La semana próxima podría dictarse sentencia en el juicio contra Oded Kindermann, imputado por haber abusado sexualmente de una niña al menos en dos oportunidades. El hombre está detenido con prisión domiciliaria.
Kindermann, de 49 años, está acusado de abuso sexual gravemente ultrajante en dos hechos en concurso real. Pachi Tabera, abogada de la querella, explicó en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5) que «son los dos hechos que se pudieron determinar en tiempo y espacio, porque con niños es bastante difícil».
Además, la acusación incluye el agravante por la situación de guarda, «porque la mecánica para perpetrar el abuso era invitar a la nena a jugar a su casa con su propio hijo y en esa situación de guarda él perpetraba los abusos», precisó la letrada.
En la primera audiencia, realizada este miércoles, declararon los padres de la niña, el médico que la evaluó, la psicóloga de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia que intervino mediante protocolo, y el oficial de policía a cargo de la encuesta socioambiental y del allanamiento del lugar donde ocurrieron los hechos.
Tabera destacó la actitud de la jueza Pérez Rojas. «En un momento, Kinderman se molestó porque yo pedía que saliera de la sala para que puedan declarar la madre y el padre de la niña. Y la jueza le puso los puntos, le explicó que era el derecho de la víctima de no declarar con él mirando, para que no sufrieran ningún factor de presión o de amedrentamiento».
En la audiencia de este viernes se va a exhibir la Cámara Gesell. La siguiente será el jueves de la semana próxima, y se espera que el tribunal, integrado por Ana Carolina Pérez Rojas (presidenta), Mario Ramón Puig y María del Pilar Medina, dicte sentencia una vez cumplidos los alegatos finales. La querella apunta a una pena máxima que podría alcanzar los 20 años de prisión debido a la sumatoria de los delitos cometidos en concurso real y al agravante de la guarda.
Kindermann llegó a juicio detenido en prisión domiciliaria, un beneficio que se le otorgó en diciembre pasado. La querella y la fiscalía no estuvieron de acuerdo con esta medida, pero optaron por no apelar. «Para mí ha sido una interpretación de la ley demasiado amplia, porque no está previsto en el Código ese tipo de beneficios para ese tipo de sujetos. Pero no apelamos porque entendimos que la defensa intentaba dilatar el proceso, y preferimos llegar al debate para que sea condenado y vaya a cárcel común cuanto antes», detalló Tabera.
‘Un escenario horrorífico’
«El análisis psicológico del imputado determinó que presenta excitación pedófila, es decir, una tendencia a sentir atracción sexual por personas que no han alcanzado la madurez», reveló la abogada Tabera, y agregó: «Por lo tanto, consideramos que es un peligro para la sociedad toda».
Por otro lado, Tabera puso el foco en las múltiples secuelas que dejaron los abusos, no solo en la niña sino en su entorno familiar. «Están muy dañados. La niña tiene severos retrasos escolares. Para la edad que tiene, debería leer y hacer cálculos solventemente, pero no puede. La familia ha cerrado un local que tenían, porque eran vecinos, entonces también se han afectado patrimonialmente», relató.
«La niña es muy chiquita, tiene menos de 12 años. Y no entiende exactamente qué es lo que pasó. En la cámara Gesell se nota su inocencia, que no dimensiona lo que ha sucedido», agregó.
La abogada reflexionó sobre las caracteríticas de este tipo de abusadores. «Todos lo conocían a este tipo, porque era un íntimo amigo de la familia. Han compartido cumpleaños, tenían una dinámica intrafamiliar importante, y eso es lo que parte a esta familia psicológicamente. Es un escenario horrífico», describió.
En este sentido, advirtió: «Además está la trampa. Una trampa en la que todos podemos caer. Te dicen ‘invito a tu hijo a jugar’ y yo mando a mi hijo».
La trampa, además, parece funcionar sobre la base de un prejuicio positivo. «Uno dice ‘estamos en este colegio, somos gente de este tipo, no pasa nada’, pero el depredador está ahí. No es algo que esté socialmente segmentado, sino que es transversal. Da terror, porque es como invisible», señaló Tabera.
Y agregó: «Generalmente este tipo de depredadores no están en situación de vulnerabilidad, no tienen problemas económicos. Al contrario, tienen herramientas. Son particularmente amables y seductores y churros. Particularmente carismáticos. O sea, son psicópatas narcisistas».

