Aredez describió el horror de su familia que vivió en la época de la dictadura

Por Rodrigo Zapana y Esteban Mayorga (Para H.I.J.O.S. Jujuy)

Este jueves pasado, en el Tribunal Oral Federal de Jujuy la 42° audiencia del sexto juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en nuestra provincia durante la última dictadura militar.

En esta oportunidad, prestaron declaración los ex policías, Reynaldo Eusebio Chosco, Cándido Díaz y Máximo Alcocer, como así también Teresa Adriana Arédez, hija del médico desaparecido Luis Ramón Arédez.

Por otro lado, desde Gendarmería Nacional, se informó que los testigos Victorino Clemente Coronel y Pedro Antonio Flores no fueron hallados en sus respectivos domicilios al momento de la citación por lo que no estuvieron presentes en la audiencia.

“Sufríamos hostigamiento de día y de noche”

La última en atestiguar fue Teresa Adriana Aredez. Antes de empezar la testimonial, la hija del médico Luis Ramón Aredez solicitó a través de su abogado poder declarar con el pañuelo blanco, realizar grabación y leer un ayuda memoria de 6 hojas, solicitud que fue rechazada de modo unánime por el cuerpo de abogados de los represores. Luego de deliberar, el Tribunal finalmente permitió que Aredez declare con el pañuelo blanco, y no dieron lugar al resto del pedido.

Después del tenso momento, una vez en la sala, Teresa Aredez solicitó la presencia de los imputados relacionados a la causa de su padre para identificarlos, el presidente del tribunal, Federico Diaz, respondió al pedido haciendo notar que ambos, Jones Tamayo y Kairuz, seguían el proceso penal por videoconferencia, que de esta situación estaba al tanto su abogado, y que si deseaba lo podía hacer mirando las imágenes de la transmisión, cosa que no se hizo.

La declaración testimonial siguió su curso y Teresa Aredez contó el allanamiento ilegal que padecieron en el domicilio de su madre y padre durante la primera quincena del mes de junio del año 1976, “fue sin orden judicial y con total impunidad, los autores fueron un grupo de tareas de fuerzas conjuntas que respondían a los intereses del directorio de la empresa Ledesma” describió.

En ese momento ella se encontraba cenando en la casa de su entonces suegro, Raúl Paz, hermano de Mario Paz, quien era jefe de Relaciones Públicas de la compañía agroindustrial, cuando cerca de las 22 hs recibió el llamado telefónico de su mamá Olga quien le dijo que habían saqueado la casa y se llevaron todos los libros del doctor Aredez y los de Historia Argentina de su madre, “se llevaron también el plan de gobierno de su padre y escrituras de la propiedad”.

El allanamiento ilegal estaba dirigido por Juan de la Cruz Kairuz, quien cargaba una ametralladora y estaba vestido con ropa deportiva de color azul marino oscuro, y “utilizaba dicha arma como si fuera el dedo índice para dar indicaciones” señaló. Dijo que el “nefasto genocida”, subió al cuarto de su hermana y leyó atentamente el diario íntimo de Olga, y se llevaron los regalos de anillos y pulseras de sus abuelos, los cuales tenían mucho valor afectivo.

Tres días después de aquel violento asalto a su casa, se encontraban comprando en un reconocido almacén de comestibles ubicado en la calle Libertad, del pueblo de Libertador Gral. San Martín, ella estaba acompañada de su mamá, su hermano Ricardo y su hijo Mariano Paz, cuando vio venir al auto Chevy de su padre, el mismo auto que había sido saqueado en su casa, era conducido por Juan de la Cruz Kairuz, quien estaba vestido del mismo modo, con equipo deportivo azul marino, su madre preguntó a los vecinos quién era y le dijeron que era el integrante del Club Atlético Ledesma, y ella le dijo: “No te olvides de la cara de este tipo, es Kairuz”

Durante la tradicional ronda de los jueves que realizaban las madres de Plaza de Mayo de Calilegua y Libertador en la plaza central de esa localidad volvió a aparecer Juan de la Cruz Kairuz, les hacía seguimiento y controlaba todos los movimientos de Teresa y su madre Olga: “Era el cipayo y lacayo servil de Blaquier y Lemos, nos hostigaba de día y de noche”, contó.

Mientras estuvo detenido el doctor Luis Aredez, su mujer Olga Márquez iba semanalmente con las madres de Plaza de Mayo a San Salvador de Jujuy, al Regimiento de Infantería de Montaña 20, para entrevistarse con el Coronel Carlos Bulacio, quien las recibía junto a Eduardo Bulgheroni, Rafael Mariano Braga y Juan Carlos Jones Tamayo: “Todos estaban con armas en la mesa, para hablar con mujeres indefensas”, recordó.

“Filemón Campos me dijo que Juan Carlos Jones Tamayo tenía una sala de tortura en el Penal de Gorriti, los sacaban de los pabellones, y allí eran ferozmente interrogados, no voy a perdonar a Tamayo porque golpeaba a los desaparecidos con un látigo de acero, es un ser humano despreciable que no puede vivir en la sociedad”.

La testigo contó que su mamá fue 36 años hostigada y perseguida sistemáticamente por el directorio de Ledesma: “Cuando mi madre viajaba, entraban a su casa, robaban fotos, destruían cosas, dejaban la TV prendida, cambiaban los muebles de lugar, fue una persecución incesante hasta el día de su muerte, el 17 de mayo de 2004” precisó.

Teresa Aredez estuvo casada con el segundo hijo de Raúl Paz, tuvo dos hijos, Mariano Paz y una hija de la que no precisó nombres, dijo que los Paz eran una familia con mucho odio y xenofobia que habían anticipado el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976: “A mediados de marzo va a haber un golpe de Estado y nos van a sacar de encima esa gente” contó y agregó que se alejó de la familia Paz cuando descubrió el odio hacia su familia.

Recordó que, en el año 1973, bajo la presidencia de Cámpora, ella fue candidata a presidenta del centro de estudiantes de la Escuela Normal de Libertador Gral. San Martín, “Ganó la lista de los humildes, yo pertenecía a los no humildes” expresó. En referencia a esa situación, y ante la pregunta de la fiscalía sobre el rol del imputado José Américo Lezcano en aquellos tiempos dijo: “Era un comisario servil a la empresa Ledesma y el gobierno de la dictadura, hacía tareas de inteligencia y fue mandado para infiltrarse en la elección del centro de estudiantes de la Escuela Normal, para poder reprimir a los estudiantes, mi padre le prohibió infiltrarse, querían linchar a los estudiantes”.

Ya en el epílogo de la testimonial, Teresa ofreció a su hijo Mariano Paz, para ser citado como testigo, y el cuerpo de fiscales hizo lugar al pedido, además mencionó que, durante la democracia, el hostigamiento hacia su madre no cesó, y que dicho ataque era en represalia de haberse asociado a Madres de Plaza de Mayo, y que eran habituales las amenazas telefónicas e intentos de saqueos a todo el patrimonio de la familia Aredez.

Memoria selectiva: “No recuerdo el golpe de Estado”

Reynaldo Eusebio Chosco, el primer testigo en declarar, indicó que ingresó a la policía de la provincia en el año 1972 y permaneció en servicio hasta el año 1975, periodo en el cual se desempeñó como integrante del cuerpo de radiopatrullas, dependiente del Centro Clandestino de Detención (CCD) Comando Radioeléctrico, lugar en el que conoció a los imputados Hugo Armando Ruiz y Juan Carlos Baca. “Los dos eran oficiales y fueron mis compañeros de trabajo”, declaró.

Como otros ex policías citados a declarar, Chosco sostuvo: “No recuerdo el golpe de Estado”, argumentando que en ese entonces ya no se encontraba en servicio. “Yo me retiré de la fuerza, primero porque ya no me gustaba y además me querían trasladar a Susques, así que presenté mi renuncia y eso fue todo”.

Al describir sus principales funciones en el cuerpo de radiopatrullas, Chosco sostuvo: “En el móvil nosotros recibíamos indicaciones de los oficiales que estaban en el comando radioeléctrico, como Juan Carlos Baca y Hugo Armando Claros, ellos nos ordenaban salir, nos decían así: X-2 diríjase a tal parte. Y nosotros íbamos. Desconozco de quien recibían instrucciones ellos, supongo que, de su jefe, pero por lo general nos mandaban a controlar, por ejemplo, por qué había sonado la alarma de algún banco, algo que a veces sucedía por el error de algún empleado”.

Durante su testimonio, mencionó no haber conocido nunca a los genocidas Hugo Armando Ruiz, José Américo Lezcano y Juan de la Cruz Kairuz, e incluso negó la existencia de la denominada “Área restringida” dentro del CCD, indicando: “No había ninguna zona restringida, en el comando todos lo sabíamos todo”, se excusó. En el mismo sentido, Chosco negó haber recibido mensajes concernientes a detenidos o presos políticos.

Los genocidas “Claros, Ruiz y Baca trabajaron siempre de civil”

El siguiente testigo citado fue Cándido Díaz, quien ingresó a la policía de la provincia en el año 1973 y posteriormente trabajó en el cuerpo de radiopatrullas del Centro Clandestino de Detención (CCD) Comando Radioeléctrico. Sin embargo, declaró: “Mi función principal era ser servicio de custodia de caudales de bancos, ya sean de la provincia, nación o privados”, desvinculándose de esta forma de la función represiva del mencionado CCD.

Inmediatamente, Díaz identificó al ex comisario y represor Ernesto Jaig como su jefe y mencionó la existencia de un furriel, cabo que tiene a su cargo la organización de suministros, armas, trámites y demás, “era como un secretario privado de Jaig que dejaba escritas las tareas a realizar el día siguiente”, según expresó el testigo, aunque no pudo recordar el nombre del mismo.

Al igual que el testigo anterior, Cándido Díaz también negó la existencia de un “Área restringida” o “Área 323” dentro del CCD Comando Radioeléctrico, sosteniendo de forma inverosímil que nunca vio detenidos en la central de policías. “Lo que sí veía entrar era a militares, pero nunca supe a qué iban”, señaló. Igualmente, negó haber conocido al genocida José Américo Lezcano y a Bernardo Salinas.

Emililo Molini Fabaz el mentor de Jaig

El tercer testigo en declarar fue Máximo Alcocer, quien el día del golpe, el 24 de marzo de 1976, estaba desempeñando tareas como oficial de guardia de la policía de la provincia de Jujuy, en el barrio Mariano Moreno y en la comisaría del barrio Ciudad de Nieva, dependían de la Unidad Regional N° 1, y no quiso recordar el nombre del jefe.

Frente a la pregunta de la fiscal Marina Cura si trabajó en el Centro Clandestino de Detención (CCD) Comando Radioeléctrico, respondió que estuvo realizando tareas en el Comando Radioeléctrico bajo las órdenes del Jefe de Policía Emilio Molini Fabaz, un militar retirado que inició el sistema de transmisión radioeléctrica en el año 1973, y agregó que la Policía Federal había donado los dos primeros vehículos y su jefe fue una persona de apellido Barrios.

El ex policía contó que Molini Fabaz, llevó a Ernesto Jaig, quien en un principio era técnico de los aparatos radioeléctricos y que luego llegó a ser comisario del Comando Radioeléctrico: “Estuve poco tiempo, volví a la seccional primera, luego a la montada, a la comisaría seccional sexta”.

El testigo negó haber visto presos en los lugares donde se desempeñó, es decir, en la comisaría primera, comisaría quinta y en la Central tampoco, y siguió la misma línea de “olvido” que sus compañeros de tareas.

Manifestó haber conocido a José Américo Lezcano, Juan de la Cruz Kairuz y Bernardo Salinas: “Llegó a ser jefe de la Unidad Regional N° 1, estuvo mucho tiempo en San Pedro y Ledesma. Juan de la Cruz Kairuz fue médico de la policía. Bernardo Salinas era jugador de fútbol y trabajaba en la policía, era de investigaciones”, haciendo referencia a otro Salinas que no es el imputado y que fue conocido como Ricardo “Bombacha” Salinas en el mundo del fútbol sujeto que fuera mencionado como parte de los grupos de tareas por sobrevivientes del terrorismo de Estado.

El ex policía dijo que los jugadores del club Gimnasia y Esgrima de Jujuy, eran miembros de la de la provincia, figuraban como trabajadores de esa institución, pero no trabajaban nunca, era una forma de pago: “Había un convenio con el club y el gobierno militar porque muchos jugadores se desempeñaban así” detalló.

El testigo expuso que la Unidad Regional N°1 estaba ubicada en el barrio Ciudad de Nieva sobre la calle Coronel Dávila y ante la pregunta de la querella de H.I.J.O.S Jujuy, representada por María José Castillo, sobre la constatación de un cuerpo en el barrio Alto Padilla, Alcocer dijo: “Cuando estaba en la comisaría seccional 5ta llamaron de la central de policía y me mandaron en un patrullero hacia Alto Padilla, ahí funcionaba un campo de tiro que pertenecía al Regimiento de Infantería de Montaña 20, cuando bajé del patrullero y me dirigí hacia el lugar vi unas 4 o 5 personas allí alrededor de un pozo, había un militar de tez blanca y vestido de uniforme, me enfrenta y me dice que me retire, aparentemente había un cuerpo en una fosa común. Me di media vuelta y me retiré”.

Alcocer no pudo identificar al militar que le dio la orden de retirarse ni a las personas que estaban allí, supuso que había un cuerpo sin vida y no dio más precisiones sobre el hecho. Al retirarse del lugar notificó por teléfono al Centro de Operaciones Policiales y nadie más le dijo nada, además mencionó que; en la primera citación a declarar le mostraron un expediente, el cual le hicieron reconocer su firma, la que negó fuera de él, y que en el mismo expediente también estaban las firmas del oficial actuante y el instructor. Se sabe que el cuerpo pertenecía a Dominga Alvarez de Scurta, y que fue inhumado en el cementerio de Yala y exhumado en el año 1984.

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