Argentina frena el futuro: El eslabón roto del Corredor Bioceánico

Por Javier Bach Bilbao. Mientras Brasil, Chile y Paraguay avanzan en uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de la historia sudamericana, Argentina observa desde afuera. El ajuste de la administración Milei paralizó las obras del tramo argentino del Corredor Bioceánico Vial –también llamado Corredor Capricornio– y pone en riesgo una oportunidad histórica para las provincias de Salta y Jujuy.

El proyecto consiste en una red de 2400 kilómetros que unirá los océanos Atlántico y Pacífico, conectando el estado brasileño de Mato Grosso do Sul con los puertos chilenos de Antofagasta, Mejillones e Iquique, atravesando el Chaco paraguayo y el norte argentino.

Se estima que reducirá hasta 14 días los tiempos de transporte hacia Asia-Pacífico y se perfila como alternativa real al Canal de Panamá. Un proyecto que puede cambiar la geografía comercial de América del Sur, siempre y cuando Argentina decida estar a la altura.

El compromiso no es nuevo. La Declaración de Asunción de 2015 selló el acuerdo entre los cuatro países, ratificado luego por la Declaración de Antofagasta en 2022, que estableció una hoja de ruta compartida.

Diez años de cumbres, acuerdos y declaraciones. Y sin embargo, el tramo argentino permanece prácticamente paralizado. Brasil lleva un 90% de sus obras concluidas; Chile lanzó en 2025 un Plan de Acción con 22 proyectos viales y una inversión de 600 mil millones de pesos. Argentina, en cambio, no tiene respuesta concreta para dar, y el estado de sus rutas nacionales en las provincias involucradas es deplorable.

La explicación tiene nombre: recorte de obra pública. Desde el inicio de la gestión Milei, más de 2000 obras dejaron de financiarse en el país y el gasto en infraestructura cayó un 82,3% en términos reales durante los primeros meses de 2024. El Corredor Bioceánico fue una víctima más de esa tijera, sin que ninguna autoridad nacional haya ofrecido un cronograma alternativo ni un pronunciamiento claro sobre la continuidad del proyecto.

La pregunta que nadie en la Casa Rosada parece querer responder es sencilla: ¿Argentina va a cumplir o no?

Salta y Jujuy son el corazón del tramo argentino. Sobre sus territorios se proyectan inversiones logísticas, parques industriales, zonas francas y miles de puestos de trabajo. Las autoridades provinciales han avanzado en mejoras de rutas secundarias, pero no pueden reemplazar la inversión que corresponde a la Nación.

En Jujuy, además, la integración regional se ralentiza: el Consejo de Promoción y Desarrollo del Corredor Bioceánico Capricornio –creado por la Ley 6408 en 2024, con participación de actores públicos y privados– permanece postergado.

La provincia sí cuenta con dos plataformas estratégicas para el comercio internacional: el Área de Control Integrado en el Paso Internacional Jama y el Área de Control Integrado en el Complejo Fronterizo La Quiaca-Villazón, ambas con alto potencial en sus respectivos ejes de conectividad.

En octubre de 2025, Jujuy fue sede del VII Foro de Estados Subnacionales del Corredor Bioceánico, donde debió explicarse, una vez más, por qué el tramo nacional sigue sin financiamiento.

El contraste con los socios regionales es elocuente. Paraguay, con menos recursos, lleva el 68% de avance en el puente entre Carmelo Peralta y Porto Murtinho. Chile moderniza puertos y digitaliza controles aduaneros. Brasil ya está listo. El único vagón desenganchado es el argentino.

Si el país no retoma las obras a tiempo, habrá perdido su lugar en una de las apuestas logísticas más importantes del siglo, no por falta de recursos ni de territorio, sino por una decisión política.

El Corredor de Capricornio podría estar operativo antes de que termine la década. Argentina tiene tiempo, pero se le acaba. Las autoridades nacionales deben responder con urgencia si este corredor es o no una prioridad de Estado. El asfalto, como la credibilidad, se construye con hechos.

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