En el marco del Día Nacional de la Solidaridad con las Víctimas de Agresiones Sexuales y en Contra de la Violencia Sexual en Niños, Niñas y Adolescentes, que se conmemora cada 9 de agosto, invitan a la comunidad de San Salvador de Jujuy a sumarse a una actividad de sensibilización, contención y memoria activa.
La cita es este domingo 9 a las 17.00 hs en la Plaza Belgrano. Allí se desplegará una instalación simbólica compuesta por juguetes, peluches, libros y otros objetos acompañados por carteles con frases de prevención y mensajes de apoyo a sobrevivientes de abuso infantil. La convocatoria pone además el foco en la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) como herramienta para proteger y cuidar a las infancias. Al concluir la actividad, el material reunido será donado a un comedor comunitario.

El origen de la propuesta
La iniciativa es impulsada por Loly Valverdi, activista e integrante de los colectivos Yo Sí Te Creo y Bordando Memorias, y nació de su propia vivencia como sobreviviente de abuso intrafamiliar.
«Llevo muchos años de silencio en mi infancia y mi adolescencia con el pensamiento de no destruir la familia», relató en diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5). Hace apenas seis años, ya adulta, que pudo contar lo que vivió y llevar su historia a la justicia. «Entregué mi carga judicial a quien correspondía, pero con la otra carga no sabía qué hacer con tanto dolor», expresó.
Frente a la escasez de espacios institucionales y de salud mental preparados para acompañar estos procesos, la militancia comunitaria y el arte colectivo se transformaron en un faro de sanación. «Encontré espacios cálidos a los que me aferro, como Bordando Memorias. Para mí bordar hoy es calmar el alma, aprender a respirar y querer seguir viviendo».
«Hay muchas mujeres que tienen las mismas historias, que por ahí no cuentan, no dicen, porque a lo mejor el abusador familiar ya falleció, o por miedo a destruir todo», señaló Valverdi.
¿Por qué juguetes?
El eje central de la intervención visual en la Plaza Belgrano parte de una memoria personal que dialoga con una realidad colectiva.
«Llevo mi muñeca, que se llama Carolina, y la llevo a sentarse ahí porque para mí fue aferrarme a ella. Cuando no había una docente ni un lugar donde yo pudiera contar lo que me pasaba, me aferré a esa muñeca; era abrazarla y sentir que ella entendía todo -contó Valverdi-. Por eso la intervención es con juguetes o peluches: elementos a los que una infancia puede recurrir, hablar y apoyarse para transitar ese momento».
Solidaridad y empatía comunitaria
El testimonio de Loly puso en evidencia una vez más las fallas estructurales y la lentitud del sistema judicial, la estigmatización social y los obstáculos que enfrentan quienes denuncian. Desde esperar tres o cuatro meses para conseguir un turno con una psicóloga hasta tener que coincidir con los abusadores en medio de trámites judiciales.
«Los espacios judiciales son muy difíciles, y más cuando tenemos que transitar pericias. Vos vas a una pericia, y al lado está el agresor con esposas en las manos, porque son lugares pequeños y hay muy pocos», describió Valverdi.
Algunos de estos procesos judiciales pueden extenderse por una década, lo que impide que las víctimas sobrevivientes puedan transitar el camino de la sanación. Hoy en día, mare de dos niñas pequeñas, Valverdi aguarda: «Yo sigo esperando el día en que toquen a mi puerta, venga la policía y me diga, mire señora, vamos a empezar con el proceso penal».
En este contexto, la respuesta comunitaria y la solidaridad activa resultan fundamentales para acompañar a las infancias y a quienes han atravesado estas violencias.
«Cuando me pongo a pensar que hay infancias pasando por lo que yo pasé, se me parte el alma. A veces lo hablan con una maestra, con una vecina o una amiguita. Esa es la solidaridad que quiero que se refleje: aprender a preguntar sin juzgar. La primera pregunta de todos suele ser ‘¿por qué no dijiste antes?’ o ‘¿por qué tanto tiempo callada?’, y son preguntas que ni en terapia se pueden responder», reflexionó.
La convocatoria para este domingo propone que la gente done un juguete, un libro o un peluche que esté en buen estado aunque no es necesario que sea nuevo. Los objetos se van a exhibir junto con carteles que difundan el principal mensaje: Yo te creo. La actividad invita además a compartir un espacio de escucha, diálogo y reflexión.
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