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El virus mata, la corrupción también

Por el Movimiento por la Dignidad Jujeña Al comienzo de la pandemia, Morales, la caracterizo desde el autoritarismo en lo semántico y en la ejecución. Enemigo-Batalla- Estrategia-Bandos-Bajas- pasaron a ser parte de la cotidianeidad de los jujeños.

El escenario marcaba en un sector o bando al virus, y al frente, la sociedad en su conjunto con un solo responsable que se imaginaba lleno de laureles. No hubo lugar para las instituciones; Asociaciones Médicas, Gremiales, Universidad, Médicos prestigiosos en la materia con trascendencia nacional, Fuerzas productivas ni oposición. La capacidad de respuesta se auto depositó en una sola persona que con el correr de los días comenzó a culpar, y a amonestar a todos los de este » bando», sin corregir ni asumir responsabilidades propias generadas por el autismo político. En este escenario los mediocres y obsecuentes aplaudían, Morales contento.

Con la expansión de la pandemia, comienzan a notarse las fallas y la improvisación que el discurso autoritario ya no puede ocultar. Se desborda la situación y se cae el relato exitista.

Aparece entonces lo que se temía y presentía: la corrupción, encarnada en la concesión de playas de distribución y testeos, a los socios del gobierno sin concurso o licitación alguna, de igual manera la compra millonaria de oxígeno e insumos que no responden a los estándares requeridos, como así también alquileres y subalquileres de hoteles sobrevaluados con el pretexto de la pandemia.

Mientras crecían los negocios y la presencia del virus, el desvío de fondos lejos de fortalecer nuestro sistema de salud, debilito la capacidad de respuesta del estado, mientras Morales amenazaba y perseguía, no a los que hacían negocio sino a los integrantes de nuestro sistema de salud. En consecuencia, este camino sin retorno de la soberbia y la falta de transparencia, pone cada día más indefensos a los de este «bando» frente al avance del virus.

Cada centavo desviado a los negocios multiplica el daño social producido por el virus, la corrupción mata.

Hoy, el sentimiento que predomina en la sociedad es el descreimiento y el desprecio hacia quienes, lejos de demostrar empatía con los que más sufren, consagraron la certeza de abandono en la que nos pusieron quienes debían protegernos.

Las bondades o virtudes de un gobierno no pasan a depender de la cantidad de recursos que dispone, sino de los valores que representa y proyecta a la sociedad. Frente a un gobierno deslegitimado, no debemos inmovilizarnos, nuestra rebeldía se debe traducir construyendo nuevos consensos que demuestren capacidad de articulación que nos devuelva la idea de un destino en común que Morales no nos pudo quitar.

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