron visibles a través de los mismos medios y en las redes sociales. Apuntaron al cuerpo igual que la policía bonaerense lo hizo en Mar del Plata, exhibiendo en este acto más voluntad de herir que de despejar la zona. Johana, una fotógrafa del Frente de Género de La poderosa dijo: “me disparó en la cara, a dos metros de distancia”, y su herida está fotografiada; José Granata, un fotógrafo de la agencia Télam recibió disparos en la cabeza; a Alberto Furfari, del Canal 5 de Rosario una posta de goma le impactó detrás de la oreja. Hay por lo menos siete trabajadoras y trabajadores de prensa con heridas y todas están ubicadas de la cintura para arriba. ¿La policía no quería que la prensa registrara el operativo? ¿Desde cuándo se prohibió el derecho a la protesta?
El ministro de Seguridad de la Provincia, Maximiliano Pullaro, dijo estar “conforme” con la represión; se escuda en un protocolo de actuación -que se impuso con el gobierno de la Alianza Cambiemos- que criminaliza las manifestaciones públicas y las encuadra de forma ominosa con temas de seguridad. Pero además, pidió que se vea a la policía “como víctima” y “no siempre centrarnos en cómo actuó la policía” (sic). Como si fuera poco, negó que hubiera manifestantes con heridas y hasta aseguró que salieron balas de fuego desde las manifestantes. Con total impunidad, el funcionario habló de que la intención de éstas era “prenderle fuego a la catedral”, algo completamente insólito y que solo puede leerse en clave de justificación de esta violencia represiva sobre el Encuentro Nacional de Mujeres como evento político masivo. Desde Ni una menos denunciamos que Maximiliano Pullaro, ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, y la policía de la provincia de Santa Fe, en la disputa por sus propias internas, se hicieron cómplices de una gestión de la seguridad que no fue tal: fue revancha, fue amenaza, y fue abuso de autoridad. Repetimos: «Me disparó a la cara, a dos metros de distancia». Todos los impactos en los cuerpos fueron de la cintura para arriba. No fue disuasión, fue persecución.
La primera contención de la catedral fue una hilera de mujeres policías sin protección de ningún tipo. Detrás de los fenólicos que cubrían el vallado, estaban los oficiales varones, con cascos y escudos. Si creían que había vidas en riesgo como para hacer ese desmedido despliegue, ¿por qué pusieron adelante a mujeres desprotegidas? La escena habla mucho del lugar de las mujeres dentro de las fuerzas de seguridad. A esas oficiales las invitamos a participar el año que viene del Encuentro, para que puedan compartir los problemas derivados de la estructura machista y vertical que padecen a diario. De hecho, el 62% de las mujeres que presta servicio en fuerzas federales siente que es discriminada.
Los reclamos y exigencias que se escucharon durante el Encuentro no se callan con violencia institucional: la necesidad de un aborto legal, seguro y gratuito; la demanda de un presupuesto estatal acorde a la magnitud de la problemática estructural de la violencia machista; la feminización de la pobreza que hoy se expresa en el 10,5% de desocupación; el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral que este año cumple una década; la garantía de los derechos laborales para las trabajadoras sexuales; el cupo laboral trans; la importancia de que se garantice la participación de las mujeres en sindicatos y partidos políticos y se apruebe la paridad de género en el Congreso; el pedido de libertad a Milagro Sala. No ganamos las calles pidiendo más policía ni más penas ni más cárceles. Ganamos las calles para exigir autonomía, respeto, libertades y derechos.
El avance y la ampliación del movimiento nacional de mujeres es inevitable: las 45 cuadras de marchantes son la evidencia. Vamos a volver a las calles para gritar #NiUnaMenos, para decir #VivasNosQueremos, para exigir de una vez que el aborto sea legal, seguro y gratuito para todas. La violencia estatal que sufrimos en Rosario no puede volver a repetirse. Exigimos que el gobierno de la provincia dé las explicaciones políticas que la comunidad de mujeres, lesbianas, travestis y trans reclama, que se abra una investigación judicial por el uso desproporcionado de la fuerza y que los oficiales involucrados en el operativo reciban sanciones y formación en problemáticas vinculadas al género.
No fueron las pintadas, no fueron las tetas insumisas: fue la policía y sus responsables políticos.
