La indiferencia y la complicidad de las instituciones

Por Rodrigo Zapana y Esteban Mayorga (Para H.I.J.O.S. Jujuy)

El pasado jueves, se llevó a cabo la audiencia N°49, correspondiente al 6° juicio de lesa humanidad que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal de Jujuy. Atestiguaron Alfredo Rolando Calvó (médico), Pedro Antonio Flores y Andrés Ernesto Reyes (ambos ex policías locales).

La próxima audiencia será el jueves 14 de noviembre a las 8:30 horas en el Tribunal Oral Federal de San Salvador de Jujuy, sito en calle Senador Pérez N° 182.

Por otro lado, la secretaria Mercedes Pfister informó que el jueves 12 de diciembre a las 13 hs se realizará la inspección ocular en Mina El Aguilar, solicitando a las partes la nómina de los testigos. Además, se comunicó que los testigos Victorino Clemente Coronel, Luis René Navarro, y Gregorio Vilte no fueron habidos en los domicilios correspondientes, y la defensa de los imputados se comprometió a proporcionar nuevos domicilios.

“En ese momento había mucha gente con uniformes de policía”

Calvó, trabajó durante el año 1976 como médico de guardia en el Hospital Pablo Soria, allí recibió a Dominga Álvarez de Scurta* quien había llegado a ese nosocomio descompensada.

La fiscal Marina Cura le consultó sobre la asistencia a Dominga, y quienes la acompañaron hasta el hospital: “Llegó en el horario de la siesta, fue llevada a la guardia por una intoxicación medicamentosa y después de unos estudios fue internada. En ese momento había mucha gente con uniformes de policía, recuerdo que había que hacerle un procedimiento médico para tratar el problema, y esta gente no nos dejaba trabajar, entonces tuve que pedirles que se vayan”, relató el testigo.

Luego le preguntaron por qué recordaba esta atención, Calvó narró que para aquella época Jujuy era chico y Dominga era compañera de escuela de una de sus hermanas.

Acerca de la evolución y el estado de salud de Dominga y Calvó manifestó: “El paciente internado para nosotros significaba un control hasta que terminaba nuestro período de guardia. Yo la vi por la noche, estaba relativamente despierta, conversaba muy pocas palabras y le pregunté si necesitaba algo, y seguí con mi rutina”.

En un momento de la declaración, la jueza Alejandra Cataldi pidió que contará sobre el parte médico y el tratamiento y el testigo indicó: “Estaba internada en la habitación al lado de enfermería porque se le tuvo que hacer un lavado gástrico para superar la intoxicación, y se le recomendó a la enfermera mucha atención”.

Le consultaron si llegó a dar el alta médica, Calvó indicó: “Bueno, ese fue otro tema, nuestro protocolo exigía que antes de terminar nuestra guardia debíamos ir a revisar a los pacientes internados para dejar la novedad al equipo que nos seguía a nosotros, y cuando fui a la mañana temprano, antes de las siete de la mañana, no estaba en la sala, se corrió la novedad al director del hospital, a los médicos de guardia que entraban, se dejó asentado que habían desaparecidos los registros y la historia clínica”.

Además, agregó que: “Nadie, ni las enfermeras sabían, a pesar de que ellas tienen sus cuadernos de novedades, nadie manifestó nada, ni yo vi nada”, extrañamente nadie sabía nada de Dominga, desde la fiscalía insistieron por datos que pudo haber relevado el personal médico y Calvó dijo: “En la sala no quedaban médicos, solo estaban en la guardia, los que trabajaban en la sala volvían en su horario habitual y a su debido tiempo que no le puedo precisar”.

Acerca de la última vez que vio a Dominga Álvarez de Scurta, contó: “La última vez que la vi fue en el horario de la tarde, tenía que ver si estaba en condiciones y darle el alta, me enteré por los diarios lo que le pasó, de ella no volví a saber nada más”.

“Nuestros superiores mantenían información en secreto que no nos contaban a nosotros”

Flores fue el segundo testigo en declarar, inició su testimonio admitiendo haber trabajado bajo las órdenes de los ex oficiales de policía imputados en la causa, Hugo Armando Ruiz y Armando Raúl Claros, mientras se desempeñó como radioperador en el comando radioeléctrico de la central de policía, lugar donde funcionó un Centro Clandestino de Detención (CCD) durante los años 70. “Conocí a los oficiales Ruiz y Claros, pero solo éramos compañeros de la policía, nada más. No trabajábamos juntos ni nada”, mencionó con un marcado nerviosismo en su voz.

Al ser consultado específicamente por las actividades que Ruiz y Claros llevaron adelante durante aquellos años, Flores respondió: “No recuerdo qué funciones cumplían esos oficiales, ellos salían a las 8 de la mañana y no los veía más. No era cuestión mía saber qué hacían ellos porque tenían mayor rango que yo”, manifestó.

“En la central yo trabajaba de enlace en radio, cumplía turnos de 24 horas recibiendo órdenes y re transmitiéndolas en otras frecuencias”, especificó Flores, puntualizando también que dichas órdenes podían provenir de diferentes dependencias policiales, en este punto trató de desvincular su trabajo de cualquier tipo de información que tuviera relación con detenciones de personas por motivos políticos: “Nosotros trabajábamos más con el público, con los ciudadanos, cuando se quejaban por las fiestas de carnaval y nos llamaban, por ejemplo”.

El ex policía también indicó que el trabajo en el comando radioeléctrico era realizado por turnos de entre 3, 4 o 6 personas. Evitó brindar mayores detalles en cuanto a nombres y rangos: “No recuerdo bien quienes eran mis superiores inmediatos, y tampoco recuerdo de quién recibían ellos las órdenes”, sostuvo de forma esquiva.

De la misma forma, Flores se mostró apático a la hora de brindar información sobre la existencia de una denominada “área restringida” emplazada en la central de policía, o la llamada “área 323” e incluso el funcionamiento de un CCD en la localidad de Guerrero destinado a la concentración, tortura y desaparición de presos políticos.

Al ser interrogado sobre estos sitios, el testigo solo se limitó a responder de forma tajante: “No tengo conocimiento, no escuché nada”, justificándose en su bajo rango para finalmente argumentar: “Yo era el último orejón del tarro, y no tenía nada que ver con lo que hacían los efectivos de mayor jerarquía”.

El empleado del mes de la comisaría de Lezcano

Reyes entró a la policía en el año 1977 y fue destinado a servir en la comisaría N°24 de la ciudad de Libertador General San Martín, bajo las órdenes del actual imputado en esta causa, el ex comisario José Américo Lezcano.

“Mis horarios eran de lunes a viernes de 8 a 12 hs y de 16 a 20 hs”, subrayó y luego indicó: “Yo no recuerdo haber visto en ningún momento detenidos políticos”.

Por último, aseguró frente al Tribunal que el imputado en la causa, José Américo Lezcano, nunca le dio órdenes de realizar tareas de investigación e inteligencia contra ciudadanos y trabajadores del ingenio Ledesma, e incluso desconoció por completo que el acusado haya estado facultado para dar órdenes a personal de gendarmería o viceversa.

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