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Nexting: La ‘anticipación compulsiva’ provocada por la adicción a las pantallas

En la era de los «likes» y del «no perderse nada», la gente está expuesta a estímulos que promueven un estilo de vida ansioso. La tendencia a hacer «refresh» en las páginas web, obsesionarse con las notificaciones de WhatsApp o engancharse con los videos TikTok –tan populares en los jóvenes– se conoce como «nexting».

El término en inglés hace referencia a vivir en una especie de «anticipación compulsiva, donde la emoción reside en lo que está por venir y no en el presente». Esto afecta las vías dopaminérgicas del cerebro (relacionadas con la dopamina, neurotransmisor asociado al placer) y se crea así un ciclo de anticipación y recompensa.

Las aplicaciones de los celulares están diseñadas para que la dopamina se libere y genere un incremento de la sensación de felicidad.

«Con cada actividad anticipada, se produce un aumento de los niveles de dopamina, que hace que los usuarios continúen con la actividad para obtener la recompensa. Una vez finalizada la actividad, se produce un bajón. Este bajón induce el deseo del próximo golpe de dopamina, ya sea el segundo trozo de chocolate u otro episodio de nuestra serie favorita», en palabras de Anna Lembke, psiquiatra y catedrática de la Universidad de Stanford, y autora de Dompamine Nation (en español, ‘la nación de la dopamina’).

«Sin embargo, esta permanente búsqueda de ‘lo siguiente’ puede provocar ansiedad, frustración, insatisfacción y desconexión del momento actual», advierte.

Lembke subraya que, hoy, «todos somos adictos en algún grado» y llama al smartphone «la aguja hipodérmica moderna», a la que recurrimos para obtener «dosis rápidas de atención, validación y distracción con cada clic, like y tuit».

Interacciones breves

Paola Prozzillo, licenciada en Psicología, profesora asociada e investigadora con dirección de Proyectos de Investigación en la Universidad de Flores (UFLO), indica que «en el caso de las aplicaciones de citas en línea, nexting se refiere a pasar rápidamente a la siguiente persona o perfil, tras una interacción breve, sin interés en explorar algo más profundo. El concepto se vincula con la naturaleza rápida y superficial de estas interacciones».

En los últimos años, las redes sociales han causado un impacto significativo en cómo se relacionan los seres humanos. De paso, fomentan hábitos sedentarios, como estar frente a una pantalla mucho tiempo en lugar de hacer deporte al aire libre. Algo que se acentuó con los confinamientos.

«Si bien las redes sociales posibilitan que los usuarios se conecten, compartan información y coordinen acciones, también reducen la atención y la concentración, y pueden conducir a un uso compulsivo y patológico, asociado con niveles elevados de ansiedad, irritabilidad, pérdida de autocontrol y dependencia emocional», enumera Prozzillo.

Según la psicóloga, en las redes las personas «asignan significados que desencadenan efectos emocionales. A partir de las interacciones, se generan recompensas sociales. Esto ha llevado a la introducción del término ‘adictos conductuales’, como lo describe Alfredo H. Cia (2014)».

En esa línea, Lembke sostiene que, en el siglo XXI, «las adicciones al comportamiento (y no a las sustancias) se han disparado. Cada segundo libre es una oportunidad para estimularse, ya sea entrando a TikTok, desplazándose por Instagram, deslizando el dedo por Tinder o dándose un atracón de porno, juegos de azar en línea o compras electrónicas».

Cambio de estímulo

¿Qué efectos tiene el estar siempre detrás del próximo estímulo/recompensa? La psicoanalista María Cristina Oleaga, que cree que todo «comenzó con el paso de la sociedad analógica a la digital», afirma que «la lógica digital de por sí implica –a través del lenguaje de las pantallas– un estilo de zapping sin profundidad. La prisa en la sucesión de imágenes obstaculiza la reflexión, la crítica, el pensamiento elaborativo… El sujeto necesita un continuo cambio de estímulo que, de todos modos, termina en una nueva insatisfacción».

A su juicio, la «modalidad adictiva» obedece asimismo a otras características de la sociedad actual, por ejemplo, la competitividad. Las redes son un despliegue de «la exhibición del tener –hoy tan privilegiado–, de los placeres de alguien frente al resto, a través de sus viajes, su familia, etcétera».

En consulta, Oleaga observa que «hay una caída del deseo, un cansancio muy llamativo, dificultades y desánimo para enfrentar tareas complicadas. El escritor italiano Alessandro Baricco habló de esta época como la del surfeo, la del abandono de la profundidad y no la del buceo, y es así. El conocimiento implica esfuerzo, balance entre ideas, espíritu crítico y tiempo. Hoy, al googlear, el sujeto sobrevuela sin ahondar y va perdiendo las posibilidades de sostener la atención por períodos prolongados».

En la franja infantil, «madres, padres o cuidadores dejan a los pequeños con los móviles, que funcionan como “premio” o “calmante” ante situaciones conflictivas», comenta Prozzillo. «Son una cascada de estímulos e información que apenas llegan a procesar».

Al respecto, Oleaga recalca la importancia de que los chicos no utilicen pantallas antes de los 4 o 5 años. «Actualmente, es recomendación de la OMS. Los que desde muy pequeños son sometidos a estos estímulos tienen escasa tolerancia a la espera, actúan impulsivamente, se aburren con facilidad, pueden tener dificultades en los vínculos con otros nenes. Requieren un lugar central aún al precio de la transgresión y la reprimenda. Tramitan mediante la motricidad una inquietud y una insatisfacción constantes. Lamentablemente, la ciencia toma el lugar de regulador y no son pocos quienes, en vez de la contención adulta, reciben medicación», dice la profesional.

Aburrimiento

A los adolescentes, la socialización les resulta difícil. «Eligen las redes antes que la presencia –efecto agravado por la pandemia–, necesitan de estímulos como el alcohol o las drogas para vincularse en persona y lo hacen en las llamadas “previas”», subraya Oleaga. En clases, «les cuesta sostener la atención, y como el secundario y la universidad requieren mayor esfuerzo, se aburren y se cansan. Muchos niños y adolescentes luchan con la comprensión de textos: han perdido las aptitudes que antes venían a través del libro y la narrativa».

Prozzillo, que es docente de nivel secundario y superior, y especialista en Psicogerontología, relata que una chica le dijo: «El TikTok me destruyó la concentración, tal vez no para el trabajo, pero en mi cabeza, cualquier cosa recreativa tiene que tener esa velocidad… prefiero dejar la gaseosa antes que el TikTok».

No es menor, ya que, como señala Prozzillo, «la adolescencia es una etapa de mayor vulnerabilidad, porque se produce el desarrollo de la corteza prefrontal», que participa en la conducta adaptativa del individuo (resolución de problemas, toma de decisiones, previsión y desempeño ante situaciones) y en el establecimiento de rasgos de la personalidad.

¿Qué se puede hacer para vivir más enfocados?

Para Oleaga «no todo está perdido. Podemos imaginar otros modos de ser y, de hecho, hay quienes despliegan otras potencialidades y viven menos presionados. La crianza en la familia –tome esta la forma que tome– y la continuidad por las instituciones escolares tienen un rol esencial –aclara la psicoanalista–. Estimular la curiosidad, introducir la pausa, la reflexión, el deseo de saber; favorecer la conversación. Acompañar a los niños a través de la lectura y los juegos, todo lo que favorezca un despliegue de sus potencias en lugar de su aplastamiento por lo digital».

Prozzillo dice que, de acuerdo con la ciencia, «la práctica de la atención plena, o mindfulness, que consiste en centrarse en el momento presente sin juzgar –con beneficios como la reducción del estrés y la ansiedad, o la mejora de la concentración y la creatividad– podría ser una solución». En el fondo, estar en el «aquí y ahora» en lugar del después.

Por Francia Fernández, en Acción

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