Las intensas precipitaciones y desastres asociados al fenómeno climático de El Niño azotan con dureza a Ecuador, dejando a su paso estragos generalizados tanto en el territorio continental como en las emblemáticas Islas Galápagos, donde la emergencia obligó a la restricción de sitios turísticos y al despliegue urgente de asistencia humanitaria.
Las fuertes lluvias comenzaron a precipitarse sobre el archipiélago a finales de octubre, afectando severamente a la isla Santa Cruz, la más poblada de la región, y dejando a unas 2.000 personas damnificadas. Las inundaciones anegaron calles, dañaron viviendas y motivaron la evacuación temporal de numerosas familias. Al menos dos personas murieron, otras dos permanecen desaparecidas y decenas tuvieron que ser alojadas en un recinto deportivo local.
Ante la magnitud de la crisis en este ecosistema frágil y estratégico, el Gobierno ecuatoriano intensificó la respuesta logística a través de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) y la Armada. Se despacharon vuelos consecutivos con toneladas de suministros esenciales, que incluyen kits de primera respuesta, alimentos, agua potable, colchones, bienes para dormir y medicamentos.
El Ministerio de Ambiente y Energía dispuso el cierre temporal y el acceso restringido a nueve playas y atractivos naturales en las islas Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela para salvaguardar la seguridad de los visitantes y proteger el entorno. Las autoridades ambientales confirmaron que, hasta el momento, no se registraron afectaciones fatales sobre la fauna local, como tortugas gigantes o aves silvestres.

El impacto en el continente
El fenómeno de El Niño, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, alteró drásticamente los patrones meteorológicos del país sudamericano.
El balance preliminar a nivel nacional da cuenta de nueve fallecidos y aproximadamente 46.000 damnificados, con daños severos reportados en gran parte de las provincias.
Además del archipiélago, el temporal provocó inundaciones de gran magnitud en territorio continental, golpeando con fuerza áreas urbanas clave como la ciudad portuaria de Guayaquil, donde el desborde pluvial complicó la movilidad y la actividad económica.
Las autoridades nacionales mantienen los protocolos de emergencia activos para mitigar los riesgos ante un ciclo climático que continúa desafiando la infraestructura y los planes de contingencia en todo el país.
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