La Argentina se consolida como el país más costoso de Sudamérica en prendas de vestir y salidas gastronómicas al medir sus valores en moneda extranjera.
Pese a una leve desaceleración registrada durante julio, el mercado local sostiene una marcada brecha de precios con los países vecinos, afectando tanto el presupuesto familiar como la llegada de visitantes internacionales.
Las conclusiones surgen del Índice Mensual de Precios Relativos elaborado por la organización Fundar, que evalúa el costo de vida regional en divisas.
De acuerdo con el relevamiento, comprar ropa en el país cuesta el doble en dólares que en mercados como Chile, Brasil o Perú. En tanto, el sector de restaurantes sigue una dinámica análoga, con tarifas en centros urbanos que superan los promedios de la región.

El encarecimiento en divisas responde a la persistente inflación interna, la presión impositiva acumulada sobre la cadena de producción y comercialización, y la brecha entre el ritmo de aumento de precios y la evolución del tipo de cambio.
Aunque julio mostró una tregua en la velocidad de los incrementos, los economistas aclaran que se trata de una variación marginal que no altera la falta de competitividad externa.
La distorsión golpea de manera directa a la actividad comercial. Por un lado, se reduce la atracción del turismo receptivo debido a la pérdida del beneficio cambiario; por el otro, se reactiva el cruce de fronteras de residentes locales hacia países limítrofes para adquirir indumentaria y tecnología.
Desde la industria textil atribuyen el alto costo al esquema proteccionista, las trabas logísticas para la competencia de importados y la carga fiscal, asegurando que más del 50% del valor final de una prenda corresponde a impuestos y alquileres comerciales.

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