Donald Trump llega a Pekín este miércoles para una visita de Estado de dos días, marcando el primer viaje de un presidente estadounidense a China en ocho años. El encuentro ocurre en un contexto de máxima complejidad, definido por una prolongada guerra comercial, rivalidad en el sector tecnológico y tensiones crecientes en torno a Taiwán y el conflicto en Oriente Próximo.
La agenda de negociación: entre las ‘5 B’ y las ‘3 T’
Aunque no se ha difundido un temario oficial, las prioridades de cada delegación revelan los puntos de fricción y las posibles áreas de acuerdo.
Desde la perspectiva estadounidense, los funcionarios han sintetizado su estrategia en lo que denominan «Las cinco B»:
- Boeing: se busca concretar la venta de aproximadamente 500 aviones 737 MAX y otros modelos a aerolíneas chinas.
- Beef (Carne vacuna): reapertura y expansión del mercado cárnico.
- Beans (Soja): asegurar compras masivas de este grano estadounidense.
- Board of Investment: creación de un consejo de inversiones.
- Board of Trade: establecimiento de un consejo comercial para facilitar intercambios.
Por su parte, Pekín llega a la mesa con un enfoque centrado en las «Tres T»:
- Tarifas (Aranceles): la extensión de la tregua comercial vigente, que expira en noviembre.
- Tecnología: la reducción de los controles de exportación impuestos por Washington.
- Taiwán: el reconocimiento de las «líneas rojas» chinas respecto a la soberanía de la isla.
El factor Irán y la crisis energética
Un tema ineludible será la situación en el estrecho de Ormuz y el mercado petrolero. Washington busca que Pekín utilice su influencia diplomática sobre Teherán para aliviar el bloqueo marítimo y avanzar hacia un acuerdo de paz.
En contrapartida, China mantiene su postura de rechazo a las sanciones unilaterales aplicadas por Estados Unidos a las empresas chinas que adquieren crudo iraní, alegando que estas carecen de respaldo en el derecho internacional.
Tierra raras y el rol de las corporaciones
La delegación de Trump incluye a directores ejecutivos de gigantes como Apple, Tesla, Goldman Sachs y Blackrock. Uno de los puntos críticos de la negociación será el acceso a elementos de tierras raras e imanes, esenciales para la industria tecnológica y de defensa.
China podría ofrecer un acuerdo de suministro a largo plazo a cambio de que Estados Unidos no utilice dichos materiales con fines militares y flexibilice sus restricciones tecnológicas.
Perspectivas y escepticismo
A pesar de la magnitud de la comitiva y la relevancia de los temas, analistas internacionales mantienen cautela. Mientras que algunos expertos consideran que Pekín llega en una posición de relativa fortaleza tras superar crisis energéticas previas, otros advierten que cualquier concesión por parte de Trump podría ser vista con recelo por el resto de los aliados asiáticos, generando dudas sobre la futura posición de Estados Unidos en la región.
El éxito de esta cumbre no se medirá solo por los contratos firmados, sino por la capacidad de ambas potencias para estabilizar una relación que define la seguridad y la economía del siglo XXI.

