Aquel escenario de «invencibilidad» electoral que Javier Milei ostentaba a fines del año pasado parece haber quedado en el olvido. Según el analista político Facundo Nejamkis, la administración nacional atraviesa un marcado deterioro de su imagen —estimado en 15 puntos desde enero—, producto de una gestión que combina errores políticos con un malestar social que ya no se puede ocultar.
Para el director de Opina Argentina, el Gobierno dejó de ser el dueño absoluto del tablero y hoy se encuentra en una competencia «mano a mano» con el peronismo. «A finales del año pasado parecía que la reelección estaba asegurada; hoy ese escenario ya no existe», sentenció el consultor, poniendo en duda la continuidad del proyecto libertario más allá de 2027.

La lógica del «peleador» frente al bolsillo
Nejamkis analizó la resistencia del presidente a ceder ante las críticas y su blindaje a figuras cuestionadas, atribuyéndolo a una táctica de supervivencia basada en la confrontación. «Milei llegó como un peleador, alguien que se hace fuerte en la disputa y no en la negociación», explicó. Sin embargo, advirtió que esta falta de experiencia en la construcción de liderazgos tradicionales le empieza a pasar factura cuando la gestión diaria exige otras herramientas.
Pero el problema no son solo las formas, sino la realidad económica. Los datos son contundentes: un 60% de la sociedad está disconforme con el rumbo del programa económico y, lo que es más crítico para la Casa Rosada, la mayoría se muestra escéptica sobre lo que vendrá en los próximos meses.

El peronismo vuelve a la cancha
Aunque el oficialismo mantiene un piso de intención de voto cercano a los 35 puntos —lo que lo mantiene en carrera—, la pérdida de ese «colchón» de confianza cambió el clima político. La debilidad del Ejecutivo no solo envalentona a la oposición, sino que empieza a generar ruidos internos en los sectores aliados.
«Cuando te ven débil, se te empiezan a animar un poco más», señaló Nejamkis. Por primera vez en meses, el peronismo vuelve a estar en condiciones competitivas frente a un Gobierno que ya no puede garantizar el éxito solo con la polarización, mientras la sociedad empieza a demandar soluciones que el «relato» ya no alcanza a cubrir.

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