La reforma de la Constitución de Jujuy: Un proyecto mínimo 

Por Arnaldo Lucio Plaza*. Es necesario tener un enfoque amplio sobre cualquier intención de efectuar o llevar adelante una reforma de la Constitución Provincial, o de algunos elementos de su texto normativo. Seguramente encontraremos diversas aristas para describir; pero bueno, analizando primeramente el proyecto presentado por el gobernador, el contador Gerardo Morales, no es la Reforma de la Constitución algo que necesite Jujuy.

Nosotros discrepamos con su posición sobre la urgencia de la reforma la Constitución. Entendemos que no es lo que perciben los ciudadanos o las mujeres de Jujuy. Nosotros creemos, analizando sus puntos, que así como está planteada, tiene algunos elementos que son interesantes, por decir novedosos, pero que realmente no tocan estructuras o situaciones de fondo.

Pero el eje de la cuestión en este momento transita en hacer una interpretación dentro del contexto de la situación política, y especialmente entender a quién beneficia o a quién le puede interesar. Y para qué.

En este momento tenemos que entender que el poder que tiene el gobernador Gerardo Morales, hoy por hoy, es muy importante. En consecuencia, no necesita una reforma de la Constitución de 1986 para poder hacer acciones positivas y protectivas de los Pueblos Indígenas.

Entendemos que está presente la intención de perpetuarse o ceñir a futuros gobiernos con lo que puedan o no hacer. Nos parece grave pretender desnaturalizar la protesta social o las manifestaciones populares, diciendo o pretendiendo que la ONU diga algo que jamás dijo.

Debemos, si se modifica la Constitución, formular modificaciones que realmente impacten en el día a día de la vida y respeten la idiosincrasia de nuestra comunidad. Entendemos que tiene algunas frases huecas de contenido que pretenden cautivar a la comunidad con espejismos irrealizables.

Párrafo aparte es pretender apuntalar un relato de “apertura” a las fuerzas populares, cuando la reforma es totalmente inconsulta. Las fuerzas actuantes en la Legislatura no son el arco político integral, son una representación acotada por el piso electoral, que realmente vulnera la conciencia de los ciudadanos.

Si realmente esto estuviera hecho para beneficiar a la sociedad en su conjunto, debería primero lanzarse un referéndum popular; una votación que no fuese el acuerdo limitado y de los pasillos de la Legislatura.

La reforma, como proyecto, nace mal. Está herida de muerte si es sólo el relato difundido entre los adeptos o socios parlamentarios. No se vislumbra algo que movilice a las zonas rurales, que impregne de nuevas herramientas al comercio o por lo menos permita tener políticas públicas al comercio informal. Es, en definitiva, una reforma sin el contenido social necesario. No se respeta a las minorías ni a las fuerzas opositoras. Es un canto de sirenas acotado que seguramente no movilizará a la comunidad, que no se siente ni atraída ni mucho menos entusiasta con sus resultados.

La reciente pandemia de Covid-19 ha demostrado lo finos y débiles que son los derechos humanos aplicados en Jujuy. Una administración de justicia inexistente tampoco es el último resguardo en la interpretación de las normas constitucionales. Entonces, difícilmente podría un texto mínimo como se pretende, ser el resguardo de una paz social que sólo se apoya en la posibilidad del uso de la fuerza, hoy pretendiendo ejecuciones sumarias de las contravenciones.

La juventud necesita nuevas herramientas que aseguren el acceso a la educación y al empleo, a la formación para el trabajo, y no un obstáculo laboral en la exigencia de un secundario, cuando el mismo mercado laboral tiene una enorme brecha para los nuevos analfabetos digitales.

La mujer, entiendo, es la gran ausente de esta propuesta, no se encuentra ni siquiera como un apéndice masculino. La invisibilización no es inocente.

Es simplemente un mal último intento de trascender de parte de un conductor decadente, que sueña a lo grande pero quiere por lo menos asegurar  un status quo, en el caso de perder las próximas y sucesivas elecciones. Es, como diría algún literato, la demostración del “ocaso del patriarca”.

* Abogado. Militante de Derechos Humanos

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