Escribo estas líneas con la indignación de quien lleva más de 24 horas sin luz, impedido de trabajar, de producir y de cumplir con las tareas más básicas de la vida cotidiana. Como yo, miles de usuarios en San Salvador de Jujuy y en el interior de la provincia estamos viviendo este sábado una situación insostenible, atrapados en un apagón que parece no tener fin y, lo que es peor, no tener responsables.
Los cortes comenzaron en la madrugada del viernes pasado y se extienden pasado el mediodía de este sábado. La parálisis es total. Detrás de cada hora que pasa sin energía hay pérdidas económicas, alimentos que se echan a perder, casas sin agua por la falta de funcionamiento de las bombas y, fundamentalmente, un riesgo inadmisible para las personas electrodependientes que residen en nuestros barrios. No se trata de una simple molestia; es un avasallamiento a un servicio esencial para la vida.
La mirada de los ciudadanos apunta de manera unánime hacia la empresa distribuidora Ejesa. El mal servicio que presta la compañía no es una novedad, pero estos episodios masivos exponen la cruda realidad de una falta de inversión que se vuelve cada vez más evidente. Pagamos tarifas por un servicio que debería ser confiable y, a cambio, recibimos incertidumbre y desamparo.
Pero la responsabilidad no termina en la prestataria. La SuSePu existe para controlar, fiscalizar y defender a los usuarios, no para mirar hacia otro lado. La falta de control hacia la empresa prestadora en Jujuy es total, y esa inacción convierte al organismo regulador en cómplice del malestar ciudadano. Es hora de que se exijan explicaciones reales, inversiones concretas y penalizaciones severas. Los jujeños no podemos seguir pagando el costo de un sistema eléctrico que nos deja a oscuras y de rodillas.
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