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Desde Francia advierten sobre la banalización y negación de crímenes contra la humanidad

panuelo plazaPor Colectivo Argentino por la Memoria de Francia. Con la instauración de la democracia en 1983, la Argentina comenzó a vivir en libertad, volvíamos a ser considerados seres humanos con deberes y derechos. 

40 años de lucha de “Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo”, de H.I.J.O.S, del CELS, de SERPAJ y de otros organismos, asociaciones, grupos, personas que a lo largo y ancho de la Argentina buscaron y defendieron la Verdad, la Memoria y la Justicia de todo el periodo de terrorismo de estado, y que de acuerdo al dictamen de la Justicia argentina comenzó el 22 de agosto de 1972. 

La verdad se viene escuchando de la boca, de los escritos, de las denuncias, de las fotos de cada sobreviviente o testigo en los cientos de juicios que se vienen realizando, de cada habitante de la Argentina que vio, escuchó, conoció, ayudó a alguien que estaba siendo secuestrado. La verdad viene de cada fosa común donde el Equipo Argentino de Antropología Forense, (reconocido mundialmente), fue identificando los restos de los asesinados-“desaparecidos”.

Los organismos de derechos humanos y las víctimas continuaron durante décadas exigiendo Justicia sin jamás buscar la «venganza» por mano propia, hasta que finalmente fueron derogadas las leyes que mantenían la impunidad y comienzan en Argentina los juicios a los genocidas en 2004. La Argentina se alza como ejemplo en el mundo. Es esa justicia que se viene aplicando con diversas penas, hasta las máximas, por crímenes contra la humanidad.

La Memoria se mantuvo viva. Cada día se reconstruían archivos de delitos, desde la CONADEP y el famoso ¡NUNCA MAS! de Strascera de la DIPBA, en los 500 centros clandestinos y de exterminación, en la ESMA, donde se realizó un trabajo minucioso de reconstrucción de miles de historias que pasaron por ese siniestro predio. Se recuperó la identidad que les habían robado de 200 jóvenes, por el trabajo científico que las Abuelas llevaron adelante en el mundo. 

Nadie puede poner en duda estos 40 años de trabajo permanente por los Derechos Humanos en la Argentina. Salvo los que entran en el campo de los negacionistas de la historia pueden venir a inventar o a reavivar esas teorías.

Desde la asunción a la presidencia del Presidente Mauricio Macri, los logros en materia de Derechos Humanos a nivel de la educación, del reconocimiento de las víctimas del terrorismo de estado, de la conciencia que adquirió el pueblo argentino y del respeto a todos los que contribuyeron desde sus puestos de trabajo, se transformó en «limpieza» para que no queden rastros. Que no queden rastros de los que gobernaban antes, para que no haya personas que puedan mantener o transmitir el «virus» del pensamiento y el accionar diferente, y la selección se realiza despidiendo a los trabajadores, desmantelando los lugares de memoria, deteniendo a líderes reconocidos o aplicando la represión en manifestaciones. Las Madres y la Abuelas maltratadas, amenazadas, insultadas.

No hay límite a la Ley del Talión que instauró este gobierno y que se basa en la misma ideología que implantó la dictadura en todo el país. Había que ser: “occidental y cristiano” y ellos eran el ejemplo de “ser derechos y humanos”. Ese fue el camino que llevó el país a la barbarie, a la ideología del pensamiento y de la acción única, donde no se permite la diferencia y donde los principios de todos los hombres del mundo de acuerdo a la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, a la que la Argentina adhiere, y de la “Constitución Argentina”, están abolidos. Eso se llama «dictadura» aunque sea un gobierno legítimamente elegido por las urnas y disfrazado de simpático y bueno. No se puede hablar de «democracia” cuando un gobierno reprime, balea, no respeta la libertad de opinión, de expresión, la no discriminación en el trabajo y en la vida pública por las opiniones. Donde las creencias o la acción privada o personal, la lucha contra quienes se considera, de manera indiscriminada, que tienen un pensamiento diferente; con esto, no se puede hablar de un estado democrático.

Una política que ponga en duda o banalice los crímenes contra la humanidad y trate de cambiar, mejorar o abolir la situación de los genocidas, desmantele los lugares de memoria, ponga en duda el patrimonio histórico argentino sobre los Derechos humanos. 

Esto no puede ser motivo de cambios, ni de falta de reconocimiento de quienes han escrito con sus luchas, con sus pérdidas, con sus sangres lo que está construido y que no es ni de izquierdas, ni de derechas, no es propiedad de ninguna ideología, es de todos los argentinos. Quien acepta dichos hechos se transforman en cómplices de los mismos.

Sobre todo con el apoyo y las felicitaciones de los EEUU, con el presidente a su cabeza, país ejemplo mayor de la barbarie y de la intervención en el mundo y de la desestabilización de toda América Latina.

Nosotros mantenemos el compromiso que nos impone nuestra historia con la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia desde el exilio francés y denunciaremos en todas las instancias, medios, actos y actividades las políticas de Derechos Humanos que no son o sean respetadas en Argentina.

Dirección del Colectivo Argentino por la Memoria

Francia, 24 de marzo de 2016

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