Por Malka Manestar*. Este jueves 23 de julio se llevará adelante una nueva Marcha por la Noche del Apagón. Esa movilización histórica que une Calilegua con Libertador General San Martín atravesando las yungas jujeñas. Cada año vuelve a poner en el centro de la escena la complicidad de la empresa Ledesma S.A.A.I. con el terrorismo de Estado.
En Jujuy, la Marcha del Apagón materializa el ejercicio de la memoria en una acción colectiva de denuncia contra la impunidad empresarial.
Hace 50 años, entre el 20 y el 27 de julio de 1976, durante la última dictadura cívico militar, se desplegó una serie de operativos conjuntos de las fuerzas militares y de seguridad con la colaboración, sobradamente probada, de la empresa Ledesma, en las localidades de Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar. Estos operativos, facilitados por cortes deliberados del suministro eléctrico, posibilitaron el secuestro masivo de cientos de personas, quienes fueron privadas ilegalmente de su libertad, trasladadas en vehículos pertenecientes a la empresa hacia centros clandestinos de detención, sometidas a torturas y, en muchos casos, continúan desaparecidas.
Esta nota se titula «50 años de impunidad y 50 años de resistencias» porque, junto a la persistencia de la impunidad empresarial, ha existido también una resistencia ininterrumpida.
Frente al poder económico concentrado, el verdadero poder fáctico de nuestro país, capaz de incidir sobre las tramas del poder político y de vetar las decisiones del poder judicial, obstaculizando durante décadas el avance de las investigaciones sobre la responsabilidad empresarial en los crímenes de la dictadura, siempre estuvieron los organismos de derechos humanos, como Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos de Ledesma y Calilegua, las víctimas, los ex presos/as políticos/as, sus familiares y amplios sectores de la sociedad sosteniendo la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Esa resistencia tuvo y sigue teniendo un marcado protagonismo de mujeres. Fueron madres, esposas, hermanas, hijas y compañeras, mujeres valientes que sostuvieron la lucha cuando la impunidad, el silencio y el olvido parecían imponerse. Cada una de ellas encarna una dimensión distinta de estas resistencias: la búsqueda de familiares desaparecidos, las denuncias en organismos nacionales e internacionales, el testimonio de las sobrevivientes, las declaraciones en los juicios, la producción de conocimiento, la defensa de los derechos humanos, la lucha sindical y la organización popular.
Todas ellas se atrevieron a levantar la voz en un territorio donde Ledesma, la empresa genocida, sigue imponiendo su poder totalizante.
Elegimos nombrar a algunas de esas mujeres, aun sabiendo que este homenaje será incompleto e injusto con tantas otras que sostuvieron y continúan sosteniendo esta lucha. Sin embargo, recuperar sus nombres constituye un acto de justicia y de reconocimiento, porque sus trayectorias muestran cómo las resistencias del pasado siguen entrelazándose con las del presente.
Eublogia “Rita” Cordero de Garnica fue secuestrada durante la Noche del Apagón junto a dos de sus hijos y a su hermano. Su esposo, Donato Garnica, fundador del Sindicato Azucarero de Calilegua, permanecía arbitrariamente detenido desde 1974 por su actividad sindical. Sus hijos, Miguel Ángel y Domingo Horacio, fueron víctimas de desaparición forzada. Sobreviviente del terrorismo de Estado, Rita dedicó el resto de su vida a denunciar la responsabilidad de Ledesma en los crímenes de la dictadura y a exigir verdad y justicia para su familia y para todas las víctimas.
Su historia evidencia cómo el genocidio buscó destruir no sólo a las personas desaparecidas, sino también a sus familias y a las comunidades organizadas. «No fue el demonio, fue Blaquier», repetía Rita, desmontando el relato con el que durante años se intentó ocultar la responsabilidad empresarial.
Olga Márquez de Arédez dedicó su vida a denunciar el secuestro y la desaparición de su esposo, el médico y exintendente de Libertador General San Martín, Luis Arédez, quien había denunciado las precarias condiciones de vida y de salud de los trabajadores del ingenio y se había convertido en el primer intendente en exigirle a Ledesma el pago de impuestos municipales. Odontóloga y docente de la Escuela Normal de Libertador, Olga fue también una educadora comprometida con el futuro de sus estudiantes, alentando a hijos e hijas de trabajadores a continuar estudios universitarios.
En Libertador la recuerdan algunas veces marchando sola alrededor de la plaza principal, convirtiéndose en un símbolo local en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. En los últimos años de su vida amplió esa lucha denunciando otras violaciones de derechos humanos como los daños ambientales provocados por el ingenio. Falleció a causa de un cáncer de pulmón asociado a la bagazosis, enfermedad respiratoria vinculada a la exposición al bagazo de caña de azúcar.
Hilda Figueroa fue detenida durante los operativos de la Noche del Apagón cuando tenía 19 años. Era estudiante de abogacía y padecía una discapacidad producto de la poliomielitis que atravesó en su niñez. Durante su cautiverio en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de Guerrero, fue víctima de violencia sexual. Hilda fue una de las primeras voces que se levantó en Jujuy para denunciar que las violaciones que sufrieron las mujeres en la dictadura formaron parte del plan sistemático y organizado y que debían tener un tratamiento judicial diferente del resto de las torturas.
Junto a Hilda aprendimos que los delitos sexuales también son delitos de lesa humanidad. Investigar los crímenes de la dictadura con perspectiva de género también forma parte de su legado. Hasta el día de su fallecimiento realizó acciones contra la tortura en el Comité Provincial para la Prevención de la Tortura.
Olga Demotrópulos fue docente, escritora y artista plástica, ex presa política, detenida durante la dictadura en la cárcel de Gorriti. Uno de sus mayores legados es su libro titulado «10 décadas de Libertador General San Martín- Jujuy (1899-1999)», donde aborda la historia de Ledesma, las luchas sindicales de los 60 y 70 y la Noche del Apagón. Su investigación es una pieza clave para entender distintas dimensiones de nuestra historia local.
Entre las hijas, la historia de Martina Weisz nos recuerda que la violencia genocida también tuvo como blanco a las infancias. Martina pasó sus primeros meses de vida en el penal de Gorriti junto a su madre, Dora Rebecchi, quien se encontraba detenida desde 1974. Su padre, Jorge Weisz, fue detenido en 1974 y posteriormente víctima de desaparición por su actividad gremial en el Sindicato de Ledesma. Ambos fueron acusados de realizar actividades subversivas.
Dora era docente de la Escuela Normal de Libertador General San Martín, donde desarrolló una práctica pedagógica crítica y comprometida, inspirada en el pensamiento para la liberación, formando a hijos e hijas de trabajadores del ingenio. Martina desarrolló una carrera académica, en la que la memoria y los derechos humanos se convirtieron en pilares centrales. Dora participó activamente hasta sus últimos días en la Marcha del Apagón, exigiendo justicia por su esposo y por todas las víctimas de Ledesma.
Martina, junto a sus hermanas Rosa y Victoria, nos recuerda que las resistencias también fueron encabezadas por las hijas, quienes hicieron de la memoria un legado y de la búsqueda de justicia una forma de continuar la lucha de sus padres.
Entre las hermanas de detenidos desaparecidos de la Noche del Apagón, tenemos que nombrar a Virginia y Guillermina Díaz, hermanas de Carlos y Guillermo Díaz; a Margarita, María del Huerto y Marta Reales, hermanas de Domingo Reales, y a Lita Córdoba, hermana de Leandro y Germán Córdoba. Sus luchas fueron clave para sostener la memoria, la verdad y la justicia. Sus testimonios fueron imprescindibles para dilucidar tanto la participación de Ledesma en el proceso genocida como para desentramar y reconstruir las redes de conexión del aparato represivo en el NOA, dando cuenta del plan sistemático que vinculaba Tucumán y Jujuy.
Por otro lado, queremos reconocer especialmente a Martina Montoya. Su militancia incansable en los organismos de derechos humanos, como integrante de CAPOMA (Centro de Acción Popular Olga Marquez de Aredez), asi como su compromiso con la lucha docente y en el movimiento feminista, muestran la transversalidad de los derechos humanos. Su participación durante el Jujeñazo permite sostener que los reclamos por salarios dignos, democracia y libertad para protestar forman parte de una misma historia de resistencia frente a un poder que, durante décadas, ha buscado disciplinar a quienes se organizan.
Finalmente, no queremos dejar de nombrar a la compañera Milagro Sala. El acompañamiento de la Red de Organizaciones Sociales y, particularmente, de la Tupac Amaru a la histórica lucha de los organismos de derechos humanos contribuyó a quebrar décadas de impunidad.
En 2012, cuando Jujuy aún era conocida como «la capital nacional de la impunidad» y la Justicia se negaba a avanzar contra los responsables empresariales, más de setenta mil personas se movilizaron exigiendo justicia. La posterior renuncia del juez Olivera Pastor permitió destrabar la causa y avanzar en el procesamiento de Carlos Pedro Blaquier y Alberto Lemos.
La persecución judicial que hoy continúa padeciendo Milagro Sala también debe comprenderse en el marco de las disputas con los poderes económicos y políticos de la provincia. Si Milagro continúa presa, también fue “por atreverse” a desafiar el poder de Ledesma.
A cincuenta años de la Noche del Apagón seguimos exigiendo juicio y castigo para los responsables económicos de la dictadura. La impunidad empresarial continúa siendo una de las grandes deudas pendientes de la democracia argentina.
En Jujuy siguen vivas las resistencias que estas mujeres nos legaron. En cada juicio, en cada marcha, en cada conmemoración y, sobre todo, en cada nueva generación que toma la posta, su ejemplo vuelve a señalar el camino. Hoy, más que nunca, sostenemos que la memoria es una herramienta para disputar el presente y construir un futuro en el que ¡Nunca Más! el poder económico pueda situarse por encima de los derechos humanos.
* Voluntaria en el área de Defensa y Litigio estratégico de ANDHES. Abogada, Magister en Derechos Humanos, Estado y Sociedad. Docente e investigadora en la Universidad Nacional de Jujuy.
Publicado en Andhes.org

