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Incendian colectivos y balean una comisaría en Maranhao

colectivoCuatro colectivos fueron incendiados y una comisaría atacada a tiros en la capital del estado brasileño de Maranhao, hechos que las autoridades atribuyen a una represalia por las rigurosas medidas adoptadas días atrás ante la grave crisis carcelaria local.

 Los atentados comenzaron anoche cerca de las 22 (hora local) en el barrio Joao Paulo, donde unos cinco hombres interceptaron un colectivo, obligaron a los pasajeros a bajarse después de asaltarlos y lo incendiaron, de acuerdo con el portal G1 de la red Globo, citado por la agencia de noticias DPA.

 Otros tres episodios similares ocurrieron horas después en los barrios Vila Sarney, Ilhinha y Jardim América, y la comisaría del noveno Distrito Policial, en el barrio San Francisco, recibió al menos ocho impactos de bala.

 Según los medios locales, seis personas resultaron heridas en los ataques y tres de ellas están en estado grave, mientras un agente de la policía militarizada retirado murió por disparos de bala, aunque se desconoce si su muerte está relacionada con estos hechos de violencia.

 La Secretaría de Seguridad Pública sospecha que los atentados fueron ordenados por los presos como respuesta a una serie de medidas rigurosas adoptadas por las autoridades el 27 de diciembre, cuando la seguridad de los seis complejos carcelarios del estado pasó a manos de la policía militarizada.

 «Vamos a acelerar la investigación de quién ejecutó los ataques. La orden fue dada dentro del presidio, pero quien la ejecutó está suelto y lo vamos a localizar. Desde ayer intensificamos la presencia de la Policía en las calles», señaló a periodistas el secretario de Seguridad de Maranhao, Aluísio Mendes, según reportó la agencia de noticias EFE.

 Los ataques fueron perpetrados un día después de la muerte de dos presos dentro del complejo penitenciario Pedrinhas, el mayor de este estado, donde el año pasado se registró la mayoría de las 60 muertes de detenidos en Maranhao, tres de ellas por decapitación, según datos del Consejo Nacional de Justicia (CNJ).

 El mismo día de los dos últimos asesinatos, que fueron cometidos pese a la ocupación policial, un preso huyó por el portón principal de la cárcel en un momento de descuido de uno de los guardias, que fue despedido del cargo y está siendo investigado.

 La gobernadora de Maranhao, Roseana Sarney -hija del ex presidente brasileño José Sarney-, también manifestó su sospecha de que «las acciones de los bandidos son un intento de reacción a las medidas adoptadas para disciplinar, organizar y combatir la criminalidad en las unidades carcelarias de la capital» del estado, San Luis.

 En la última inspección sorpresiva realizada en Pedrinhas, que tiene capacidad para 1.700 presos pero alberga a 2.500, fueron confiscadas 300 armas de fabricación casera, droga, bebidas alcohólicas y celulares.

 Además de los asesinatos, en Pedrinhas también hay denuncias de que algunos presos son obligados bajo amenaza de muerte a «entregar» a sus esposas, hijas o hermanas a otros detenidos para ser violadas.

 Ante la gravedad de la situación, organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Procuraduría General de la República y el CNJ instaron a las autoridades a buscar mecanismos para resolver la situación.

 La crisis carcelaria en Maranhao «es emblemática y evidencia la incapacidad de ese estado para luchar con esta cuestión», resaltó hoy el sociólogo Renato Lima, miembro del Foro Brasileño de Seguridad Pública e investigador de la Fundación Getulio Vargas, quien propuso como «fundamental y urgente» reformular la política de seguridad pública en el país.

 El especialista sostuvo que una política eficiente en la materia requiere de la modernización de los penales, que deben contar con unidades de menores, capaces de garatizar la separación de los presos de acuerdo con el tipo de delito cometido, según reportó la agencia de noticias Brasil.

 «Seguridad pública no es solo derecho penal, por el cual hay más detenciones pero no se ofrecen condiciones mínimas de sobrevivencia y convivencia pacífica dentro de las cárceles», señaló y advirtió que el refuerzo policial no resolverá el problema y funcionará como «un apósito en una herida abierta».

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