En la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), la innovación no pasa por mirar al puerto, sino por observar lo que hay bajo los pies. Alumnos y docentes de la Facultad de Ciencias Agrarias están demostrando que lo que muchos consideran «descarte» es, en realidad, materia prima para emprendimientos con potencial de generar trabajo genuino en las comunidades.
Del descarte al negocio
El ingenio surge de la necesidad. Ana Julia Carrizo y Marina Soria notaron que en las Yungas los higos se tiraban por cuestiones estéticas. ¿Su respuesta? Café de higo. Un producto soluble, sin cafeína ni azúcar, que ya tiene marca propia («Dulce Tentación») y pedidos firmes tras los testeos.
Por su parte, Jorge Ramos aplicó saberes ancestrales para aprovechar los restos de la faena de llamas. Transformó los huesos en colágeno puro, un suplemento clave para la salud que hoy comercializa como «Colágeno de la Puna».
Sabores con identidad
La lista de productos desarrollados en las cátedras de la Tecnicatura en Transformación de la Producción Agropecuaria parece un menú de vanguardia, pero con identidad territorial:
- Helado de rica rica: Un éxito total en exposiciones que agota stock en minutos.
- Yogur de cabra: Una solución de soberanía alimentaria para pueblos donde la cadena de frío industrial falla.
- Cerveza y alfajores de maíz morado: Productos que ya saltaron de la facultad a las góndolas de La Quiaca y Yavi.
Territorio, no escritorio
«El proceso es resultado del compromiso de la UNJu por llevar sedes al interior y diseñar carreras que respondan a las necesidades de cada zona», explica Milena Sepúlveda, coordinadora del área. Junto a las docentes Magda Choquevilca y Andrea Tolaba, el objetivo es claro: analizar la viabilidad técnica y legal para que el trabajo final de un alumno termine siendo el sustento de una familia jujeña.
Menos teoría académica y más valor agregado en origen. Esa parece ser la receta que hoy pone a los productos de la UNJu en la boca de todos.

