El fenómeno meteorológico del Niño volvió a encender las alarmas a nivel global y regional. Para comprender el alcance real de estas variaciones climáticas y sus consecuencias directas en la provincia de Jujuy, la ingeniera agrónoma Mónica Valdiviezo explicó qué implica la situación y detalló recomendaciones básicas para evitar efectos no deseados.
En diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), Valdiviezo aclaró que el término técnico para la fase actual es simplemente «Niño muy intenso», en lugar de las denominaciones que se le dieron en algunos medios como «Súper Niño» o «Niño Godzilla».
La especialista, que es profesora asociada de la Cátedra de Agroclimatología de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNJu, precisó la diferencia térmica que define a estas anomalías en el Océano Pacífico Ecuatorial: «Cuando la anomalía de temperaturas en el Océano Pacífico Ecuatorial es positiva, o sea, cuando se empieza a calentar el agua, el fenómeno se llama El Niño. Cuando el agua se enfría, se llama La Niña, y cuando tiene las temperaturas normales, se llama fenómeno neutro».
Y describió la magnitud de la energía acumulada en el océano: «La diferencia que tiene el agua, en la parte subsuperficial, es prácticamente de 3 grados de temperatura, mientras que en la profundidad del océano, más o menos unos 250 o 300 metros, la diferencia es de 8 grados. Por eso es que todo ese calor que absorbe el océano después se transforma en energía, en cambios de presión, y es lo que ocasiona variaciones en todos los fenómenos meteorológicos que afectan al planeta».
Un fenómeno ancestral potenciado por el calentamiento global
Contrario a la creencia popular, el Niño no es una invención moderna ni un fenómeno causado directamente por la mano del hombre en su origen. La docente explicó que proviene de una variabilidad climática milenaria identificada desde el siglo XVII: «Se llama el fenómeno del Niño porque los pescadores peruanos, que son los que detectan aumentos de temperaturas en las costas del Perú allá por el año 1600, notan que estas cosas se producen fundamentalmente hacia el mes de diciembre, cercano a la Navidad. No tenían plata para pasar las fiestas porque no había afluencia de peces. Por eso es que se llama el fenómeno del Niño».
Sin embargo, al evaluar la situación contemporánea, la ingeniera remarcó su preocupación por el agravamiento de las métricas: «El fenómeno se agravó. No se sabe cuál es el disparador que ha hecho que haya tenido esta variación positiva en más de 3 grados para el agua superficial y en más de 8 grados en el agua profunda, pero está también asociado al calentamiento global. Se están calentando todos los océanos del planeta, no solamente el Pacífico».
El impacto en el mundo y Argentina
Las repercusiones del fenómeno varían notablemente según la geografía. Por un lado, explicó Valdiviezo, está el impacto global: «Mientras en las costas de Sudamérica se incrementan las precipitaciones, del otro lado del Pacífico, en India, Pakistán, Papúa Nueva Guinea, se generan sequías severas que derivan en graves crisis alimentarias».
En tanto, para la Mesopotamia y el Litoral de Argentina, la relación directa está estadísticamente demostrada. El Niño genera crecidas extraordinarias en los ríos Uruguay y Paraguay, provocando inundaciones severas e interrupciones en infraestructura clave, como los cierres temporales en el Parque Nacional Iguazú por caudales sobrepasados.
El escenario en Jujuy
Valdiviezo señaló que para la Puna jujeña se prevén menos lluvias que las habituales. En los Valles Templados y Cálidos, aunque no hay una certeza estadística absoluta, se observa un adelantamiento de las precipitaciones en septiembre y octubre, acompañadas por alertas meteorológicas tempranas.
Consultada sobre el viento norte atípico que se dio en julio pasado, con ráfagas de gran intensidad, la especialista detalló que estos eventos también se vinculan a la desestabilización de las presiones por El Niño. «Esos sistemas de baja presión normalmente se forman en latitudes más cercanas a los 60 grados. Sin embargo, por variaciones y dinámicas como la Oscilación del Sur, esos centros ascendieron a latitudes más bajas (Mendoza, San Juan, Catamarca) y, en combinación con un centro de alta presión en el país, provocaron ese tren de vientos del oeste extraordinario que duró tres días», explicó.
Recomendaciones para la prevención
«No hay que preocuparse, hay que ocuparse», recomendó Valdiviezo en referencia a las medidas que puede tomar la ciudadanía para prevenir consecuencias serias derivadas de estos fenómenos.
La especialista destacó la reunión interministerial concretada en agosto por el gobierno provincial junto a especialistas de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) y del INTA para planificar obras hídricas y de contención. No obstante, remarcó que las acciones no deben responder únicamente a la emergencia. En este sentido, llamó a mantener una cultura de prevención urbana que no dependa únicamente de las alertas de emergencia: «Es algo que debería hacerse cotidianamente. Es como tener organizada la casa: si vos tenés las canaletas limpias, aunque llueva 10 milímetros no te pasa nada. El problema es cuando tenés las canaletas saturadas o sacás la basura en el horario que no corresponde y se trancan las calles».
Entre las medidas prioritarias a nivel vecinal y municipal, la especialista destacó:
- Mantenimiento domiciliario: Limpiar canaletas, asegurar techos y chapas con la fijación adecuada (evitando el uso de elementos precarios como ladrillos) y gestionar la basura en los horarios correspondientes para evitar la obstrucción de desagües colectivos.
- Poda preventiva y servicios: Solicitar a los municipios y a las empresas de servicios públicos (Ejesa, empresas de cable y telefonía) la poda de ramas sobre el cableado y la revisión de postes en mal estado para prevenir cortes de energía y accidentes durante ráfagas de viento.
- Manejo de residuos: Evitar la acumulación de malezas y restringir las quemas de basura particulares, las cuales deben realizarse de forma estrictamente programada y bajo control de bomberos para evitar incendios forestales u urbanos.
«Lo que hagamos en nuestras casas se replica en el barrio. Si entre todos no colaboramos en la prevención cotidiana, los problemas se multiplican cuando llegan las tormentas», concluyó Valdiviezo.

