Una vendedora de bollos se encadenó para evitar ser desalojada tras 45 años de trabajo

Angélica Mamani tiene un puesto de venta de bollos en el acceso al Mercado Municipal, sobre la calle Zegada. Ahora el municipio quiere que se vaya, pese a que tiene los permisos al día. «Voy a luchar por mi lugar», aseguró.

La intimación del área de Vía Pública dice que tiene que dejar el lugar este jueves. Angélica decidió encadenarse a su puesto de trabajo como último recurso.

Según relató en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), el conflicto se originó por la apertura de una nueva puerta en el sector donde ella ubica su vitrina día tras día. Y denunció que la Municipalidad le otorgó el permiso a una vendedora de flores con menor antigüedad.

Mamani sostiene que posee todos los permisos vigentes, que paga los 11 mil pesos requeridos y que cumplió con cada requerimiento de la Municipalidad, incluyendo la adquisición de una vitrina reglamentaria de 1,20 metros donde exponer su mercadería.

«Yo tenía permisos de todos los directores. Antes era Control Comercial, ahora es Vía Pública. La doctora me los firmó todos, han pasado dos semanas y ahora me quieren sacar de nuevo», relató.

La vendedora denunció que existe un trato desigual frente a otros trabajadores del área. Específicamente, señaló el hostigamiento de una vendedora de flores con menor antigüedad en la zona, a quien —según Mamani— el municipio sí le reconoce los permisos mientras que a ella se los invalidan sin argumentos sólidos.

«Por qué a la florera le han dado permiso y a mí no me hacen valer el mío, si yo tengo mis papeles al día y todo pagado», cuestionó.

El argumento municipal para el desalojo se basaría en la apertura de una puerta funcional en la pared que solía servir de respaldo para su puesto. Sin embargo, Angélica argumenta que ese acceso no es transitable debido a la presencia de una columna, sugiriendo que la medida responde a presiones externas más que a una necesidad operativa real de circulación.

A pesar de haber pasado la noche a la intemperie enfrentando las bajas temperaturas, Mamani aseguró que no abandonará el lugar. «Me he quedado a dormir aquí toda la noche. Yo no me voy a mover, voy a luchar por mi lugar. Tengo mucha gente que me conoce hace años y me apoya», afirmó emocionada.

Por el momento, el municipio ha fijado el plazo de desalojo definitivo para este jueves, mientras la vendedora continúa encadenada a la espera de una respuesta favorable que respete su antigüedad y la validez de la documentación que acredita su derecho a trabajar en el sitio.

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