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La intrincada marcha del PJ

Por Pedro Mónico Ascárate (militante peronista). Ponerse en marcha resulta favorable, en especial tras un período prolongado de parálisis. Sin embargo, antes de avanzar es preciso dilucidar los motivos del estancamiento previo y verificar el rumbo adoptado, puesto que frente a la posibilidad de una ruta errada conviene frenar y corregir la trayectoria.

Las intervenciones en el peronismo de Jujuy respondieron a diversos motivos. La resolución dictada por el Consejo Nacional del PJ buscó frenar la connivencia partidaria local con intereses de índole particular, una dinámica que tergiversó la doctrina justicialista e infligió un daño institucional persistente. No obstante, la gestión de la intervención derivó en un repliegue: las contradicciones e indecisiones profundizaron el escenario de confusión, provocando un estancamiento en lugar de ofrecer soluciones concretas.

Ese contexto, sumado a denuncias y maniobras opacas, desembocó en un nuevo proceso de supervisión impulsado esta vez por la Justicia Electoral Nacional. Las decisiones adoptadas en la última etapa por los interventores orgánicos —en particular el recurso a las purgas y las suspensiones de afiliación contempladas en la normativa interna— denotan una severa falta de pericia política para conducir y encauzar el conflicto interno mediante la metodología tradicional del movimiento.

En cuanto a las metas proyectadas para la reorganización del espacio, se percibe una réplica del precepto gatopardista de cambiar todo para mantener el statu quo, reanudando la disputa por el control de la estructura formal. La falta de un debate genuino se suple con demostraciones de fuerza y astucia, un comportamiento que remite a la advertencia formulada en su momento por Juan Domingo Perón sobre las conductas meramente especulativas.

Asimismo, las convocatorias a la concertación se reducen a un círculo de ocupantes de cargos públicos o aspirantes a retenerlos, desplazando a la militancia de base en favor de una dirigencia centrada en la distribución de puestos institucionales. Esta dinámica de acuerdos superficiales encuentra su límite en lo expuesto por el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, donde advierte sobre la degradación de la política al equipararse a una negociación de ventajas coyunturales a expensas de los principios éticos.

Para el peronismo, la unidad constituye un pilar estratégico; sus tropiezos electorales y políticos más severos coincidieron históricamente con el predominio del interés individual por sobre el proyecto colectivo. La consecución de una supuesta normalización burocrática, desligada de la reconstrucción de la legitimidad política, corre el riesgo de consolidarse como un engranaje funcional a esquemas de gobernabilidad de sesgo autoritario, alejando a la representación de las demandas efectivas de la sociedad.

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