Declararon los Últimos Orejones del Tarro

El pasado jueves 31 de octubre tuvo lugar en el Tribunal Oral Federal de Jujuy la 48° audiencia del sexto juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la provincia durante la última dictadura militar. En esta oportunidad, prestaron declaración los ex policías, Eduardo Tapia, Carlos Martín Tolaba, Carlos Ignacio Tolay, Gerardo Francisco Torres y Calixto Urzagasti.

Eduardo Tapia declaró haber ingresado a trabajar en la central de policía en el año 1976, sitio donde operaba el Centro Clandestino de Detención (CCD) Comando Radioeléctrico, en pleno centro de la ciudad de San Salvador de Jujuy. “Yo entraba a trabajar a las 7 u 8 de la mañana y cumplía turnos de 24 por 48 horas”, señaló.

Luego de indicar que en el mencionado comando radioeléctrico trabajaban un número aproximado de 18 personas, Tapia explicó al Tribunal que los reemplazos diarios nunca eran con las mismas personas. “Nuestros relevos eran siempre personas distintas, nos daban distintos móviles y distintos choferes”.

El testigo, mencionó a los genocidas imputados Armando Raúl Claros y Hugo Armando Ruiz, a los que señaló como “los oficiales de servicio que salían a las calles a controlar que las radiopatrullas estén desempeñándose correctamente”. Del mismo modo, resaltó el papel del comisario criminal Ernesto Jaig indicando que era el principal responsable del comando radioeléctrico.

Tapia, negó tener conocimiento sobre el funcionamiento de un área restringida dentro de la central de policía, argumentando principalmente que por su trabajo como integrante del cuerpo de radiopatrullas “no tenía tiempo para ver nada”.

Al preguntársele sobre la presencia de detenidos políticos en el la central de policía, Tapia respondió de forma afirmativa, aunque aclaró que se trataban de “los típicos presos que estaban bajo la custodia de la alcaidía”.  Para el año 1976, Tapia integró el cuerpo de Radiopatrulla, área que estaba bajo la órbita del Comando Radioeléctrico, sitio donde funcionó un centro clandestino de detención.

Sin embargo, minutos más tarde, debió explayarse aún más en sus declaraciones aportando algunos detalles de interés: “Escuché que se hablaba mucho de detenidos políticos, pero yo nunca participé de ninguna de esas detenciones. Sé que todo el mundo hablaba, pero yo nunca vi nada”, se excusó, visiblemente nervioso.

El siguiente testigo en declarar fue Carlos Martín Tolaba, el ex policía de la provincia, ingresó a la fuerza en el año 1971, luego, en el año 1976 trabajó en la seccional N° 11 de la ciudad de Libertador General San Martín, desde donde fue trasladado en el año 1978 a la ciudad de San Salvador de Jujuy, más específicamente al Comando Radioeléctrico. “Me mandaron a trabajar a la central de policías a principio o mediados del año 1978, ahí fue donde conocí al comisario Ernesto Jaig, él fue mi jefe”, declaró ante el tribunal.

Tolaba también reconoció a los imputados Hugo Armando Ruiz y Armando Raúl Claros, indicando que ambos fueron sus “superiores inmediatos”, explicando ante el Tribunal que aquellos dos oficiales eran quienes le dictaban las órdenes de forma directa y sin ningún tipo de intermediarios.

Al dar explicaciones sobre el paso de presos políticos en la central de policía, Tolaba declaró: “No sabíamos nada sobre presos políticos, solo sabíamos que los llevaban al área llamada 323 que estaba en el regimiento. Nosotros estábamos abocados a otras funciones, aparte no nos dejaban salir de la sala de radio, pero cuando los oficiales se retiraban a veces decían: Salgo para el área 323”.

Al ser indagado en mayor profundidad, el testigo brindó aún más información concerniente a la sección que acababa de mencionar: “El área 323 era ultrasecreta, no teníamos competencia de ningún tipo en ese lugar. Nunca supe para qué existía y tampoco pregunté. Como efectivo de bajo rango no tenía nada que hacer en una zona como esa, así que me dedicaba a mis tareas”, se justificó.

Detallando aún más sobre su rol como radioperador, Tolaba mencionó que solo se le permitía salir de la sala de radio para ir al baño, algo que tenía que hacer de forma fugaz, debido a que, según su relato, era un área constantemente vigilada: “Teníamos prohibido ir al fondo de la central, cuando salía al baño tenía que volver corriendo, pero nunca me dijeron por qué. Al regresar la puerta de la sala de radioperadores quedaba permanentemente cerrada”, sostuvo.

A diferencia del testigo que lo precedió, Carlos Martín Tolaba aseguró que no solo existía un área de inteligencia en la central de policía, sino que quienes trabajaban en ese lugar, lo hacían vestidos de civil, “seguramente porque trabajaban en plena calle, investigaban a los gremios que hacían paros y demás cosas”, sostuvo. Esta declaración coincide con los testimonios que involucran al imputado Armando Raúl Claros efectuando tareas de inteligencia sin portar ningún tipo de uniforme policial que lo identificara como tal.

En tercer lugar, declaró ante el Tribunal Carlos Ignacio Tolay, quien aseguró haber conocido a los acusados José Américo Lezcano, Hugo Armando Ruiz y Armando Raúl Claros, con quienes sostuvo una relación estrictamente laboral, según se excusó.

“Yo trabajaba como radioperador en el comando radioeléctrico, cumplía turnos de 24 por 48 horas, en donde nos encontrábamos un suboficial u oficial encargado de guardia, un radioperador y un telefonista, esta modalidad se repetía todos los días”, explicó el testigo. “El encargado de guardia podía ser un suboficial común y corriente, que se encargaba de darnos las indicaciones que a su vez recibía del oficial de servicio”, detalló.

Ante las preguntas de la fiscalía, Tolay negó tener conocimiento sobre la denominada “área 323”, e incluso sostuvo firmemente: “Jamás recibí comunicación alguna vinculada a esa zona”. Sin embargo, confirmó la existencia de un área de inteligencia de la policía de la provincia, aunque sin dar mayores detalles, ya que aseguró: “Yo me dedicaba a trabajar, así que no pude ver nada”.

Posteriormente, en relación a los detenidos dentro de la central de policía, el testigo mencionó que “Sí habían detenidos, pero en la alcaidía, en dos calabozos, de ahí se los llevaban a la penitenciaría o a las comisarías”. Y aunque admitió que durante los años que sirvió en el comando radioeléctrico escuchaba hablar mucho sobre “subversivos”, sostuvo: “Nunca vi detenidos de esas características, se comentaba mucho sobre los subversivos, pero yo no supe nada, hablando mal y pronto, yo era el último orejón del tarro en la central”.

Gerardo Francisco Torres fue el cuarto en dar su testimonio, ingresó a trabajar a la policía de la provincia de Jujuy en el año 1972, y  durante el golpe de Estado de 1976 desempeñó funciones en Comando Radioeléctrico como chofer del Mayor Arenas, también estuvo bajo las órdenes directas del Comisario Ernesto Jaig.

Marina Cura, representante del ministerio público fiscal, inició la ronda de preguntas indagando sobre los lugares a los que trasladaba al Mayor Arenas y el testigo contó: “En la mañana lo íbamos a buscar a su domicilio en el Grupo de Artillería de Montaña 5, él tenía sus actividades en la jefatura de policía, y a las 13:30 lo volvía a llevar a su domicilio, a veces en la tarde cuando necesitaba traslado nos llamaba, y a la noche lo volvíamos a llevar a su domicilio”.

Torres relató que ese circuito de traslado era normal y que cuando iba a otros lugares no iba con ellos y agregó: “El Mayor Arenas se movía solo y una sola vez, cuando era secretario de gobierno lo llevé al penitenciario de Gorriti, estaba haciendo recorridos por todas las jurisdicciones. En el auto que yo manejaba llevaba a la familia, él se manejaba en su auto”. También mencionó a Hugo Leoncio Betolaz como su compañero del otro turno, con el que alternaba los turno de 24 hrs de trabajo y 24 de descanso.

Sobre el militar Jorge Bardaro, antecesor de Arenas en el cargo, el testigo agregó: “Era un militar que también fue jefe de policía, yo fui chofer del coronel Bardaro y el movimiento que hacía era de familia, a veces andaba solo e iba de su domicilio a la jefatura de policía”.

En relación a los presos políticos de 1976, explicó que escuchó versiones y rumores sobre detenciones en el Comando Radioeléctrico, pero que jamás presenció nada: “No vi nada, un par de veces cuando me requerían como chofer no estaba, y me dijeron que siempre debía permanecer en el auto, y bajo esa consigna debía estar siempre en el auto”.

El ex policía respondió a las preguntas del cuerpo de fiscales sobre lugares específicos del Comando Radioeléctrico y sus áreas: radio operación y departamento de inteligencia: “En el Comando Radioeléctrico el área restringida trabajaba a puertas cerradas. La radio operación estaba entrando por calle Belgrano a la derecha, había que pasar la guardia de infantería y ahí estaban las oficinas. En la central funcionaba la brigada de investigaciones”.

Siempre nervioso y con la voz entrecortada, y ante la pregunta de la parte acusadora sobre el Centro Clandestino de Detención (CCD) Guerrero, dijo que: “Sé que había algo ahí, pero realmente no le puedo asegurar qué había, ahí estaba la escuela de policía y sé que había movimiento militar, yo no tenía acceso, sólo manejaba el auto”

Calixto Humberto Urzagasti fue el último testigo, ingresó a trabajar en la policía en el año 1962, cerca del año 1976 se desempeñó en la guardia de infantería y ahí su jefe fue un oficial de apellido Rivero. Luego de ascendido a cabo, trabajó como subinstructor de aspirantes en la escuela de policía. Para el año 1983, lo trasladaron a la comisaría N° 17 de la localidad de La Quiaca hasta el año 1985 cuando se retiró.

Urzagasti se mostró siempre con una postura rígida, su forma ruda de responder se asimilaba a las de los militares, seco y tosco, se molestó, y hasta levantó la voz, más de una vez ante los requerimientos que le hacían las diferentes partes.

Negó tener conocimiento sobre los presos políticos que fueron confinados en el comando Radioeléctrico, se excusó argumentando : “Yo era subinstructor de suboficiales en la escuela de policía” , aunque hay prueba documental de que se encargaba de trasladar a las víctimas desde ese centro clandestino al penal de Gorriti.

Acerca de militares que concurrían al Comando Radioeléctrico, el testigo indicó: “En la jefatura de la Central de Policía el personal militar entraba y salía”, y ante a la pregunta de fiscalía por el Comisario Ernesto Jaig, Urzagasti sostuvo: “Ese señor trabajaba en la jefatura, no sé exactamente cuál era su actividad”.

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