Un triunfo a lo pirro de Morales y la necesidad de un balance sobre el desplome del FIT

Por el Partido Obrero

Las elecciones provinciales jujeñas consagraron la reelección del gobernador radical Gerardo Morales y su coalición Cambia Jujuy. Este obtuvo un 43% de los votos y sacó una ventaja de 11 puntos al segundo candidato más votado: el pejotista Julio Ferreyra. El adelantamiento electoral, pergeñado para evitar que Morales sea arrastrado por el derrumbe macrista a nivel nacional fue exitoso, aunque no lo salvó de un retroceso si se compara su votación con la del 2015. En aquella ocasión ganó con un 58% de los votos, aventajando al histórico caudillo pejotista Fellner por más de 22 puntos. Los 52 mil votos perdidos por el actual gobernador, más que duplican la baja de votos consumada de una elección a otra en el nivel de participación de votantes. Aun manteniendo una holgada diferencia con el PJ y el resto de las listas, la base plebiscitaria de gobierno obtenida en el 2015 por Morales ha quedado lesionada.

Demagogia y disgregación

Es indudable que la división del PJ en cuatro listas, sin contar al sector que conforma el frente gobernante, facilitó la victoria de Morales. Pero también este realizó enormes concesiones para revertir su imagen de gobernador negrero y represor ante la clase obrera. En las últimas semanas anunció el pase a planta de trabajadores estatales, la titularización de docentes, una línea de crédito para pymes, el retorno del 50% de la compra en supermercados. Inclusive tuvo que retrotraer medidas políticas que había tomado: anuló una licitación para la prestación de servicios de alta complejidad en materia de salud frente a las denuncias sobre su privatización y tuvo que anunciar la compra de equipamiento por parte de la provincia; o el llamado a cubrir los cargos en el área de ESI (Educación sexual Integral) que había dejado vacante cuando el año pasado cerró dicha área por presiones de la iglesia.

Su delimitación del macrismo fue constante y ha prometido echar a andar todas las promesas de emprendimientos que desde hace cuatro años no se cumplen. Casi todos estos anuncios aún deben consumarse, pero lo claro es que este giro “populista” no será gratuito ya que reflejó a la vez la conciencia de Morales sobre la enorme insatisfacción y deliberación popular que recorre a la clase obrera jujeña y que no amainará con el resultado electoral.

La ciénaga del PJ

A la disgregación de las listas del PJ, hay que sumarle también los “carpetazos” entre diversas facciones. Por caso, la fracción de Guillermo Snopek, actual senador nacional y tercer candidato a gobernador más votado – 11%-, centró sus miras sobre el candidato oficial del PJ, Ferreyra, acusándolo de ser un agente de Morales y, tras bambalinas, de ser un corrupto más. Ninguna de sus variantes pudo polemizar y contraponer un programa alternativo a los planteos de Morales y solo atinaron a denunciar “la ineficiencia de la gestión” o el enorme endeudamiento provincial que a la vez prometían resarcir.

El logro del PJ jujeño de haber mantenido sus 8 bancas en juego y la conquista de 3 bancas por la facción de Snopek, suma a una mayor disgregación parlamentaria del PJ, que tendrá al menos 3 facciones parlamentarias. Su capacidad de explotar los resultados electorales para una reconstitución plena, está mediada por una serie de contradicciones que todavía deberán de resolver. Por ejemplo, cabe recordar que la fracción ganadora del PJ, la del empresario Rivarola, es la más colaboracionista con Morales. Por otro lado, las ilusiones de unidad que despertó el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández se esfumó rápidamente por las declaraciones de Ferreyra, quien planteó que no apoya ese armado. Los sectores más k, el Frente Patriótico y Unidad Ciudadana, no llegaron a sacar para gobernador, el 1% el primero y el 2,6% la segunda, respectivamente.

Los límites del FIT

El desplome electoral del FIT está lejos de poder explicarse por el carácter ejecutivo de la elección. El 3,14% obtenido para gobernador y el 3,95% para diputados, refleja una baja no sólo comparada con la enorme votación a diputados del 2017 -15,86%-, sino con las 4 últimas elecciones. En las ejecutivas del 2015, por caso, obtuvo un 2.84% para gobernador y un 7,06% para diputados. Estos números demuestran sin concesiones que el FIT no pudo explotar consecuentemente los límites y el agotamiento de Morales y la patente disgregación del PJ, que todavía no ha sido superada, en el marco de una fenomenal crisis nacional y provincial.

Si bien es cierto que fue una campaña corta y que el FIT no contó con financiamiento del Estado para garantizar spots publicitarios televisivos, como argumentan a los medios los compañeros del PTS (El Tribuno de Jujuy, 10-06-2019), las causas del retroceso son más profundas. Como en todo el país, el FIT no se ha instalado como un frente único de intervención en todos los terrenos de la lucha de clases; y por el contrario, solo se ha fisonomizado ante los ojos de amplias capas de la población como una variante meramente electoral. Esta política en Jujuy ha sido llevada al extremo por el PTS, partido que hegemoniza la representación parlamentaria y electoral del FIT en la provincia.

El ascenso del FIT en el 2017 sirvió también como una señal de alarma para las fracciones pejotistas, quienes se propusieron recuperar terreno en base a una demagogia extrema: desde diatribas opositoras en un parlamento dominado por Morales; o en el terreno sindical, donde han llevado a la derrota a todas luchas, como la de los obreros del Ingenio Ledesma y Esperanza, Ex Fundición Aguilar, la docencia, etc. Pero sobre todo en el plano electoral, ya que el rivarolismo terminó por poner de candidato al hasta hace meses desconocido Julio Ferreyra, quien se presentó como un outsider de la política, un anticorrupción y hasta planteó la eliminación de los “los gastos de la política” y enfrentar a los “poderosos”. Todos estos planteos eran levantados por el PTS sin ligazón alguna al carácter de clase del gobierno y el Estado y menos aún al gobierno de trabajadores. En Ledesma, donde el FIT ganó la elección en el 2017, perdió el apoyo del sindicato de obreros del Ingenio Ledesma, clave aquel triunfo, y que ahora se presentó a las elecciones integrando el Frente Patriótico, duplicando la votación del FIT en el departamento. La respuesta del PTS a todas estas maniobras no se basó en la delimitación y denuncia política de las mismas, sino en un intento de competencia en términos de recursos económicos, un terreno imposible de ganar a los aparatos partidarios capitalistas. Como resultado de esta lucha política, el PJ logró retener sus bancas, que según los primeros análisis podían caer en manos de FIT en esta elección y desplazarlo como principal oposición parlamentaria a Morales.

El FIT jujeño no pudo siquiera desarrollar una campaña electoral unificada entre sus partidos

Mientras el PTS levantaba eslóganes despolitizados como “contra la Jujuy de los poderosos”, “dar vuelta la historia” y “con la fuerza de las mujeres, los trabajadores y la juventud”, y haciendo hincapié en la figura del compañero Vilca; desde el PO nos hemos esforzado en utilizar la campaña electoral para señalar la crisis del conjunto del régimen político y el fracaso de Morales y el PJ en la provincia, y le contrapusimos la necesidad de “plantar una alternativa de los trabajadores junto al FIT” que pelee por una nueva dirección para el movimiento obrero jujeño y por un gobierno de trabajadores. Para ello destacamos que para que la crisis la paguen los capitalistas era necesario de acabar con los gobiernos de Macri y Morales y remplazar al conjunto del régimen político por una Asamblea constituyente soberana y con poder en todo el país.

La elección jujeña debe llamar la atención del conjunto del FIT para establecer un balance sobre la necesidad de una campaña política y clasista, que explote la crisis de régimen para el desarrollo de una alternativa obrera y socialista. Un congreso abierto del FIT, puede ser un gran escenario de deliberación y desarrollo de conclusiones políticas para afrontar las elecciones, pero sobre todo los nuevos episodios de la crisis.

Una nueva etapa de lucha

El resultado electoral no puede opacar el desesperante cuadro social jujeño, donde los niveles de desocupación, precariedad laboral y pobreza son de los más altos del país. Tampoco disminuye el enorme endeudamiento provincial y la amenaza de un default ante una nueva corrida cambiaria. Las medidas anunciadas por Morales en su campaña electoral, ahora deberán ser costeadas por un fisco con caída de ingresos y un déficit presupuestario de más de 5 mil millones de pesos, que prefiere honrar las deudas a satisfacer los reclamos populares.

Por el lado del movimiento obrero y popular, Morales ha pateado para después de las elecciones la definición de varios conflictos. El de los mineros de El Aguilar que reclaman por la falta de inversión en materia de seguridad, mediante la extensión de la conciliación obligatoria. O la efectivización de la venta del Ingenio La Esperanza, ya que todavía no está claro que el grupo Budeguer tome a los mismos 600 trabajadores que prestan servicio hasta el momento. Las paritarias azucareras serán también un escenario de crisis.

Morales ya intenta utilizar su victoria para condicionar una negociación nacional con el macrismo de cara a las presidenciales. Ya insistió en su reclamo de incorporar un sector del PJ a Cambiemos y advirtió, nuevamente, del fracaso de la “fórmula durandbarbista”. Estos planteos contrarían los del mendocino Cornejo, que pugna por una vicepresidencia radical para la fórmula de Cambiemos y con la pretensión del propio Macri de mantenerse exento de una alianza que coloque a un peronista en la línea de sucesión presidencial.

Habiendo perdido su base plebiscitaria, Morales deberá enfrentar su nuevo mandato. Los diputados del PJ, aún más fragmentados que en el pasado, se debatirán entre seguir desarrollando una línea colaboracionista con el gobernador o jugar un rol de oposición. El FIT aún mantiene sus 4 diputados y 5 concejales en San Salvador (2), Palpalá (1) y Libertador General San Martín (2) hasta el 2021, que tendrán el desafío de explotar los nuevos episodios de la crisis para clarificar sobre el antagonismo existente entre los partidos del régimen y los capitalistas por un lado, y la clase obrera y los explotados jujeños y el FIT, por otro.

El Partido Obrero jujeño, que ha encarado la campaña electoral bajo esta perspectiva estratégica, ha salido fortalecido con una ampliación de su militancia, sobre todo en Palpalá y San Pedro, y reforzándonos en los distritos en donde ya estamos instalados como San Salvador y Libertador. Nos ponemos nuevamente a prueba de cara a los desafíos de la nueva etapa de lucha que se abre en la provincia.

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