El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió al ámbito geopolítico internacional tras declarar durante un acto político en Nueva York que, «muy pronto», su administración proclamará el estrecho de Ormuz como territorio estadounidense.
Según sostuvo el mandatario republicano, la medida formal se ejecutará una vez concluida la ofensiva militar que Washington lleva adelante en la región contra el régimen iraní: «Después de que terminemos de derrotar a Irán, que está siendo derrotado muy severamente, voy a declarar el estrecho de Ormuz como territorio de Estados Unidos», afirmó.
Trump ratificó que las fuerzas norteamericanas sostienen un riguroso bloqueo marítimo sobre la zona y los puertos iraníes para paralizar la economía de Teherán. «Tenemos el bloqueo. Ningún barco pasa a menos que nosotros lo queramos», enfatizó.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y es el cuello de botella comercial más decisivo para el tráfico global de hidrocarburos. Cualquier alteración en su estatus jurídico o militar impacta directamente de forma inmediata en la oferta energética y dispara la volatilidad de los precios del petróleo a nivel global.
Como parte del operativo bélico y de seguridad en Medio Oriente, el Pentágono confirmó el envío del portaaviones USS George Washington a la zona estratégica en reemplazo del USS Abraham Lincoln.
Mientras analistas y especialistas señalan que los anuncios agresivos de Washington suelen actuar además como herramientas de presión e impacto especulativo sobre el mercado de crudo, la viabilidad legal y geopolítica de anexionar o declarar como «territorio propio» un canal de navegación internacional bajo soberanía compartida sigue generando un fuerte cuestionamiento diplomático.
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