Ser pobre en Argentina es un factor de riesgo: Lo pagamos con la vida

Por Marcelo Cabero-dirigente social. La falta de servicios mata. El sábado a la madrugada, un matrimonio de vendedores ambulantes falleció víctima de intoxicación por monóxido de carbono.

Viviana y Oscar llegaron a su casa después de vender sandwichs durante la noche del viernes y la madrugada del sábado; estaban muy cansados y tenían sus cuerpos congelados después de pasar horas en la calle intentando ganar unos pesos dignamente.

Pensaron en encender la estufa para calentar la pieza, pero la última factura los hizo decidirse por dejar el brasero encendido, como tantas veces lo habían hecho, calculando que lo apagarían antes de dormir. Solo que esta vez el cansancio los venció y murieron mientras dormían.

¿Cuántas muertes más vamos a tolerar? ¿Cuántas muertes son causadas por la falta de servicios básicos, o porque ya no es posible calefaccionarse con estufas eléctricas debido a los aumentos desmedidos de la luz? Hoy, ser pobre en Argentina es sinónimo de riesgo de muerte. Si dentro de tu casa tenés frío, lo único que te queda es abrigarte como si estuvieras en la calle, porque calefaccionarse se convirtió en un lujo.

Alimentarse de manera saludable es imposible. Comprar carne, frutas, verduras o lácteos cuesta mucho más que comer alimentos a base de harinas. Así, los pobres terminamos obesos y anémicos al mismo tiempo. No es que nos guste comer de esta manera, es por falta de plata.

La mayoría de los trabajos que tenemos son precarios, peligrosos y sin derechos. Si nos enfermamos no comemos, porque la única herramienta que tenemos es nuestro cuerpo. Muchas veces salimos a vender algo a la calle, pero dependemos de la suerte, ya que hoy en día nadie tiene plata y, no conformes con eso, los inspectores municipales no te dejan trabajar.

La salud ahora es un privilegio. Con el cierre del programa Remediar, tampoco tenemos remedios. En el certificado de defunción no va a figurar como «muerte por falta de remedios»; seguro dirán «diabetes descompensada» o «infección no tratada». De alguna u otra manera van a encontrar la forma de esconder que fue por la pobreza.

Los pobres vivimos en promedio 12 años menos que quienes están en mejores condiciones y pueden alimentarse bien. En Jujuy, para que una familia tipo no sea pobre, necesita casi un millón y medio de pesos por mes.

Este matrimonio no murió por mala suerte. Murieron porque el sistema les cerró todas las puertas: la electricidad es cara, el gas no llega, el trabajo con ingreso digno no existe y la salud es un privilegio.

Viviana y Oscar no son una estadística. Son vidas que se apagaron antes de tiempo, en silencio, mientras el sistema mira para otro lado.

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