El ataque a la cuarentena es al único tratamiento posible en pandemia

Por Jorge Rachid. Si observamos el tenor de los supuestos fundamentos, alrededor de los cuales se intenta construir, en el imaginario común, un rechazo o supuesto “cansancio” con la Cuarentena.

Lo que gira en esa ofensiva, es una operación política de la oposición no territorial, que intenta esmerilar el poder político acumulado por el Gobierno Nacional y Popular, a partir de decidir salvar la vida de miles de argentinos, como opción prioritaria de su política, desplegando las medidas económico-sociales, que permitan mantener un mínimo de calidad de vida al pueblo, en medio de la lucha.

Esta posición, de cuidarnos, se asienta en un panel de expertos y una Sala de Situación activa, de la evolución de la expansión de la Pandemia a nivel mundial, regional y local, que, en forma horaria, informa al presidente, que en función de esa síntesis completa el panorama, que lleva a las decisiones políticas.

Comenzar la cuarentena cuando el nivel de contagio era mínimo, permitió al gobierno asumir el liderazgo que le demostró al pueblo, el sentir un Estado presente en defensa de su salud, respaldado en criterios científicos y apelando a reconstruir la solidaridad social activa, arrasada en cuatro años de neoliberalismo.

Dicho esto, y reafirmando el concepto que la Cuarentena, es el único remedio posible de enfrentar el coronavirus, en su etapa actual de expansión. El supuesto cansancio que los medios dicen, que expresa “la gente”, es como dejar la quimioterapia oncológica, por los efectos secundarios, sin dudas difíciles de sobrellevar, pero necesarias para enfrentar el cáncer.

Pero como en cualquier enfermedad, cuando la persona no la sufre, siempre cree que no le llegará, que ese evento siempre es ajeno a uno. Ese pensamiento, emparentado con el tema de la finitud biológica, que el ser humano conoce como certeza, pero no piensa en ello diariamente, hasta que la enfermedad lo alcanza, explica en parte ese supuesto cansancio.

Algunos comunicadores, operadores de sistemas económicos financieros y de sectores opositores duros, han planteado una falsa contradicción entre economía y salud.

Nada más alejado de la realidad, ya que como dos círculos que se van mezclando como gametos, la prioridad de la salud, necesita economía que sostenga el nivel de vida del pueblo, pero no a costa de montañas de cadáveres, como observamos en países que han despreciado la vida, en función de la economía y han caído al mismo nivel o peores aún, que nuestro país que es hoy ejemplo en el mundo.

Esos mismos comunicadores, enfervorizados ante el avance político, que, en sólo 150 días, dio vuelta la historia dramática, del dolor social y del saqueo económico del paso colonial del neoliberalismo en nuestro país, están planteando ahora que estamos ante la Cuarentena más larga del mundo.

Las guerras duraron años, destruyeron ciudades, generaron genocidios y esos ciudadanos sólo pensaban en el pan del día, no en el déficit fiscal, la inflación o el riesgo país.

Nosotros estamos combatiendo una Pandemia, que tiene como objetivo lograr mantener los niveles prestacionales sanitarios, sin que estos colapsen, como sucedió en EEUU, donde el 30% de los fallecidos, no recibieron atención médica a tiempo, por falta de respiradores.

Los médicos no estamos para practicar la eutanasia normativa, que se aplica en Europa, en donde deben elegir, quien vive y quien muere, estamos para intentar apuntalar las personas que se van complicando, en el transcurso de la enfermedad y no para descartarlos por edad o patología previa, eso es cruel, inhumano y brutal.

Es inaceptable que esto suceda en el país de los Carrillo, Ferrara, Alvarado, Chichinisky, Testa entre otros tantos sanitaristas que apuntalaron el cuidado de la salud, por sobre el tratamiento de la enfermedad, paradigma neoliberal de la cronificación de las enfermedades, en su visión voraz de lucro.

Entonces compatriotas, ningún ser humano en su racionalidad atentaría contra su salud, ni aún por motivos políticos, ni menos en un intercambio de la salud por la economía. Suicidarse no es una vitalidad de los pueblos, a menos que sean llevados a su propio holocausto, como quienes declaran las guerras sin importar las víctimas, que siempre son otros.

Los pueblos avanzan y se desarrollan en sus objetivos comunes, con solidaridad social activa, en un marco de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, desplegada en la Patria Grande Latinoamericana.

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