Los sectores más sensibles del consumo masivo siguen en caída o paralizados. Los datos que surgen del último informe de la consultora Scentia reflejan, en octubre, un desplome interanual del 3,3% en farmacias, de casi 5 puntos en los mayoristas, y del 4 por ciento en hipermercados.
La nota positiva, en un escenario muy heterogéneo, la dan los comercios de cercanía, que mejoraron 6,9 por ciento sus ventas, el e commerce que subió 10 por ciento y los kioscos, que aumentaron un 4 por ciento sus ventas.
El dato más delicado del trabajo es el derrumbe en las ventas de farmacias, porque muestra que hay mucha gente que está eligiendo comprar menos remedios para compensar otros costos altos muy elevados.
Cuando la lupa se pone en el consumo de alimentos y bebidas, según Scentia, hubo un aumento interanual de 1,2 por ciento, generado por las mayores ventas hormigas que se dan en los barrios y comercios de cercanía.
Eso compensó la caída sostenida de las ventas en hipermercados: en esas superficies comerciales, como en general se hacen compras grandes, la demanda es mucho menor dado que la caída de los ingresos populares obligó a las familias a trabajar en esquema de ahorros y micro-compras diarias.
Estos datos de Scentia, en parte, están en línea con los publicados por otras consultoras, como Scanntech y y Nielsen IQ.
La primera, a diferencia de Scentia, informó una caída del 2,3 en autoservicios y comercios barriales, y confirmó la baja en hipermercados.
Mientras que Nielsen, midiendo el semestre septiembre-octubre, reportó un alza del consumo del 3,2 por ciento interanual.
De todas maneras, Nilsen coincide con Scentia en que la venta en grandes supermercados sigue con números muy malos: registraron una caída interanual del 1,5 por ciento.

Curiosidades
En el sector del consumo se especula sobre diferentes números del fenómeno. Uno de ellos es cómo la venta en los barrios crece, cuando la venta de los mayoristas cae en casi los mismos niveles.
Los que conocen el paño aseguran que se está dando un fenómeno nuevo. Hay micro empresas que les están comprando mercadería a grandes alimenticias y firmas del consumo masivo, mercadería que luego distribuyen entre comercios barriales.
Los detractores del sistema aseguran que esos empresarios les venden más caro a los barrios. Pero que el fenómeno existe, no quedan dudas.
En el sector del comercio afirman que, de aquí en adelante y luego de un año muy malo, es ver cómo evolucionará la demanda en los últimos dos meses del año, donde se concentra casi el 70 por ciento de la facturación del sector. A esta altura, esa mejora no llegará a compensar los números negativos del año, pero es necesaria porque hay sectores muy caídos.
Hay dos factores a mirar, que son centrales y que los empresarios quieren ver en la evolución: por un lado, la marcha de los salarios. Hoy, el poder adquisitivo no está traccionando porque está perdiendo en términos reales contra la inflación. El segundo factor, de hecho, es la inflación: aún con el dólar quieto por la intervención oficial y el consumo parado, los precios de los alimentos se han disparado en las primeras dos semanas de noviembre.
Eso amenaza con generar un noviembre con un IPC más cercano al 2,5 por ciento, cuando venimos de un 2,3 por ciento. El problema con la suba de alimentos es que, junto carne y frescos, explican el 33 por ciento del IPC. Y como el Gobierno decidió no actualizar la medición (para medir mejor el costo de vida), cualquier suba que se en alimentos termina poniendo en jaque el anhelo oficial de una carrera inflacionaria a la baja.
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