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Lanzan una campaña para concientizar sobre la violencia obstétrica

La violencia obstétrica es una de las llamadas “violencias ocultas” que padecen las mujeres, en este caso aquellas que atraviesan las etapas del embarazo, el parto y el puerperio. Con el objetivo de visibilizar esta problemática, se presenta este miércoles en el Centro Cultural Héctor Tizón la campaña comunicacional “Somos las protagonistas”.

La actividad se realiza en el marco del proyecto “Cerrando Brechas II: Desnaturalizando violencias ocultas para erradicar la violencia de género promoviendo la igualdad”, y como parte de las actividades promovidas por la Dirección de Paridad de Género de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy. La campaña está compuesta por folletos y afiches elaborados a partir de información que se recolectó entre mujeres de distintas organizaciones y espacios, a través de una encuesta que permitió conocer la necesidad de información que las mujeres tienen sobre sus derechos en el momento de trabajo de parto, parto y posparto.

Verónica Aramayo, referente de la Fundación Siglo 21, una de las organizaciones patrocinantes de la campaña, explicó al programa Día 6 (FM Conectar 91.5), que la invisibilización y naturalización de la violencia obstétrica es muy profunda, porque “se cruza con otras cuestiones, como el modelo médico hegemónico; es decir, quién tiene el saber y el poder en la relación médico paciente”.

“Aquí se pone en juego además el cuerpo de las mujeres, del que se supone que nosotras mismas no sabemos nada”, agregó la además secretaria gremial de la Asociación de Profesionales Universitarios de la Administración Pública (APUAP).

A través de encuestas y formularios que respondieron mujeres de diversos ámbitos es que se llegó a conocer cuál es la percepción respecto de la violencia obstétrica y el parto respetado. Y se arribó a la conclusión de que son muchas las mujeres que no alcanzan a advertir que están siendo vulneradas en sus derechos.

¿Cómo identificar la violencia obstétrica? Aramayo explicó los puntos en los que sintetizaron la temática: la medicalización del parto, la aceleración del parto, el trato a la mujer que atraviesa ese momento y la cuestión de la información.

“La idea es que no se medicalice el parto y que no lo apuren con la idea de que hay tiempos que cumplir. Y hay que tener en cuenta el trato que se le brinda a esa mujer, que está con dolores, atravesando trasformaciones muy grandes en pocas horas, lo que causa irritabilidad”, detalló.

Sobre la falta de información, puso el acento en que hay “muchísimas mujeres que llegan al parto sin saber qué les va a pasar, qué pueden hacer, cómo parir mejor”. En este sentido, analizó que este recorte de la información tiene que ver con la idea de que “el poder lo tiene el que sabe”. Y en estos casos, el paradigma es que el médico o médica a cargo es la única persona que sabe.

“Ese saber es legítimo y es real -aclaró Aramayo-; esa persona estudió una carrera, tiene un conocimiento científico que es valiosísimo porque nos puede salvar la vida. Pero la mujer también sabe. Sabe de su cuerpo, de sus sensaciones, sabe cómo está más cómoda…”

En síntesis, la propuesta integrar ambos saberes, el científico que ofrece la medicina y el vivencial de las mujeres.

Lograr esto, no obstante, requiere no solo una tarea de concientización de las propias mujeres, sino también de las personas que intervienen desde el servicio de salud. Sobre este punto, Aramayo señaló que la provincia de Jujuy no escapa a la realidad del país. “La violencia obstétrica se da en establecimientos públicos y también privados, claro que de distintas maneras, porque el acceso a la información y a los derechos siempre es mayor para quienes tienen más capital social y cultural”, indicó.

En este contexto, la problemática aparece “con mucha mayor crudeza” en los hospitales públicos, “donde acceden las mujeres de sectores populares, que se ven expuestas a situaciones de mucho maltrato”, reveló.

El problema, vale aclararlo, no está en los individuos sino en las instituciones. “Hay que tener cuidado de no demonizar al equipo de salud. Porque acá suelen aparecen bandos: las partidarias del parto humanizado por un lado y los que integran el equipo de salud, que son todos unos demonios, por el otro”.

“Ocurre que las instituciones siempre van atrás de los cambios legislativos. Tenemos nuevas leyes, se visibilizan nuevas cuestiones, pero las instituciones y su personal muchas veces se resisten, por las ideas instituidas”, completó.

La violencia obstétrica y el parto respetado tienen un encuadre legal a través de dos leyes nacionales. La 26.485, del año 2009, de Protección Integral para Prevenir, Sancionar, Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, y la 25.929, de 2015, que se refiere específicamente al parto humanizado y la cobertura, por las obras sociales y las entidades de medicina prepaga, de las prestaciones afines.

El proyecto Cerrando Brechas cuenta con el apoyo financiero de la Unión Europea e involucra a organizaciones referentes de la sociedad civil con una amplia trayectoria de trabajo en relación con la igualdad de género: el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), la Comisión Argentina para los Refugiados y Migrantes (CAREF), la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), Mujeres en Igualdad (MEI), y la Fundación Siglo 21.

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