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Soberanía invertida: Milei paga la base a EE.UU. y entrega el control del país

Por el Secretariado nacional de la Organización para la Liberación Argentina (OLA). El anuncio del gobierno no es patriotismo, es el manual del cipayo: financiar con plata argentina la ocupación militar extranjera, ceder la inteligencia nacional a Washington y reprimir adentro para custodiar intereses de afuera.

El plan ya no se disimula. Es explícito.

Para defender la «soberanía», el gobierno de Javier Milei anunció que el Estado argentino va a financiar con recursos propios una base militar de importancia estratégica para Estados Unidos en Tierra del Fuego (anunciada con bombos y platillos como base conjunta con la jefa del comando sur del ejército infanticida norteamericano en 2024). En los hechos, no es una base argentina con cooperación. Es una base norteamericana en territorio nacional, pagada y sostenida con la nuestra.

El segundo punto es aún más grave: la entrega del control total de nuestras telecomunicaciones militares y de todo el sistema de inteligencia estratégica a Washington.

Las FFAA argentinas operando con infraestructura, protocolos y supervisión norteamericana. La inteligencia nacional subordinada a la inteligencia de una potencia extranjera.

El tercer eje cierra el círculo: adaptar todo el aparato represivo interno para perseguir y neutralizar a cualquier actor «no estatal» que resulte incómodo para la potencia ocupante.

La doctrina de seguridad nacional ya no es defender a la Argentina de amenazas externas. Es defender a los intereses extranjeros… de los argentinos.

Todo el resto del discurso es humo para la tribuna liberal.

Si la doctrina de sanciones y de defensa de la soberanía que proclama Milei fuera real y no absolutamente selectiva, hoy mismo debería romper relaciones con Israel, proveedor del sistema de defensa antimisiles que el Reino Unido desplegó en nuestras Islas Malvinas para apuntar contra el continente y consolidar la ocupación colonial.

Es el mismo sistema que le niega a la Argentina cualquier capacidad de disuasión en el Atlántico Sur.

No lo hará. No puede. Porque su alineamiento no es con la Argentina, es con Tel Aviv y con Washington.

Ahí se cae la farsa del «patrioterismo» liberal-conservador que intenta vender en redes. Un patriota no le paga la base al imperio para usarla de plataforma en su guerra mundial por los recursos, las cadenas de suministros y las rutas marítimas. No le entrega las comunicaciones de su ejército. No pone su aparato de inteligencia al servicio de otro país.

No hay soberanía ni hay patriotismo. Hay sumisión lisa y llana. Un gobierno cipayo, sionista y estructuralmente antiargentino.

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