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Tilcara inquisitiva: La intendenta se convirtió en Torquemada

En un arrebato de puritanismo que ni el propio Obispo se hubiera animado a firmar, la intendenta de Tilcara, Sonia Pérez, decidió que este fin de semana largo la Villa Veraniega se convierta en un monasterio a cielo abierto. A través de un decreto que parece redactado en la Edad Media, el municipio prohibió la emisión de cualquier tipo de música que no sea de carácter religioso, bajo amenaza de clausuras y multas.

La medida, que rige para locales comerciales, gastronómicos y hasta para el vecino que se anime a poner una radio en su vereda, cayó como un balde de agua fría en plena temporada alta. Mientras el turismo llega a la Quebrada buscando cultura, libertad y esparcimiento, se encuentra con una gestión que confunde la fe con el autoritarismo y la «paz del Señor» con el silencio de cementerio.

«Ni el Obispo se animó a tanto», se escuchaba decir hoy entre feriantes y hoteleros, quienes ven con espanto cómo una decisión arbitraria atenta contra el derecho constitucional de libertad de culto y, de paso, le pega un tiro en el pie a la economía local. ¿Qué sigue? ¿Impuesto al pecado? ¿Cepo a la risa en la vía pública?

En una Tilcara que históricamente fue cuna de la diversidad cultural y el sincretismo, Sonia Pérez optó por el fundamentalismo de escritorio. Resulta curioso que la misma gestión que persigue un parlante con música popular sea la que hace la vista gorda ante el estado de las calles o la falta de servicios básicos. Parece que para la intendenta es más fácil silenciar la música que dar respuestas a los problemas reales del pueblo.

Este fin de semana, en Tilcara, el que quiera escuchar algo que no sea un salmo, tendrá que hacerlo a escondidas, mientras la gestión municipal se consagra como la más retrógrada de la que se tenga memoria en la Quebrada.

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