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Jujuy marcó territorio en la Feria del Libro: Letras, música y danzas

Jujuy no fue a la Feria Internacional del Libro a ver qué pasaba; fue a imponer presencia. En la edición número 50 de este gigante cultural en Buenos Aires, el Salón José Hernández dejó de ser un espacio porteño para teñirse de puna, quebrada, valle y yungas. No hubo espacio para el relleno: la provincia plantó bandera con lo que mejor sabe hacer: contar historias y hacer sonar la tierra.

Literatura sin anestesia

El eje de la jornada no fue la formalidad, sino la palabra premiada. El VIII Certamen Literario Provincial mostró sus cartas credenciales con dos autores que no escriben para decorar estanterías. Pablo Ezequiel Durán puso el dedo en la llaga con su microrrelato «PYMES», mientras que Ezequiel Villarroel desplegó la densidad de su novela «El Pater». Ambos demostraron que la narrativa jujeña contemporánea tiene la madurez necesaria para bancarse el escaparate más grande del continente sin pedir permiso.

Música, danza y el cierre de una apuesta federal

Si la palabra puso el pensamiento, la música puso el cuerpo. La presencia de Tomás Lipán y Miguel Vilca no fue un número más; fue la identidad andina vibrando en plena ciudad de la furia, acompañados por las voces de Ángela Irene, Manuel Navarro y Raúl de María. El Ballet terminó de sellar una propuesta que, lejos de ser un acto administrativo del Ministerio de Cultura y Turismo, fue una declaración de principios: Jujuy tiene con qué alimentar la hoguera cultural de habla hispana, combinando el rigor del texto con la fuerza del movimiento.

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