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Nada, no queda nada: El apagón de los medios públicos

Por Ángeles Alemandi, en Latfem. Con la paralización de Télam, el vaciamiento de la Radio Nacional, la TV Pública y los canales educativos, hay un mundo que rompió su comunicación cotidiana.

Para Vuelta del Río: mañana jueves habrá atención médica en el puesto sanitario a las 10. Firma el Hospital Sub Zonal El Maitén.
Para Costa del Montoso: a César, su esposa Irma le comunica que hoy tiene capacitación a las 19.
Para El Platero: Ángel y Mariano, su padre irá alrededor de las 3.
Para Costa del Ñorquinco: a Coco Yañez de su hermana Lili. Luego pasará Cristian a pasarle la nafta.
Por este medio, personal docente de la Escuela 99 de Costa del Lepa le agradece a la policía de Gualjaina por asistir en situaciones de emergencia.
Para Mina de Indio: Mica, que se comunique con su mamá.
Para Rincón del Aceite: a Secundino, María le informa que mañana irá si las condiciones del clima lo permiten.
Para Sierras de Gualjaina: a Carlos, que trate de estar en su casa, que el camión del Pami va para allá. Firma su hija.
Antonia le comunica a su papá que hoy o mañana le llevarán la leña de la comuna.
Para Colan Conhué, es imposible viajar por el estado de los caminos. Firma Raúl, a sus hermanos.

Son las 4 de la tarde del primer miércoles de julio. Locutores de Radio Nacional (RN) Esquel, Chubut, leen los mensajes al poblador rural. Sus voces se internan en la estepa, recorren las laderas de la cordillera, atraviesan caminos hoy intransitables por la nieve, se extienden 300 kilómetros, ingresan a parajes lejanos, a casas que esperan noticias que definen la cotidianeidad de sus días. Sí, es 2024.

–Es la única forma de comunicación para muchos pueblos de la zona. No hay luz eléctrica, no hay señal de teléfono, no hay internet –dice Rubén Fernández, periodista que lleva 35 años trabajando en LRA 09 Esquel– Si no es la radio, es nada.

Nada.
Nada.
Nada.

Un vacío que no es silencio sino pura bulla.

Hoy, como consecuencia de las medidas de ajuste, ninguna de las 49 emisoras de Radio Nacional que operan desde La Quiaca hasta Ushuaia tiene nombrado un director. Y ninguna tiene programación propia los fines de semana ni los días feriados porque se dejaron de pagar las horas extras. Ahora, sábados y domingos en Santa Cruz, Catamarca, Santiago del Estero o en cualquiera de nuestras provincias, lo que suena es la transmisión de la emisora porteña.

Quizá en las regiones más conectadas del país los oyentes puedan optar por cambiar de dial y pasarse a una FM local. En otros lugares de Argentina lo que queda es, de nuevo: nada. El feriado del 20 de junio, por ejemplo, un temporal de nieve azotó el sur y las radios nacionales estaban cerradas. No informaron los estados de las rutas, las zonas afectadas, los sectores donde se estaban impulsando operativos de emergencia. Ese jueves, día de la Bandera, Rubén Fernández subió a su cuenta de la red X un video desde las calles blancas de su ciudad. Escribió: “Así está Esquel ahora, nevadas desde las madrugada y mucho viento que rota y hace desapacible el feriado. Rutas complicadas y @nacionalesquel (único medio de comunicación para muchos) sin salir al aire por decisiones que toman a 2mil kms desconociendo nuestra realidad”. Otros comunicadores de la Patagonia también se manifestaron durante esa jornada y, como excepción, obtuvieron una autorización de la dirección ejecutiva de RN para volver al aire por tres horas durante aquel fin de semana largo.

Era una crónica anunciada.

El primer día de febrero de este año se conoció, a través del DNU 111/2024, que el Gobierno nacional establecía la intervención de todos los medios públicos: Radio y Televisión Argentina –integrada por LS82 Canal 7, LRA Radio Nacional y Radiodifusión Argentina al Exterior (RAE)– así como de Télam y Contenidos Públicos –que incluye TV Pública, Encuentro, Pakapaka, DeporTV y la plataforma Contar–. Luego, la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos fue por todo: la privatización de los medios públicos; pero después de las idas y vueltas en las Cámaras del Congreso de la Nación, este punto fue dejado de lado. Fue un respiro en lo que sigue siendo una agonía.

–El ataque de este Gobierno a las radios nacionales como a los demás medios públicos no tiene descanso. Profundizan el vaciamiento cada día –dice Micaela Polak, delegada del Sindicato de Prensa de Buenos Aires.

Y lo dice porque este lunes 8 de julio pasó algo más: todas las emisoras modificaron el comienzo de sus mañanas, obligadas de 7 a 10 a retransmitir el programa Ramos Generales, producido por LRA 01 Buenos Aires y recién después de esa hora pueden compartir el contenido propio con las noticias relevantes de cada lugar.

Este mes la radio pública cumplió 87 años. Nadie está de fiesta.

–Vivimos en incertidumbre –dice Juan Ignacio De Pian desde La Pampa.

Hace 10 años que trabaja en LRA 03 Santa Rosa. Actual delegado del sindicato de la radio, De Pian cuenta que ya desde la campaña de Javier Milei, él y sus compañeros se sintieron amenazados al escuchar que el candidato incluía el “¡Afuera!” al referirse a los medios públicos argentinos. Desde el inicio de la gestión de La Libertad Avanza cientos de contratos no se renovaron y los empleados no saben si un día llegarán a las puertas de la radio y alguien no los dejará ingresar o si de un momento a otro tendrán entre sus manos un telegrama de despido. De Pian dice que los trabajadores pampeanos sostienen la programación en soledad, sin una línea editorial. Y que el aporte a nivel cultural de Radio Nacional era invaluable: se gestionaba colectivamente el espacio Artística Federal, se impulsó el Ranking Argentino de Canciones para dar visibilidad a todos los músicos del país. También comenta que en la emisora de Santa Rosa la producción de contenidos propios se extendía desde las 8 a las 21, todos los días, a veces incluso hasta las 24. Contenidos que, en estos meses, se redujeron a la mitad.

Con el ajuste a RN también se dieron de baja los convenios de emisión: a través de éstos, personas o vecinos interesados podían presentar una propuesta y tenían su espacio ad-honorem.

Raíces del Volga comenzó a salir por Radio Nacional Santa Rosa en 2001 y estuvo al aire en forma ininterrumpida hasta fines del año pasado, cuenta Tania Rasch de la Asociación de Descendientes de Alemanes en La Pampa. La intención de la propuesta siempre fue compartir vivencias de la migración, recetas típicas y la música de aquella tierra, algo que al comienzo parecía limitado pero a medida que el tiempo pasaba y la audiencia crecía, se multiplicaba.

-Queríamos rescatar las historias de nuestros abuelos, los alemanes del Volga, que no se pierda su cultura, porque nosotros somos la bisagra –dice ahora Andrés Ernst, una de las voces emblemáticas del programa.

Este año esos micrófonos tampoco volvieron a encenderse: no se renovó el convenio de emisión.
Nada.
Nada.

El libro Vocabulario crítico de las Ciencias de la Comunicación publicado por editorial Taurus reúne entradas de diferentes autores que buscan pensar el vínculo entre la sociedad y los medios. El investigador de Conicet Alejandro Linares fue el responsable de definir a los medios públicos. Escribió que se llama así a “las empresas públicas que brindan servicios audiovisuales y de radio a través de distintas tecnologías y plataformas en condiciones igualitarias para toda la ciudadanía, con la función social como prioridad para contribuir con la libertad de expresión. Esta noción indica una actividad sin fin de lucro que, generalmente bajo alguna forma de propiedad estatal, ofrece pluralismo y diversidad, garantiza equilibrio editorial y genera canales de auditoría y participación social”.

Libertad de expresión, pluralismo, diversidad. Juan Manuel Laprovitta sabe de lo que habla esa definición. Es periodista. Trabajó durante once años en la corresponsalía de Télam en Corrientes, un espacio que ya no existe más. Toda Télam ya no existe más: el lunes 1 de julio se oficializó la transformación de la agencia de noticias estatal en una Agencia de Publicidad y Propaganda del Estado. Télam había sido fundada en 1945, atravesó diferentes gobiernos, se mantuvo en pie aún en dictadura, pero no sobrevivió a las medidas del presidente actual.

–Se ha deforestado informativamente a la Argentina –dice Laprovitta.

Reivindica el periodismo profesional y de calidad que se hacía en Télam, donde las notas que él enviaba pasaban por un doble filtro de edición antes de ponerse al aire, y marca sobre todo la mirada federal de la agencia, porque desde Corrientes él podía sentir que estaba informado de todo lo que acontecía en las demás provincias y a la vez las noticias de su provincia lograban llegar a mayores audiencias y tenían relevancia temas que sólo alguien que narra desde dentro de su territorio puede reconocer. Por ejemplo, hablar de una palmera.

Podría decir que, entre tantas notas que escribió para Télam, de la que más orgulloso se siente es de aquella acerca de la palmera de Bonpland que sólo crece en un lugar en el mundo: las lomas arenosas de Corrientes. Juan Manuel Laprovitta tenía claro que para su provincia aquella zona no representaba mucho, pero dice que en algún momento el Iberá también sólo fue considerado un pantano. Lo nota sobre esa palmera, en un lugar que había sido declarado de interés cultural y puede tener destino de parque, terminaba siendo la llave para una oportunidad de crecimiento local amigable con el ambiente, produciendo impacto positivo en la economía de comunidades que no suelen ser aquellas a las que el mercado de la comunicación le presta atención, salvo que haya un crimen. La crónica ya no se encuentra en el portal de Télam porque la web fue deshabilitada, pero aún puede leerse en otros medios que confiaban y valoraban los contenidos de la agencia y replicaban sus notas.

Arrasar para que no quede nada.
Nada.
Nada.

Alejandra Iriarte, directora de Protección de Derechos de la Defensoría del Público, dijo a LatFem que desde comienzo de este año, cuando todavía estaba en gestión la defensora Mirian Lewis, presentaron varios informes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Relatoría de Libertad de Expresión de Naciones Unidas, manifestando la preocupación por la situación actual del periodismo en Argentina y el apagón a los medios públicos. Dice Iriarte que en las audiencias que realizan no dejan de recibir reclamos de periodistas  y de los mismos usuarios. En la última, realizada en mayo, referentes de la comunicación, dijeron:

–Lo que se está haciendo con los medios públicos desde el poder es sanguinario es cruel –Paula Moreno, periodista y presidenta del Foro de Periodismo Argentino.

–La posibilidad de la desaparición de medios públicos como Pakapaka, Canal Encuentro, es un grave retroceso a la plena vigencia de los derechos de los niños, niñas y adolescentes de la República Argentina –José Eduardo Machain, del Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia.

–Lo que está sucediendo con los medios públicos es algo que nos preocupa muchísimo desde la federación, sobre todo porque los medios públicos constituyen hoy una de estas posibilidades de garantizar, sobre todo, el derecho a la información –Ana Müller, de la Mesa de Comunicación Popular de Salta y Jujuy

–Los comunicadores de pueblos indígenas buscamos que nuestras voces estén en todos los medios públicos, en los medios de redes sociales y radios nacionales, pero con todos estos despidos masivos que se viene haciendo en el Estado vemos que nos están recortando nuestros derechos y que la situación para nosotros es el silenciamiento –Juan Burba, radio Tierra Campesina, Jocolí, Mendoza.

En una entrevista que dio para elDiarioAr el mes pasado, el abogado Pedro Vaca que trabaja en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2020, dijo: “Llevo tres años y medio como relator de Libertad de Expresión viendo los 35 Estados que monitorea la CIDH y no había recibido tantos reportes como desde diciembre del año pasado con respecto a Argentina. Esto hay que ponerlo en perspectiva: la sociedad argentina ha sufrido en el pasado, no tan lejano, la dureza de la represión y del silenciamiento. Si uno ve a la Argentina en perspectiva regional, históricamente muestra tener un debate público vigoroso y desinhibido. Es un lugar donde las personas hablan duro desde distintas orillas del acontecer. Ahora hay un sacudón de los cimientos que soportaban a ese debate público”.

Un sacudón, dice.

El Submarino es un diario digital de Jujuy que lleva diez años on line, dirigido por la periodista Gabriela Tijman y que también sufre la ausencia de Télam. Como medio autogestionado, contar con los servicios de la agencia de noticias del Estado era clave. El Submarino tenía un acuerdo de intercambio con Télam y eso le daba acceso a la cablera, al material fotográfico del día y a algún contenido audiovisual a cambio de tener el banner de la agencia. Pero además de contar con esa fuente de información precisa y de calidad, Tijman reconoce que quienes hacen periodismo desde las provincias manejan mucha información de lo que pasa en su región y mucha información de lo que pasa en Buenos Aires:

–Lo que Télam nos daba era la posibilidad de acceder a lo que pasaba en todas las provincias. Eso nos permitía conocernos, reconocernos, ver que compartíamos problemáticas del llamado “interior”.

En el artículo ¿Privatizar Télam? Apuntes sobre un viejo dogma, Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información, en noviembre de 2023 hacía un recorrido por la historia de la agencia, decía que era “la mayor conexión informativa federal del país”, sobre todo desde 2017, tras el cierre de la agencia privada DyN y recordaba que contaba con 28 corresponsalías en todo el territorio nacional más 4 en el exterior. En los últimos párrafos escribía que “prescindir de las funciones que brindan medios estatales como Radio Nacional, el Canal Encuentro o la Agencia Télam, eliminándolas, en lugar de mejorarlas cuando corresponde, empobrece el ecosistema de comunicaciones, lesiona el acceso de la ciudadanía y afecta el federalismo porque son medios que desarrollan producciones y contenidos donde no hay lucro mediante”.

Así estamos. Afectadísimos.

Porque además, como ya lo narraba María Laura Da Silva en una nota publicada en LatFem el mes pasado, “la memoria nacional perdió el registro periodístico público de lo que acontece en nuestro país”. Aunque al cierre de este artículo, como una luz que parpadea, se conoció la noticia de que los trabajadores de Télam que no habían firmado el retiro voluntario volverán a trabajar, pero dentro de la empresa pública Radio y Televisión Argentina mientras en los edificios donde funcionó la agencia se convertirá en otra empresa estatal, de publicidad: APESAU.

Eugenia Neme es fotógrafa de Bariloche y fue colaboradora freelance para Télam hasta fines del año pasado. Dice que la agencia valorizaba el trabajo hecho desde cada lugar, que eso permitía trabajar de otro modo, llegar a historias que cada una conoce pero que podrían ser muy ajenas para un enviado especial. Recuerda por ejemplo cuando cubrió la vacunación durante la pandemia de covid. A Télam también le interesaba mostrar cómo se vivía esa experiencia en los lugares más remotos. Un día Eugenia Neme se subió junto a un equipo médico en una ambulancia para poder llegar a Laguna Blanca, una comisión de fomento de la línea sur de Río Negro, con ellos viajaba un paciente que había estado internado y, ya recuperado, volvía con los suyos. Era invierno, iban hacia un lugar de difícil acceso, en el camino pincharon una cubierta. Llegaron y las enfermeras vacunaron a los vecinos, ella sacó fotos. Eso también era Télam.

–Contábamos experiencias locales para un medio nacional. Historias que no necesitaban ser de muerte.

Historias que no necesitaban ser como ésta.
Nada.
Nada.

–Aún con sus deficiencias, aún con sus problemas y sus sesgos, quienes sostenemos que los medios públicos aportan a la diversidad y al pluralismo, que son un pilar para enriquecer la libertad de expresión y la vida democrática en Argentina, debemos preguntarnos porqué hay un sector de la política que avala el cierre de los medios públicos. También preocupa cierta indiferencia del mainstream periodístico que no ha levantado lo suficiente la voz –dice a LatFem Alejandro Linares, el investigador del Conicet que leíamos antes en el Vocabulario.

Linares es también autor de Medios públicos en Argentina. Políticas, democracia y comunicación (2003-20019), un libro que escribió y publicó a mediados de 2023, cuando no podía imaginar la tormenta actual en la que éstos se encuentran envueltos.

Desde Formosa, su provincia, a la que regresó luego de la pandemia, dice que el desconocimiento, la desvalorización y el ninguneo de los medios públicos es grave. Habla de la importancia del trabajo de Télam, de las radios nacionales y de la televisión pública. Reconoce que sus sesgos gubernamentales y cierto seguidismo a las agendas de cada gobierno los han deslegitimado.

Es cierto que, respecto a la señal de cable, según el Digital News Report 2023 de Reuters  ésta “parece tener un problema de confianza. Sólo el 36% de los encuestados considera que la Televisión Pública es de fiar. La cifra es más alta para Telefe (56%) y TN (52%)”. También es cierto que tiene 72 años de historia y que si bien su primera transmisión fue un discurso de Eva Perón y muchas veces más que un canal del Estado pareció ser un canal del gobierno de turno, lo más importante es reconocer su función social, como dijo el periodista Mario Giordano en una nota para CNN. Giordano trabajó más de 30 años en los noticieros de lo que aún muchos llamamos Canal 7 y considera que la televisión pública brinda “un servicio público inestimable”.

Linares también rescata esa capacidad de los medios públicos de construir una agenda más federal con contenido valioso. Por eso, así como hay que bregar para que se cumpla todo lo articulado en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para contribuir a su legitimación, como por ejemplo “que la oposición tenga espacio en el Directorio y pueda revisar contratos, que se presenten informes públicos, que haya un consejo honorario integrado por distintos sectores capaces de exigir auditorías”, también es necesario hacer un esfuerzo para ver lo que se hizo bien. Menciona las transmisiones deportivas de los Mundiales de Fútbol, la Copa América, las Olimpiadas que nos acercan a deportes no tan populares donde tenemos representantes de todas las provincias, recuerda la transmisión de El Marginal que en ningún medio comercial tenía espacio hasta que llegó a la TV Pública, o el valor del programa Cuéntame cómo pasó. Elogia a Cocineros Argentinos, que logró ser un clásico pero después de 15 años al aire a fines de marzo fue quitado de la programación. Y menciona también las fortalezas de Canal Encuentro y Paka Paka que demostraron que contenidos que parecían no tener demanda fueron muy apreciados por la sociedad y se volvieron un gran aporte a la educación formal, al aula.

Todo los programas, series, documentales y material de archivo producido por los canales de Estado podían verse en forma gratuita a través de la plataforma Cont.ar, pero durante el desarrollo esta nota ese espacio también entró en pausa: la web muestra el escudo argentino y reza que “la página que intenta ver se encuentra en reconstrucción”.

No queda nada.
Nada.
Nada.

–Pensemos a qué estamos renunciando cuando renunciamos a medios públicos –dice para cerrar la conversación Alejandro Linares.

Si el derecho a la comunicación es el pilar fundamental para garantizar otros derechos, ¿qué nos va a quedar cuando levantemos del suelo las esquirlas de todo lo que en este país, hasta hace poco, considerábamos importante, orgullo de camiseta celeste y blanca?

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