Molares murió en el Hospital Ramos Mejía. Foto: Télam

Muerte en el Obelisco: Represión a una manifestación pacífica que ni siquiera cortaba el tránsito

Por Adriana Meyer, en Acción. Las mujeres detenidas con la cara aplastada contra las baldosas que rodean el Obelisco porteño gritaban a los policías de la Ciudad «me estás ahogando». Susi Maresca filmaba mientras les pedía que dijeran sus nombres. En ese momento se dio cuenta de que Facundo no respondía. Entonces empezó a gritar ella a los uniformados: «Está morado, dalo vuelta». Ya era tarde. Habían empezado a detener y reducir a las mujeres en el piso, él habría intercedido y terminó también en el suelo.

«Cuando finaliza la asamblea llega la Policía, la gente se pone muy nerviosa, no había pasado nada pero empiezan a golpear a mujeres y a llevarse detenidos, entre ellos a Facundo Molares. Lo tiran al piso, doy toda la vuelta porque había un cordón policial, tardaron un rato hasta que lo dieron vuelta, para mí ya había fallecido porque tenía los ojos hacia afuera, pasaron diez minutos y nadie sabía hacerle asistencia de auxilio, la ambulancia tardó casi media hora, Facundo no me había podido responder porque lo estaban asfixiando, así fueron los hechos», describió Maresca.

En diálogo con Acción, uno de los abogados de Molares afirmó que ya lo tenían identificado por su pasado en Colombia y en Bolivia. En tanto, al cierre de esta edición, la Fiscalía anunció que no permitirá la participación de ellos en la autopsia. Según el reporte del SAME, las causas del deceso se relacionan con un «paro cardíaco».

La causa judicial por «averiguación de causales de muerte» quedó en manos de Marcela Sánchez, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 30. Tras la confirmación de la muerte, Sánchez ordenó el traslado del cuerpo de Molares a la morgue judicial para la autopsia y solicitó identificar a todos los efectivos de la Policía de la Ciudad que participaron del operativo. Además, corrió a esa fuerza de la investigación y dio intervención a la Policía Federal. También solicitó el secuestro de las cámaras de seguridad de la zona, junto con la recopilación de los videos que circulan por redes sociales.

Desde la Policía de la Ciudad dejaron trascender que el MTR Votamos Luchar y Rebelión Popular habían querido «prender fuego una urna» y se intentó evitar la situación mediante la represión y las detenciones. Sin embargo, Delia, una compañera de Molares, aseguró que antes de iniciar el acto hablaron con el jefe de calle de la fuerza y le anticiparon que no cortarían la avenida Corrientes ni tampoco prenderían fuego porque planeaban hacer «una asamblea con micrófono abierto».

Las organizaciones, que se expresaban contra las elecciones del domingo, habían llegado cerca de las 14 y se estaban retirando cuando la Infantería de la Policía de la Ciudad avanzó sobre Molares y también detuvo a Jimena Cejas, Lucía Machado, Alicia Machado, Horacio Ferreyra, Rubén Yaquet y Hernán Loyola. A medianoche el grupo recuperó su libertad.

Tania, del MTR Votamos luchar, dijo que «al compañero grande gordito lo tiraron al piso y le pusieron la rodilla en el cuello, otro policía hizo lo mismo, pero sobre la cabeza, y un tercero sobre su cuerpo; al rato vimos que lo estaban tratando de reanimar».

Ella explicó que habían acudido al Obelisco para hacer una manifestación pacífica «por los derechos de todos, porque no estamos de acuerdo con las elecciones, ya nos estábamos retirando cuando vinieron los policías a atacarnos, golpearon a las mujeres y un señor saltó a decirles que no las toquen, agarraron, lo pisaron y lo mataron, venimos a reclamar por trabajo digno y nos matan como animales».

Historia de un militante

«Asesinaron a un compañero, un amigo, un hermano, un camarada. Fue un luchador que a sus veinte años luego de haber pasado por la Juventud Comunista, la “Fede”, entendió que la lucha era internacionalista, era solidario y se fue a luchar a Colombia. Estuvo más de 15 años en ese infierno de guerra colombiana, las pasó todas y sobrevivió», dijo a Acción Eduardo Soares, uno de sus abogados.

Con el proceso de paz entregó su arma y su uniforme, había llegado a ser el comandante «Camilo el argentino», y cuando volvió a Argentina retomó su oficio de fotorreportero. En ese carácter se fue a cubrir el golpe de Jeanine Añez en Bolivia. En uno de los peores enfrentamientos recibió tres balazos, estuvo al borde de la muerte, se debilitó su corazón. Aun así estuvo casi dos años detenido en condiciones indescriptibles. Merced a la solidaridad internacional pudo volver a la Argentina y se integró con viejos compañeros comunistas en la agrupación Rebelión Popular.

«No se la perdonaron, la fiscalía y juzgados colombianos ordenaron su detención con fines de extradición. La Cancillería sin revisar la documentación le dio curso, lo siguieron hasta Trevelin, donde vive su papá. Fue internado en la Unidad 6 de Rawson, y luego trasladado a Ezeiza. María Laura Garrigós de Rébori no actuó como garantista, fue un muro, y Aníbal Fernández declaró que iban a colaborar con Colombia», recordó Soares.

«Fuimos a un juicio muy duro, en una celda meada y cagada sin ventilación –no exagero– tuvimos que defenderlo. Así y todo, con Gustavo Franquet les dimos una paliza, con la ayuda de los colegas colombianos. Intervino la Jurisdicción Especial de la Paz (JEP) y pudimos ponerlo en libertad. Debilitado, siguió siempre alegre, él nos daba ánimos». Para Soares, la historia clínica de Facundo la tenían todos los servicios de inteligencia, y «lo fueron a buscar, se ve en los videos cómo lo detuvieron, apenas con sujetarle la cara contra el piso era una muerte segura, y es lo que pasó. Así se nos fue».

Por su parte, Alejandrina Barry, legisladora del PTS-FITU y miembro de la comisión de Violencia Institucional de la Legislatura dijo anoche en el Obelisco, donde se montó una vigilia hasta la marcha de hoy, convocada por un amplio arco de sectores: «El discurso de mano dura, de terminar con los piquetes termina así, con el asesinato brutal de un militante popular, por eso exigimos justicia por Facundo, lo conocíamos, las imágenes muestran un hecho aberrante, que no vengan con que tenía problemas de salud. La estigmatización del enemigo en las manifestaciones de quienes reclaman comida la conocemos quienes somos hijos de desaparecidos, eso hacían con nuestros padres, es para avanzar luego con una represión brutal contra los que menos tienen, tenemos que impedirlo. La política de la Policía de la Ciudad y toda la campaña electoral de Larreta fue una reivindicación de la violencia estatal con el pueblo de Jujuy, acá con la vida de Facundo vemos las consecuencias».

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