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Argentina tiene los recursos que el mundo necesita: ¿Vamos a regalar el litio?

Por Oscar Parrilli*. En los últimos años hemos leído y escuchado que Argentina posee los recursos naturales que el mundo necesita: gas, petróleo, agua, hidrógeno, sol, vientos, litio.

Nos dicen que tenemos que apurarnos y aprovechar esta “oportunidad única”, ya que ayudaríamos a salvar al mundo -especialmente Europa- y a nosotros mismos de la crisis global.

Según los “especialistas” con esto llegaría una generosa lluvia de inversiones extranjeras, que atraería las codiciadas divisas a nuestro país y permitiría un flujo constante de exportaciones de las materias primas que demanda el mundo. Lo único que haría falta es ser vivos y no perder el tren.

Dicen que Argentina tiene las mejores reservas de Litio; y que en breve nuestro país pasaría de producir 30 mil a 150 mil toneladas del recurso estrella del siglo XXI, si entran en operación todos los proyectos. De esta manera nos posicionaríamos como un actor central e indispensable en el mercado mundial del “oro blanco”.

Litio argentino: «la gran esperanza»

Para el establishment internacional, de los tres países que conforman el famoso “Triángulo del litio”, nuestro marco normativo es el más atractivo para la inversión extranjera. Para ellos sería un pecado modificarlo, ya que generaría “desconfianza” en los inversionistas y sacaría a nuestro país de su “virtuoso sendero exportador”.

The Wall Street Journal publicó un artículo donde afirma que “Argentina es la gran esperanza para el aprovisionamiento global de litio por estar más abierta a la iniciativa privada”. Pero advierte que “el problema sería el peronismo y su búsqueda de que el Estado intervenga en la explotación del litio”.

The Economist publicó otro, donde afirma que si bien nuestro país es “económicamente disfuncional, el litio es, por ahora, un raro punto de esperanza”. El diario inglés resalta que “a diferencia de Chile y Bolivia, el litio no se considera un recurso estratégico en Argentina” y que “el Estado juega un papel pequeño”, lo que es muy bien visto por los inversionistas. Continúa haciendo un vasto análisis del funcionamiento del Estado y de la política nacional para afirmar que “las leyes mineras son difíciles de cambiar” y “los gobernadores de las tres provincias litíferas no tienen miedo de oponerse al gobierno”. ¿Injerencismo?…

¡Hola qué tal!

Dato mata relato

El marco normativo que tanto elogian es el Código de Minería de 1886. Allí se aclara que el Estado, si bien es el dueño de los salares y minas, no puede explotarlos. Tiene que concesionarlos a un privado para que lo haga. El privado se transforma en el dueño del salar o mina para siempre y puede venderlo, alquilarlo o heredarlo, como si fuese un departamento o un auto.

Por explorar salares y minas de litio las empresas pagan por única vez un canon de $1.600 por 500 hectáreas. Cuando ya tienen la concesión para explotación, pagan $320 anuales por cada 100 ha. Ser dueño de 100 hectáreas del recurso más preciado del siglo, es más barato que hacerse un asado o ¡un guiso!

A su vez, los beneficios impositivos son desmesurados. Por la ley de inversiones mineras 24.196 de 1993, las empresas pagan a las provincias regalías del 3% sobre el precio de boca de mina (el más bajo del mercado), sobre el cual además se deducen costos de transporte, trituración y administración. Por la misma ley, tienen estabilidad fiscal por 30 años, están exentas del impuesto a las ganancias y del pago de derechos de importación, entre otros.

Ninguna de las dos empresas que operan en Argentina comercializa en el mercado interno, sino que exportan la totalidad de su producción. Por eso, para el proyecto de baterías de litio que se desarrolla en La Plata se importa litio de Chile o se piden donaciones a las empresas.

La viveza, ¿es criolla?

Como si fuera poco, las empresas reciben reintegros a la exportación por parte de Nación, que van del 2,5% al 5% de las ventas; producto de un conjunto de decretos y resoluciones vigentes desde 1993.

Durante el gobierno de Macri, las pérdidas económicas del Estado fueron de U$105 millones, esto se debe en gran parte a que Cambiemos eliminó entre 2016 y 2019 los derechos de exportación a muchos productos, entre ellos, el litio.

Finalmente, en 2020 se fijó el derecho de exportación para los compuestos de litio en un 4,5% desde el 1 de enero de 2021.

Por otro lado, en el marco de las reformas al sector minero, en 1993 se establecieron reintegros del 5% para las exportaciones de minerales y en 1998 se incorporó al litio y derivados, un año después de que entrara en operación la primera empresa extranjera de litio en Argentina.

En 2002 se redujeron los reintegros al 2,5%. El gobierno de Cambiemos primero los elevó, pero tuvo que disminuirlos al 1,5% en 2018, obligados por la reducción de subsidios que imponía el Fondo.

Sin embargo hay algo que todavía no cierra: En teoría los porcentajes de derechos de exportación son mayores que los reintegros desde 2020, pero el Estado sigue devolviendo más dinero del que recauda a las empresas litíferas. ¿Cosa de mandinga? El descalabro es tal que entre 2015 y 2022 perdimos U$137 millones. Una verdadera catástrofe.

Que feos nos vemos en el espejo chileno

En 2022, las exportaciones de carbonato de litio significaron U$443 millones, lo que no llega a ser ni una décima parte de los U$7.684 millones que lleva exportado Chile, a pesar de que también operan sólo dos empresas y compartimos la misma región geográfica. Desde 2017 las exportaciones aumentaron un 900% en Chile, incluso habiendo reformado los sagrados contratos con las empresas, lo que significó un amplio aumento de la carga impositiva: las regalías están en un 40%, el canon es en dólares y las empresas tienen que invertir parte de sus ganancias en las comunidades y en proyectos de ciencia y tecnología.

Por su parte en Argentina, con un marco normativo favorable a las empresas, las exportaciones sólo se duplicaron. Sin embargo, el aumento de las exportaciones en Argentina no se debe a producción adicional, sino al aumento del precio internacional.

La producción de Chile este año alcanza las 200 mil toneladas. En Argentina apenas supera las 20 mil toneladas.

El auge en la demanda del litio llevó a que entre marzo de 2021 y marzo de 2022 el precio internacional de la tonelada de carbonato de litio pasara de U$15 mil a U$70 mil. A pesar de los aumentos internacionales y de que la AFIP estableció un precio de referencia para las exportaciones de carbonato de litio en U$53 mil la tonelada, las empresas en Argentina han exportado este año en un promedio de U$20 mil la tonelada.

Hace ya muchos años que el precio de exportación que declaran las dos empresas que operan en Argentina es ampliamente inferior al precio de mercado y al precio que declaran las empresas en Chile. No es ninguna novedad que existe un grave problema de subfacturación de precios y cantidades; una de las empresas que opera en Argentina tiene varias denuncias por subfacturación.

En resumen, se llevan el litio y los dólares, le “subsidiamos” a las empresas las regalías y los derechos de exportación con las “devoluciones”, las exceptuamos de casi todos los impuestos y permitimos que subfacturen. Así, no hay país que aguante.

Evidentemente las oportunidades que nos ofrece el mundo no derraman beneficios automáticos. Aprovecharlas en función del desarrollo nacional requiere de un Estado inteligente y robusto, que articule sus capacidades, que planifique su política económica, que ejerza una política exterior soberana y que sea capaz de poner límites a los grupos económicos para distribuir la riqueza generada por estas actividades.

No se trata de obstaculizar la inversión extranjera ni de impedir la participación del capital privado ni de nacionalizar el litio, porque los recursos son de las provincias. Se trata de ordenar la actividad para que las provincias y la Nación recauden lo que corresponde, se agregue valor en territorio nacional, se genere empleo y las empresas privadas tengan una ganancia razonable.

Si no, repetiremos la historia ya conocida en nuestro país: exportamos cuero e importamos zapatos, exportamos algodón e importamos indumentaria, exportamos quebracho e importamos muebles, exportamos petróleo e importamos plásticos, es decir, exportamos materias primas a muy bajo costo, para luego importarlas en forma de bienes industriales de alto valor, garantizando las ganancias extraordinarias de unos pocos y la pobreza de millones.

Argentina tiene los recursos que el mundo necesita pero ¿se lo vamos a regalar?

* en Página/12

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