El último discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante Naciones Unidas terminó de consolidar entre sus pares del mundo la demanda impulsada por Argentina para que el organismo deje de ser sólo un órgano deliberativo de situaciones políticas y de conflictos y pase a tomar un rol más activo en cuestiones económicas y financieras.
Con casi la mitad de exposición dedicada a contarle a los participantes de la Asamblea el camino que transitó la Argentina para reestructurar su deuda y las constantes obstaculizaciones de los fondos buitre y de parte de la justicia estadounidense, Cristina profundizó los apoyos que el país viene recibiendo en esta temática desde hace varios años.
Rememoró la frase de Néstor Kirchner que se convirtió en un faro para lo que luego fue el proceso de reestructuración de la deuda externa argentina: «Los muertos no pagan las deudas», había dicho el entonces presidente argentino ante sus pares del mundo en el plenario de la ONU.
Tampoco dejó pasar uno de los factores principales que llevaron al crecimiento de Argentina como país en el transcurso de los últimos 12 años, como es el hecho de que el país haya podido «reconstruir su economía y su sociedad cuando la política volvió a tomar el comando de la economía».
Fue una de las pocas que se refirió, aunque sea modo de ejemplo, a la persona del presidente de Estados Unidos con nombre y apellido, cuando rechazó que el gobierno argentino tenga «complicidad» con Irán como pretenden deducir algunos analistas locales e internacionales.
«¿Qué es entonces el presidente Barack Obama también?», dijo cuestionando a los mismos intérpretes por lo que deberían obtener como conclusión del acuerdo de no proliferación de armas nucleares del que participan, entre otros, Estados Unidos e Irán.
La causa AMIA, con el consecuente pedido para que Estados Unidos colabore en datos del ex funcionario de inteligencia argentino prófugo que estaría en este país, también mereció un amplio despliegue por parte de la presidenta.
La consolidación de América latina como región, el reconocimiento al Papa Francisco por su trabajo en la reconstrucción de relaciones entre países enfrentados y el pedido a favor del diálogo y en contra de las guerras, fueron los ejes de la etapa final de su exposición.
El tema Malvinas, expuesto por Argentina en cada una de las últimas intervenciones, quedó fuera del discurso por una cuestión de tiempo -las intervenciones son de aproximadamente media hora-; lo que fue aclarado por el canciller Héctor Timerman ante interpretaciones maliciosas de parte de los medios hegemónicos argentinos.
A diferencia de ediciones anteriores, donde la comitiva argentina permanecía en Nueva York por aproximadamente una semana, esta vez la Presidenta sólo estuvo tres días, por lo que no se realizaron tantas reuniones bilaterales ni otras presentaciones en instituciones intermedias.
Sin embargo, fuera de lo que fue el discurso principal de ayer, resumió en otros tres encuentros los temas que preocupan a nivel global y las relaciones internacionales que el país reivindica.
En su exposición del domingo en la conferencia de líderes mundiales sobre igualdad de género y empoderamiento de la mujer, en la que se buscaba un compromiso de los países en la materia, puso ante sus pares un manto de realismo: «Soñar con la equidad de género en un país inequitativo con grandes brechas sociales, es simplemente retórica o ilusión”.
En su estadía en la sede de la ONU, la Presidenta se reunió ese día con dos presidentes, el venezolano Nicolás Maduro y el chino Xi Jinping, de cuyos encuentros no trascendieron detalles, pero que sirvieron para marcar la importancia de la unión latinoamericana y el reconocimiento al país asiático como ‘locomotora’ de la economía mundial.
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