Tras una sesión que incluyó gritos de pasillo y un oportuno cuarto intermedio para calmar los ánimos, el oficialismo descubrió que no le daban los números y terminó cediendo ante la presión del interbloque Popular. Así, la Cámara alta aprobó la designación de Verónica Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal N° 3 de La Plata, con un tablero que marcó 44 votos a favor, 18 en contra y dos abstenciones.
La polémica sumó altas dosis de dramatismo cuando la Casa Rosada envió un pedido de urgencia para retirar el pliego de la postulante. El gran pecado de la magistrada, según los criterios de la pureza oficialista, es ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, quien viene hurgando en el incómodo Caso LIBRA. El Ejecutivo intentó frenar el nombramiento por portación de pariente, pero la estrategia se chocó de frente con la realidad parlamentaria.

En un giro digno de comedia política, la jefa de la bancada oficialista, Patricia Bullrich, decidió desmarcarse de las órdenes de Balcarce 50. Minutos antes de la votación, defendió los méritos de la candidata con una frase para el recuerdo: “Las personas son únicas e irrepetibles”, sentenció, para luego abstenerse y evitar votar en sintonía con su propio gobierno.
Esta rebelión interna ya había incluido una puesta a disposición de su renuncia ante Javier Milei, quien la rechazó para disgusto de la Secretaría General de la Presidencia, donde el apellido Milei se conjuga en plural. Al final, el interbloque Popular aportó los votos necesarios junto al radicalismo y Convicción Federal, dejando en absoluta soledad al núcleo duro libertario que pretendía bloquear el casillero judicial.
El dictamen se aprobó sobre tablas con una mayoría aplastante que dejó en ridículo el intento de boicot oficialista. La jornada cerró demostrando que, en el Senado, el teorema de los dos tercios pesa bastante más que los caprichos familiares del poder de turno.
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