¿Dónde jugarán los niños?

Por Marcelo Alejandro Cabero del Foro provincial de Hábitat Digno. Lo primero que se le viene a la cabeza a muchos de los que crecimos en los 90 es el exitoso álbum musical del grupo mexicano Maná. Pero hoy quiero hablarles de algo diferente.

En los barrios populares, cuando hablamos de hábitat digno, también hablamos de espacios de recreación y juegos seguros para nuestros niños y niñas. ¿Contamos con esos espacios en nuestros barrios? Y no hablo solamente de los barrios populares, sino también de los barrios consolidados.

Las organizaciones sociales ocupaban un lugar importante brindando contención, juegos y recreación, especialmente en los barrios donde más se necesitaba el trabajo sociocomunitario.

Pero con la baja del Salario Social Complementario, al que muchas veces se llama de manera despectiva «plan social», se fue perdiendo gran parte de ese trabajo comunitario que se sostenía en los territorios.

Y donde esos espacios de contención desaparecen, los niños y niñas quedan más expuestos a distintas situaciones de vulnerabilidad, entre ellas el avance de las narcoestructuras, que buscan captar cada vez a personas más jóvenes.

Se planificó la destrucción del tejido social

No podemos negar que existe un proyecto de ajuste que profundiza la pobreza y la desigualdad. Y una de sus consecuencias más graves es el debilitamiento del tejido social, porque cuando se pierden los espacios de encuentro y las redes solidarias, también se hace más difícil organizarse y resistir estas políticas.

Lo que se propone, a todas luces, es una especie de darwinismo social: la supervivencia del más apto o de quien mejor logra adaptarse. Y adaptarse, en esta lógica, significa trabajar mucho y ganar poco, mientras los sectores más concentrados se benefician de una transferencia de recursos desde los sectores más pobres hacia los más ricos.

¿Y cómo se logra esto? Entre otras cosas, con el aumento constante del costo de vida y de los servicios públicos, que golpea con más fuerza a quienes menos tienen.

¿Cómo se resiste al darwinismo social?

Tenemos muchos ejemplos que son dignos de admiración. Uno de ellos es la Biblioteca Popular Niños Pájaros, que hace unos días cumplió 26 años. Lo que empezó como una pequeña biblioteca en una esquina del Barrio Alto Comedero terminó transformándose en un espacio de contención para el barrio.

De a poco fueron surgiendo talleres que continúan hasta la actualidad y también unidades productivas. Es un ejemplo de organización colectiva que sigue resistiendo y construyendo comunidad.

Otro ejemplo es el de Don Cevallos, en el Barrio Campo Verde, que comenzó con la idea de reciclar y después avanzó en la creación de escuelitas deportivas para contener a los niños y niñas de su barrio y de los alrededores.

Como ellos, existen muchos grupos que siguen trabajando, muchas veces con pocos recursos y mucho esfuerzo, para sostener espacios de encuentro y acompañamiento. Quizás no siempre sean reconocidos, pero con su trabajo cotidiano también son constructores del hábitat digno.

No todo está perdido mientras estos tejedores del tejido social continúen construyendo redes solidarias y enfrentando el darwinismo social que nos quieren imponer desde arriba.

Porque mientras existan quienes sigan organizándose y trabajando por sus barrios, habrá una esperanza. Y mientras los niños sigan jugando, habrá motivos para seguir resistiendo.

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