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Pronunciamiento académico: el derecho a la educación no prescribe con la edad

Asistimos en la provincia a un proceso de ataque directo a la democracia participativa, activa y plural. En este contexto es avasallado uno de los principales pilares para la formación de ciudadanías: la educación. Afilando más la lente, es la educación pública y gratuita y las propuestas educativas destinadas a los sectores populares las que hoy de manera concreta se encuentran en permanente “abuso”, “manoseo” y “vigilancia”.

Tristemente podemos mencionar algunos hechos acontecidos durante el mes de marzo: el conflicto con la escuela La Salle, la toma del edificio Helen Keller, las marchas artísticas de la escuela Tito Guerra, las sanciones aplicadas a docentes por la enseñanza de saberes para la ciudadanía plena y participativa en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, y el cierre de los Centros de Educación Integral de Jóvenes y Adultos (CEIJA).

Estos hechos no son aislados, forman parte del “continuum desguace y mercantilización” del sistema educativo en todos sus niveles y modalidades.

Desde esta memoria histórica y contextual, queremos compartir algunas reflexiones en relación al derecho a la educación de jóvenes y adultos. Si bien existen diversos puntos de análisis, nos remitiremos a cuatro ejes posibles de ser discutidos. Pero antes quisiéramos aclarar que tenemos un claro posicionamiento pedagógico: entendemos que política y educación van de la mano, no existe la apoliticidad en educación ni en el tratamiento de los derechos; denunciamos que las miradas instrumentales que se presumen de neutras ocultan las condiciones de desigualdad y perpetúan el orden, de ahí que sostenemos que cualquier decisión “ministerial” que intente llamarse “reglamentaria, burocrática y administrativa” persiguen en el marco de estas políticas provinciales la dominación de unos sobre otros.

Nos pronunciamos en contra de los actuales modos de tratar la educación de jóvenes y adultos en el ámbito ministerial porque:

– Desconoce que la educación de jóvenes y adultos se constituye históricamente como remedial y compensatoria del sistema formal. Un tipo de educación que intenta paliar los déficits y ausencias de la escolarización y que ocupa un lugar de “segunda” dentro de la estructura del sistema.

Su emergencia histórica ocultó las serias y no resueltas problemáticas de un tipo de educación homogeneizadora, gradual, descontextualizada de la realidad de los sujetos y de un tipo de saber escolar que difícilmente dialoga con otros saberes (barriales, ancestrales, del trabajo, de la cultura, etc.) Problemáticas que se afianzan con la sanción de la obligatoriedad de la educación secundaria, cuestión que pone al descubierto la necesidad de revisitar los sentidos sociales asignados a este nivel educativo y sus múltiples y complejas relaciones con el trabajo, la ciudadanía, el tiempo libre, el arte y la cultura.

– Ignora las características políticas, sociales, familiares, económicas individuales y colectivas de los sujetos que integran este tipo de educación., así se esconde que forman parte de la demanda potencial jóvenes y/o niños que viven como “adultos” en situaciones de múltiples pobrezas.

De ahí la característica selectiva de este tipo de educación, dirigida a los “pobres de los pobres” que tienen altas posibilidades de quedar fuera del sistema formal. En este sentido se “expulsa” a quienes no entran dentro de los cánones éticos, estéticos, políticos establecidos como lo “bueno, aceptable y lo correcto”. Se puede decir que además de ser un problema socio-educativo es un problema de negación de las múltiples juventudes.

– Avasalla la humanidad de los sujetos. Si se considera que la educación es un derecho que garantiza el ejercicio pleno de otros derechos, y que a la vez de ser un derecho humano es un derecho que permite humanizarnos, podemos decir que el ataque a la educación de jóvenes y adultos es un ataque claro a la “humanidad”.

Cualquiera sea el programa o plan de terminalidad educativa, los sujetos que los integran “regresan a sus estudios” porque confían en la educación y en el saber escolar. Los estudiantes teniendo la experiencia de ser expulsados de un sistema se disponen a aprender, independientemente del motor que los impulsa, vuelven a poner sus esperanzas, sueños y múltiples saberes en la escolarización. Esta situación representa una enorme responsabilidad para el Estado porque tiene su correlato en la confianza de estos adultos y jóvenes en la democracia como organizadora de la vida.

A su vez es necesario mencionar que aquellos que regresan, lo hacen pese a la estigmatización social que sufren día a día, en este sentido levantan la cabeza y se disponen a “reintegrarse” a las lógicas de socialización educativas, laborales, entre otras. Muchos de los que son expulsados nunca vuelven a reconstruir un vínculo con la “educación”, en este sentido debemos estar atentos porque estos jóvenes y adultos no son deudores de materias, son sujetos a los que intencionalmente se les negaron derechos.

– Afianza la desjerarquización y el bajo status ministerial de la educación de jóvenes y adultos. Esto se logra tal como afirma Messina (2009) a través de políticas de omisión (no hacer nada y derivar fondos a otras áreas), de eliminación (disolución de estructuras, centros y programas) y de emergencia (programas masivos de corto plazo). Algunos ejemplos de estas políticas fueron la desaparición a nivel nacional de la secretaría de educación de jóvenes y adultos en el transcurso del 2016-2017; la constante amenaza de cierre o achicamiento de programas como el caso de FiNes; el desfinanciamiento de las coordinaciones provinciales y la carencia de convenios con otros ministerio como el de trabajo.

Pese a la jerarquización establecida por la Ley de educación nacional 26206 que considera la educación de jóvenes y adultos como modalidad del sistema, prevalecen en las políticas educativas de la provincia dos características residuales: la primera el carácter marginal, que contempla los escasos e inexistentes presupuestos y propuestas para la magnitud de población destinataria.

La segunda “heterogeneidad fragmentada”, característica de funcionamiento de los diferentes planes y programas. En las distintas áreas del ministerio -dirección de nivel primario y secundario; coordinación de educación no formal; coordinación de educación de jóvenes y adultos; dirección de educación técnico profesional; dirección de educación comunitaria- se encuentran los programas de terminalidad educativa, lo que en muchos casos dificulta y obtura las posibilidades reales de “organización de la modalidad” y opera como fuentes de evasión de responsabilidades.

La “heterogeneidad fragmentada” genera a su vez la imposibilidad de articular propuestas y programas, y de integrar trayectorias educativas. Las amplias diferencias entre las propuestas educativas-contenidos, tiempos, metodologías, culturas institucionales, entre otras- impiden que los estudiantes puedan elegir en cualquier momento de su escolaridad, el pasaje de una propuesta a otra. De ahí que deba tratarse con seriedad pedagógica cualquier intento de “movilidad” de estudiantes de una propuesta educativa a otra.

En suma puede afirmarse que persisten silencios alarmantes en torno a la educación de jóvenes y adultos: infraestructura, diseños curriculares, financiamientos, sistema formador, entre otros aspectos constitutivos de este campo educativo.

Consideramos que debemos dar un mensaje simple pero no simplista de los problemas educativos de la educación de jóvenes y adultos, de ahí que nos pronunciamos para que su abordaje sea crítico y respetuoso del conjunto de población que asiste a estos espacios “estudiantes y docentes” que viven y sienten día a día las características remediales, marginales, compensatorias, selectivas y fragmentadas que actualmente se encuentran exacerbadas por este modelo político provincial.

Denunciamos los acontecimientos represivos que vivieron los estudiantes del CEIJA y las condiciones antidemocráticas de tomar decisiones por parte de las autoridades. Exigimos respuestas al ministerio y sentimos propia la lucha por el derecho a educarnos y educar

Equipo de cátedra de educación no formal-UNJU-FHYCS. Seminario optativo de Educación Popular-UNJU-FHYCS. Equipo de investigación en movimientos sociales y educación popular, línea de investigación “formación de jóvenes y adultos en la provincia de Jujuy”.

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