Peregrinos: A propósito de caminar con fe

Por Diego Citterio Era de noche. La hora no la recuerdo: era la madrugada del domingo. Estábamos sentados al lado de la rueda trasera del micro, fumando un cigarrillo a medias. Ya habían llegado muchos peregrinos y dormían arriba. Yo miraba la ruta para ver si aparecía alguno más. Cuando me di vuelta para devolverle el cigarrillo, ella me besó.

Esa fue mi primera peregrinación juvenil a Luján. No la hice caminando. Tenía 19 años y participaba de un grupo universitario en una parroquia de La Plata, en la calle 57 entre 1 y 2. Entre los scouts, las guías y los universitarios armábamos un equipo de apoyo: nos tocaba asistir a los que caminaban.

Hoy, sábado, sale una nueva peregrinación. Sesenta kilómetros. Jóvenes y no tan jóvenes caminando al encuentro de la patrona del país.

En esa ruta uno encuentra de todo. Gente que va solo a eso, a esa manifestación de fe y a ninguna otra. Otros que se lo toman casi como una prueba deportiva: hacerla en el menor tiempo posible. Y grupos que cantan canciones nacidas en la pastoral juvenil a finales de la dictadura. Hay una que dice que estamos vivos, que amar es nuestro destino, que no hay más que un solo camino. [acá va tu cita textual de la letra]

La escucho y se la mando a Lola, mi sobrina, que este año va a peregrinar por primera vez, con su tío y sus primos. Justo este año, el año en que mi vieja se fue. Mi vieja, que iba siempre en el equipo de apoyo de su parroquia. Más de una vez nos encontramos en la ruta para saludarnos: yo venía de La Plata, ella de Vedia.

Estas caminatas empezaron en 1975. Las impulsó un cura, Rafael Tello, que acompañaba a un movimiento de jóvenes de Buenos Aires convencido de algo simple: que la fe ya estaba en la gente y que solo había que darle un gesto donde reconocerse. Eran años de una juventud movilizada, que quería un mundo mejor y lo buscaba por todos los caminos, también por el de la violencia. Caminar a Luján no era entonces una cosa de beatos, apartada de todo eso. Era otra manera de buscar lo mismo.

El primer año caminaron unos veinte mil. En 1976 —ese año— el lema salió del Martín Fierro: los hermanos sean unidos. Fueron muchos más. Hoy se habla de más de un millón.

Hay un dato que me quedó dando vueltas. Alguien se tomó el trabajo de preguntarles a los peregrinos, durante años, y resultó que siete de cada diez caminan por su cuenta, sin grupo que los organice. Y que casi siete de cada diez no pertenecen a ninguna parroquia, a ninguna comunidad. Nadie los manda. Van igual.

Este año Luján recibirá en un mes a millones de personas a los que peregrinan hoy y aquellos que van a ir a escuchar al Papa León XIV.

Ojalá la Virgen reciba a cada uno de los que caminan este sábado, en una Argentina que está mal, que duele por todos lados.

Y ojalá aquella piba que me besó esa madrugada, mientras esperábamos peregrinos, también se acuerde de mí cuando vea las noticias.

Si conocen a alguien que esté caminando hoy, mándenle esto.

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