A propósito del 25N: La violencia de género también puede ser digital 

Por Romina Tarifa*. La ONU sancionó los Objetivos de Desarrollo Sostenible que buscan erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda 2030. Uno de esos objetivos es la igualdad de género, que consiste en orientar acciones que frenen las formas de discriminación y situación de desigualdad contra las niñas y mujeres, necesario para el desarrollo sostenible.

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en todo el mundo para reclamar políticas públicas para su erradicación.

Las tecnologías, redes sociales e internet generan múltiples formas de interacción. La violencia de género en la cultura digital se presenta como violencia digital, la cual aún no está legislada como delito.

El Observatorio Nacional MuMaLa planteó recientemente que la violencia de género digital se expresa en el hostigar, controlar, someter, insultar, molestar, humillar, amenazar, extorsionar y engañar virtualmente, y que constituye una violencia que puede continuar de forma presencial. La consecuencia es que las mujeres limitan su autonomía en la red, aumentando así la brecha digital existente.

¿Te controla a través de la tecnología?

Los y las adolescentes están conectados y viven su sexualidad mediatizada por internet. El celular, entonces, puede utilizarse como un instrumento de control, llamado “cibercontrol”, a través de conductas como presionar para que su pareja le dé su contraseña, consultar siempre con quiénes se comunica, demandar que envíe ubicación e imágenes para comprobar dónde y con quiénes está, controlar sus comentarios en las redes o bien amenazar con difundir sus mensajes privados.

Principalmente, el control lo ejercen los varones hacia las mujeres. En general, esta conducta se justifica a partir de la idea del amor y la protección, cuando en realidad estos comportamientos buscan simplemente controlar a la otra persona.

Lo cierto es que el celular y el perfil propio de las redes sociales son personales y privados. Si alguien no confía en nuestra palabra y exige pruebas para creernos, es una señal de que la relación no es saludable.

¿Sexting riesgoso?

Los y las adolescentes también viven su sexualidad a través del «sexting» de forma natural, pero también riesgosa. Se trata del envío contenidos e imágenes de la vida sexual íntima, con poses provocativas y desnudez; una forma de exhibicionismo que experimenta el placer sexual por ser observado y por observar a los otros. Se realizan de forma voluntaria y se envían a sus amigos y parejas.

Según Jorge Flores, fundador y director de Pantallas Amigas, el sexting es practicado especialmente por adolescentes y jóvenes. Para las mujeres, significa un fenómeno de empoderamiento que impacta en su autoaceptación personal, es por ello que son las que más lo practican y, al mismo tiempo, son las principales víctimas.

Quienes comparten estos materiales confían en que un otro cuidará su privacidad, mientras se gana visibilidad y aceptación de los y las pares, provoca diversión y permite seducir a alguien. Imitan el exhibicionismo y también lo hacen como consecuencia del consumo problemático de sustancias.

Faro Digital, en su campaña “Sextea con la cabeza”, reconoce que la práctica del sexting se vive cotidianamente entre adolescentes y que es una forma de vivir la sexualidad en la cultura digital. La campaña apunta a orientar para que sea practicado de forma segura y con responsabilidad, cuidando la privacidad, intimidad, identidad digital y seguridad personal de los y las chicos.

A la hora de producir y compartir imágenes con contenido sexual, entonces, es importante hacerlo con responsabilidad y a partir del propio deseo; que sean imágenes anónimas, donde el rostro y otras formas de identificación permanezcan ocultos, y que se configuren las medidas de privacidad correspondientes.

Difusión de imágenes intimas sin permiso y acoso digital

La violencia digital contra las mujeres es una violencia que se debe prevenir con políticas públicas y condenar con leyes.

La Fundación Activista Feminista Digital impulsa leyes para que la violencia digital como la difusión de material íntimo sin permiso y el acoso digital, entre otras, sea condenada por las consecuencias negativas que afectan la integridad psicofísica y social de las víctimas, vulnerando sus derechos y seguridad personal.

La difusión de imágenes íntimas sin permiso es un tipo de violencia digital contra mujeres que nunca autorizaron la difusión de su intimidad sexual y son víctimas, en varios casos, de parejas y amigos que difunden sus imágenes.

Estas imágenes, al viralizarse, llegan a una audiencia infinita que expone a las mujeres a múltiples riesgos, afectando su seguridad personal. Se pierde el control absoluto de la difusión del material, porque internet no tiene derecho al olvido, lo que implica que todo lo que se produce y publica en internet pasa a ser de todos.

Faro Digital (2019) distingue tipos de difusión de imágenes íntimas sin permiso:

  • Envío privado consensuado y difusión sin permiso. Es cuando se producen y envían imágenes sexuales con consentimiento mutuo, pero una de las partes difunde las imágenes sin permiso. Esa difusión puede usarse como amenaza hacia la pareja cuando no accede a obedecer, como venganza por terminar la relación o por reconocimiento grupal de otros varones.
  • Envío como exigencia y difusión sin permiso. Es cuando las imágenes se crean sin consentimiento, y las mujeres se ven obligadas a hacerlo «como prueba de amor» y son luego difundidas sin su permiso.
  • Robo de imágenes y difusión sin permiso. Esto puede darse cuando se roban las imágenes de los dispositivos.
  • Envío consentido y difusión sin intención. Es cuando los protagonistas deciden producir las imágenes sexuales y por descuido o error terminan difundiéndolas.

Una de las consecuencias de la difusión no consentida que sufren las mujeres es el acoso digital, otro tipo de violencia digital, que creció en el último tiempo. Los acosadores aprovechan el poder del anonimato para hostigar y humillar.

La violencia digital impacta en la integridad psicofísica de las mujeres, en su identidad digital y en su reputación web; se vulnera su derecho a la privacidad y socialmente son discriminadas, culpabilizadas y acosadas por vivir su sexualidad. La identidad digital forma parte de nuestra identidad personal e influye en nuestro cotidiano.

Recomendaciones

  • Conocer los peligros en internet para autoprotegerse.
  • No permitir el cibercontrol.
  • Denunciar en la red.
  • No utilizar cámara web.
  • No enviar imágenes sexuales que revelen la identidad.
  • Configurar contraseñas y privacidad seguras

* Licenciada en Psicopedagogía. Instituto de Protección y Ciudadanía Digital. Defensoría del Pueblo de Jujuy (388-154327313) 

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