Por Javier Bach Bilbao. Cuando un gobierno repite que «estamos mejor», la pregunta es a quién se lo dice. Hay una Argentina de los anuncios y otra real: la de los almacenes que cierran, los jubilados que cuentan monedas y los chicos que se acuestan sin cenar. De esa Argentina hay que hablar.
Es cierto que algunos indicadores mejoraron: el Indec midió la pobreza del segundo semestre de 2025 en 28,2%. Pero un promedio no es un país: el Gobierno muestra el número redondo y deja en sombra lo que hay debajo.
Empecemos por la infancia: más de cuatro de cada diez chicos siguen creciendo en hogares pobres. Un modelo que dice haber ordenado las cuentas, pero deja a casi la mitad de su infancia en la pobreza tiene poco para festejar.
Sigue el norte: el ajuste tiene geografía. Mientras la Patagonia y el centro mejoran, el Noroeste queda por encima del promedio, porque el ajuste castiga más fuerte donde la estructura productiva es frágil.
Están también los jubilados: el bono de la mínima sigue congelado en 70 mil pesos desde marzo de 2024. No es un olvido: es una decisión que se firma mes a mes para licuar el ingreso de los más viejos.
Y el crecimiento no se siente: que el PBI suba no significa que el sueldo alcance. La motosierra no podó solo al Estado: cortó fábricas, changas y mostradores.
Nada de esto es abstracto. Cada pyme que cierra tiene una dirección postal, y muchas están en la Quebrada, los Valles, la Puna y la Capital.
¿Con qué herramienta política le ponemos un límite a este modelo?
Jujuy ya no es de dos fuerzas, sino de tres: radicalismo, La Libertad Avanza y peronismo se reparten un electorado donde nadie llega solo al 40%. La aritmética de los tercios es implacable: el que se une compite; el que se divide le regala la elección al ajuste.
El 26 de octubre de 2025, Jujuy eligió tres diputados nacionales: dos para La Libertad Avanza y uno para el oficialismo provincial. El peronismo no obtuvo ninguno. Cero. Pero, sumados los votos de Fuerza Patria y Primero Jujuy Avanza, habría superado los 129 mil: la segunda fuerza de la provincia. Esa banca no se perdió por falta de votos, sino por decisiones tomadas en Buenos Aires que mandaron a las tribus peronistas jujeñas a competir en listas separadas. En 2027, ese error sería imperdonable.
El Gobierno eligió el ajuste contra los más débiles y el relato sobre los datos incómodos. La inflación mayorista del 5,2%, que duplicó al índice minorista, es una advertencia: lo que hoy sube en la fábrica, mañana sube en la góndola. Y dejó al salario y al bono sin defensa.
La conclusión no es un deseo: es una cuenta. Jujuy necesita un peronismo que vuelva a hablar con honestidad y a ser la fuerza del laburante. Si dialoga, escucha y se une, en 2027 puede volver a gobernar y abrirle una puerta a quien no llega a fin de mes.
Los dirigentes de todos los espacios peronistas tienen ahora una responsabilidad y un plazo: octubre. En Jujuy, la unidad no es una consigna romántica: es la única vía para frenar este modelo. La abuela que elige entre el remedio y la garrafa no puede pagar otra elección perdida por la división.

