La vacunación en Argentina cayó por debajo de los niveles mínimos recomendados

Un informe reciente del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), elaborado en alianza con el laboratorio MSD, revela un panorama crítico para la salud pública: las coberturas del Calendario Nacional de Vacunación no alcanzan los niveles necesarios para garantizar la inmunidad colectiva.

Esta tendencia a la baja aumenta el riesgo de reaparición de enfermedades que ya estaban controladas. El umbral del 95% de cobertura, necesario para la protección comunitaria, se encuentra hoy vulnerado en todas las etapas de la vida, afectando a niños, adolescentes y adultos.

Cifras críticas en la infancia y adolescencia

Los datos más alarmantes se concentran en los refuerzos de la segunda infancia. Entre 2022 y 2024, aproximadamente 1,7 millones de niños y niñas no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad.

  • Triple viral (sarampión, rubéola y paperas): La cobertura en niños de 5 años apenas llegó al 46,7%, una caída estrepitosa frente al 90% que se registraba hace menos de una década.
  • Poliomielitis: El alcance en el mismo grupo descendió al 47,6%.
  • VPH (Virus del Papiloma Humano): En la adolescencia, la protección clave para prevenir distintos tipos de cáncer llegó solo al 55,5% en mujeres y al 50,9% en varones.

El desafío en la población adulta

La problemática no es exclusiva de los menores. En los adultos y mayores de 65 años, la falta de una «cultura de vacunación» y la falta de cobertura en el sistema de salud atentan contra la inmunización.

José Palmeiro, director médico de MSD Argentina, señala que, a diferencia de la pediatría, en la adultez la responsabilidad de recomendar vacunas suele diluirse entre distintos especialistas.

Además, una gran parte de la población adulta no se percibe como grupo de riesgo, incluso ante enfermedades crónicas.

Barreras de acceso y desinformación

A pesar de que Argentina mantiene un índice de confianza en las vacunas del 86% (según la Fundación Bunge y Born), existen factores estructurales que frenan el proceso:

Entre las dificultades que podrían denominarse logísticas, están los horarios restringidos en centros de salud, las distancias a los vacunatorios y trabas para ausentarse del trabajo.

A esto se debe sumar una problemática clave relacionada con la ausencia de políticas públicas por parte del gobierno nacional, que se retiró de su responsabilidad de proveer de dosis en cantidad suficiente para cubrir la demanda y las necesidades. «Cuando faltan dosis, la protección queda incompleta», advierte Palmeiro.

Por otro lado, la circulación de datos falsos en redes sociales, que afecta especialmente a jóvenes de entre 15 y 25 años, contribuye a la desinformación respecto de la importancia de acceder a la inmunización.

Especialistas indican además que el propio éxito histórico de las vacunas hizo que la reducción de ciertas enfermedades -y la erradicación de otras- llevara a subestimar su amenaza real porque se produce una falsa sensación de seguridad.

El impacto de completar los esquemas

A nivel global, la vacunación salva entre 3,5 y 5 millones de vidas cada año. El impacto histórico es innegable: la erradicación de la viruela y la reducción del 99% en los casos de poliomielitis son pruebas de su eficacia.

«Hoy el principal problema no es comenzar la vacunación, sino sostenerla en el tiempo y completar los esquemas. Cuando faltan dosis, la protección queda incompleta», advierte Palmeiro.

Los especialistas subrayan la urgencia de promover estrategias territoriales más activas para que la inmunización vuelva a ser una prioridad en todas las edades.

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