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FOTO: Florencia Rivero

Remondegui sugiere analizar el cierre de San Salvador de Jujuy para frenar al virus 

El infectólogo Carlos Remondegui vaticina que la pandemia de coronavirus se va a agudizar en la capital provincial. «Se va a poner bravo», sintetizó, y estimó que hay que cerrar los barrios más afectados y «eventualmente toda la ciudad». En diálogo con El Submarino Radio (FM Conectar 91.5), consideró que la cantidad de testeos que se hacen es «poquísima», y que hay que multiplicar por 10 o por 15 los casos registrados.

-¿Cómo analiza la situación actual en la provincia? 

-Las cosas se han ido dando más o menos como alguna vez hablamos. En un principio dije que íbamos a superar a Chaco y eso ocurrió; también dije que Ledesma estaba en plena epidemia e iba a explotar, y ocurrió. También anticipé que San Pedro iba a ser la próxima ciudad y está ocurriendo. Y ahora se está corriendo la epidemia a la capital y hay barrios que están muy infectados. En San Salvador de Jujuy vivimos 350 mil personas, creo que se va a poner bravo.

-¿Qué habría que hacer?

-Yo aconsejo cerrar los barrios que están con más penetración del virus y, eventualmente, toda la ciudad. Hay que hacer un buen análisis, porque los datos que uno tiene son parciales. Yo me manejo con datos y también con médicos que están en la trinchera, entonces tengo una idea un poco más cercana a lo que ocurre.

-¿Los datos que da el gobierno no son reales? 

-Por supuesto que no son reales, porque ven la punta del iceberg. La cantidad de testeos que se hacen es poquísima. Ahora se está haciendo un poco más intenso, incluso va a haber donaciones del Conicet y va a mejorar, pero siempre muestran solo una parte de la realidad. Estos números hay que multiplicarlos por 10 o por 15, solo para tener una idea aproximada.

-Durante todo el mes de agosto hubo más de 100 casos por día, con picos de más de 240. ¿Cómo se baja la curva?

-Siendo prudente, parece que en Libertador está menguando, y han pasado cuatro semanas. Lo que generalmente ocurre en la historia de estas epidemias es que tienen un pico de cuatro o cinco semanas y empieza a estabilizarse y luego a descender. Esto no quita que haya una segunda oleada, que generalmente es menos intensa porque la población que se llega a infectar no pasa el 10 por ciento, así que queda un 90 por ciento susceptible. Entonces esto va a continuar.

-¿Cómo ve la tasa de mortalidad? 

-Con respecto a la mortalidad, es simplemente porque se hacen pocos testeos. Tenemos una cantidad de fallecidos arriba, en el numerador, y en el denominador hay pocos testos, entonces cambia la ecuación. Si tuviéramos el doble de testeos, en vez de tener una mortalidad de 2.9 tendríamos de 1.8. Si tuviéramos 10 mil testeados, la mortalidad sería la mitad.

-¿Las muertes están siempre relacionadas con enfermedades preexistentes?  

-Sí. La gran mayoría, el 80 por ciento de los que fallecen lamentablemente tienen enfermedades, son grupos de riesgo con enfermedades preexistentes. Sin embargo también puede afectar a personas más jóvenes. En Estados Unidos 600 adolescentes fueron internados graves y sin enfermedades preexistentes. Entonces todos tenemos que cuidarnos del contagio, por uno mismo y para no llevarlo a la casa.

-En las últimas semanas, cuando hubo más casos diarios, el gobernador en lugar de acatar el decreto presidencial y volver al aislamiento obligatorio decidió liberar más actividades. ¿Qué opina? 

-Bueno, yo me siento muy extraviado, perdido. No sé en cuál fase estamos. El presidente de la SADI [Sociedad Argentina de Infectología], Omar Sued, comentó ayer que había que cerrar toda la provincia. Claro que él no ve toda la película porque no está en la provincia, pero estoy parcialmente de acuerdo. Creo que hay que cerrar ahora, en este momento, sin duda San Pedro y algunos barrios de la capital. Y analizar bien. Porque por ejemplo la zona de Ledesma a esta altura hay que tenerla en observación; la zona de la Quebrada y la Puna no están tan afectadas. Entonces hay que hacer foco en los lugares donde hay más riesgo de que tenga mucho impacto.

-Hay que tomar alguna decisión… 

-Yo entiendo que en esta etapa, después de tantos desaciertos, medidas atemporales y asincrónicas, apuradas, la gente está recontra mal con el bolsillo, con su trabajo. Pero uno no tiene que perder la visión de que hoy en Europa en 11 países con las restricciones se evitó que fallecieran 3.100.000 personas, según Nature, que es una publicación científica de muy buena calidad. Entonces las restricciones son muy importantes como medida para prevenir y evitar muertes, y también para dar un respiro a la terapia. No olvidemos que ahora muchos pacientes son del interior, que se atienden en los hospitales de cabecera en San Salvador de Jujuy. Imaginemos lo que sería si esto sucede en acá, en la capital, donde vive más de la mitad de la población. Es complicadísimo el tema.

-¿El sistema está efectivamente al borde del colapso?  

-Sí, las camas están virtualmente todas ocupadas. Hay un 95 por ciento ocupadas. Más allá de las ayudas que se buscan y vienen de otras provincias, la situación es muy compleja.

-En los informes del COE se da el dato de las personas recuperadas, que son muchas. En algunos ámbitos se dijo que están dando de alta a pacientes que quizás necesiten más días de internación. ¿Puede ser así? 

-Eso tiene que ver mucho con el entorno social de las personas. Esta enfermedad, en su forma leve, con pocos síntomas o asintomática, se la puede pasar en la casa si hay los espacios mínimos para que la persona esté en su cuarto, autoaislada, con barbijos y todo lo demás. Dentro de la vivienda, la transmisión a los esposos puede ocurrir hasta en un 30 por ciento, y a los hijos en un 17 por ciento. Entonces se pueden manejar las situaciones leves en los domicilios, mientras estén las condiciones de hábitat. En cambio, los casos moderados o graves sí tienen que estar internados. Yo honestamente no creo que den de alta a pacientes que están con fiebre. El alta de los pacientes que están internados se da cuando han pasado al menos tres días sin fiebre y están en buen estado general, estabilizados. La radiografía puede salir que no está normal, porque tardan semanas en mejorar, pero si no hay falta de aire, no tiene fiebre y se siente bien, puede completar el reposo y lo demás en su casa.

-¿Esto va para largo? 

-Ledesma tuvo cuatro semanas de castigo tremendo, de saturación, de colapso. Yo creo que ese es más o menos el promedio: cuatro o cinco semanas de terrible tensión para el sistema sanitario y después mejora la situación. Hay que observar qué está pasando a nivel país, porque con la cifras de todos los días, con 7000, 5000 casos diarios, la gente se pierde. Pero si se ve el porcentaje de aumento de casos por semana, vemos que hemos bajado: 48, 38, 32, 24, 21, 19 y ahora estamos en 16 semanalmente. Ese es un muy buen dato para seguir. Esto está muy bien seguido en el Washington Post, donde sale la dinámica de Latinoamérica.

-Si el gobierno de la provincia le pregunta, ¿sugeriría cerrar todo por 15 o 20 días?  

-La otra vez, cuando hicimos un zoom, el único que hicimos, yo les di nueve argumentos para que ese día se cierre, sin dilaciones. Por suerte se cerró. Pero la gente está cansada, se ve el cansancio social, y sobre todo la necesidad. Es que se toman decisiones ambiguas y hubo desaciertos en el timing. Estuvimos más de dos meses sin nada, cuando el virus estaba en Ezeiza, y nosotros con todo cerrado acá. Eso está mal. Hicimos al revés. Pero bueno, ahora estamos cabalgando el tsunami. Como sea, hay que unirse y tratar de que la gente crea y cuide al equipo médico, que sí lo está haciendo bien en todos los lugares, con los pocos o muchos recursos que tenga. La población tiene que ser bien consciente de eso.

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