La frágil tregua alcanzada a mediados de junio en Medio Oriente quedó completamente pulverizada. En las últimas horas, la confrontación entre Estados Unidos e Irán ha escalado a niveles sin precedentes, transformando el estrecho de Ormuz en el epicentro de un conflicto militar y arancelario que ya impacta de lleno en la economía y el comercio energético global.
La paz acordada el pasado 17 de junio –que había logrado abrir vías de negociación nuclear y desbloquear el tránsito marítimo– llegó oficialmente a su fin. El presidente estadounidense Donald Trump dio por terminado el pacto acusando a Teherán de violar de forma sistemática los compromisos.
Como respuesta inmediata, el Comando Central de EE. UU. (Centcom) ejecutó una masiva oleada de bombardeos durante el fin de semana, alcanzando cerca de 140 objetivos militares dentro de territorio iraní.
La ofensiva incluyó ataques con cazas, buques de guerra y drones destinados a neutralizar radares costeros, sistemas de defensa aérea, bases de misiles y pequeñas embarcaciones de la Guardia Revolucionaria islámica.
Represalia iraní y parálisis en el golfo
La contestación de Teherán no se hizo esperar. La Guardia Revolucionaria de Irán anunció este lunes una contraofensiva masiva con misiles y drones dirigida a instalaciones militares estadounidenses distribuidas en la región, golpeando objetivos en Kuwait, Baréin, Catar y Jordania, además de reportarse la destrucción de sistemas de radar en Omán.
En paralelo, el régimen de los ayatolás decretó el cierre total del estrecho de Ormuz «hasta nuevo aviso», alegando que la navegación regular es imposible debido a las «intervenciones ilegales» de las fuerzas norteamericanas.
Los efectos logísticos fueron automáticos: el flujo de buques por el estrecho cayó a su nivel más bajo en cinco semanas, forzando a los pocos superpetroleros que se arriesgan a cruzar a apagar sus transpondedores de geolocalización para evitar ser alcanzados por el fuego cruzado.
EE. UU. como el «guardián del estrecho» y el arancel del 20 %
A través de sus canales oficiales, Trump anunció el restablecimiento absoluto del bloqueo naval sobre los puertos de Irán, detallando que el cerco está diseñado exclusivamente para asfixiar la economía persa y detener a sus clientes comerciales.
Sin embargo, el anuncio más disruptivo fue de índole económica y de seguridad global: Trump declaró que a partir de ahora Estados Unidos operará formalmente como el «guardián del estrecho de Ormuz» e impondrá un arancel de compensación del 20 % sobre la carga a todos los buques comerciales que requieran la protección y escolta de la Armada estadounidense para transitar la zona.
Esta medida unilateral marca un giro drástico en la geopolítica de Washington, que históricamente garantizó la libre navegación del estrecho como un bien público global.
Alerta en los mercados mundiales
La combinación de las hostilidades abiertas, el cierre de la vía marítima por donde transita cerca del 20 % del crudo global y el nuevo arancel militar generó un cimbronazo financiero inmediato.
El precio del petróleo registró una fuerte suba en el mercado energético de este lunes, posicionándose cerca de los 79 dólares por barril.
La alarmante situación pone bajo máxima presión diplomática a las principales potencias compradoras de esta ruta, como China, India y los países de la Unión Europea, mientras el contador de bajas sigue subiendo y la estabilidad internacional pende de un hilo.
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