Arsat, la empresa estatal superavitaria y estratégica clave para la comunicación del país

Por Gustavo Sarmiento, en Tiempo. La primera excusa para vender una empresa pública suele ser su balance deficitario. Ocurrió en los 90 y esa música privatizadora vuelve a sonar con la inminente asunción de Javier Milei. YPF, Aerolíneas, AySA. Sin embargo, la situación de la empresa estatal de soluciones satelitales Arsat (de la que salieron trascendidos por una posible negociación con el magnate mexicano Carlos Slim) dista de esa visión. No solo es estratégica para el país tanto por la conectividad que genera en zonas distantes del país como por las divisas que trae a partir de la venta de servicios al extranjero, sino que también es superavitaria.

En los últimos cuatro años los ingresos se incrementaron 823%. Su accionar fue potenciado por un acuerdo con el Ministerio de Educación para llevar conectividad terrestre y satelital a escuelas de todo el país, especialmente las rurales.

En base a datos de un informe preliminar al que tuvo acceso la agencia Télam, se destaca que todas las unidades de negocio «registraron incrementos» en el período 2019-2023, sin depender de los recursos del Tesoro.

El centro de datos (DataCenter) es la unidad de negocios que verificó mayor incremento de ingresos: 825% en cuatro años. Lo logró a través de la venta de servicios a organismos del sector público y a empresas privadas.

La Unidad Terrestre, que incluye la Red Federal de Fibra óptica (Refefo), marcó un incremento del 558%, y la Satelital (con los satélites de telecomunicaciones Arsat 1 y Arsat 2, que ya operan desde el espacio, más la adquisición de capacidad de terceros para la banda Ka) registró un aumento de ingresos de 285%.

Arsat también desarrolla aplicaciones de datos espaciales, servicios profesionales de configuración, instalación, alojamiento de datos. Y lleva adelante la Red Federal de Telesalud y Comunicación.

Personal de la empresa habló con Tiempo sobre la posible privatización: «Por ahora son solo rumores. Ya pasó años anteriores. Con nosotros es más difícil de justificar la venta, somos estratégicos y damos ganancia».

Magnate

Según noticias surgidas en los últimos días, sobre todo luego del balotaje, el presidente electo Javier Milei evalúa la posibilidad de que Arsat sea una de las empresas del sector público que se privatice próximamente. La interesada sería la empresa América Móviles, del magnate mexicano Carlos Slim, dueño de Claro, y una de las personas más ricas del mundo.

Según consignó La Política Online, quien estaría realizando el negocio en nombre de Milei sería Darío Epstein, ex funcionario menemista, «experto en cuestiones financieras y bursátiles que estuvo detrás de algunas privatizaciones de empresas estatales que se llevaron adelante en la Argentina durante los años 90».

La forma de la privatización sería a través de la venta de las acciones de la empresa a Slim, para evitar tener que enviar una ley al Congreso. El empresario mexicano ya posee el 9% de YPF, aunque esta última es apetencia de Paolo Rocca, de Techint, otro gran aportante a la campaña del libertario.

Desde la empresa azteca, el vocero Arturo Elías salió al cruce de estas versiones al asegurar que «es todo falso», en respuesta a consultas de agencias internacionales.

La desmentida se centraba en la noticia publicada en varios portales locales, que coincidían en señalar la existencia de un acuerdo y que el precio que iba a pagar Slim por Arsat rondaría los 930 millones de dólares.

Lo de Arsat trae otro cruce entre Milei y Macri, ya que el expresidente se inclina más por el holding de Telecom/Clarín. De hecho el año pasado el candidato a vicepresidente de Boca había declarado que Arsat no se iba a vender porque la empresa genera ganancias.

Daniel Arias considera que un beneficiario de quedarse con Arsat sería el propio Clarín (¿Y lo de Slim podría ser una pantalla?): «Ante todo, evitaría la posibilidad, que siempre fue remota, de pagar tarifas reales por su uso. Por ahora, paga tarifas de chiste -es decir subsidiadas- a través de fachadas como Red Intercable, formada por 230 pymes de 580 ciudades en 21 provincias argentinas. Ergo, el segundo mayor multimedio de Sudamérica hoy paga como si fuera una flaca cooperativa pueblerina. Si te volvés el dueño de la Refefo, no pagás nunca más y los demás usuarios te pagan a vos».

«Pero además sería una adquisición que daría acceso a poderes ilimitados sobre ese nuevo órgano del cuerpo humano: el celular, el soporte físico por el cual el argentino de a pie se informa o desinforma –continúa–. Hay dos problemas con esto de ser el nuevo amo de la Refefo: si no se la mantiene, y eso cuesta plata, se cae; y sólo la puede mantener un grupo que se sabe a prueba de todo. Clarín califica, Slim, no sé. Aquí al mexicano le va bien, pero no juega de local. El otro problema es que Arsat gana plata, no la pierde«.

Y remarca que Arsat es propietaria legal y efectiva de todos sus activos, no una gerenciadora: «Para enajenarlos, se requiere una ley aprobada por ambas cámaras del Congreso, donde las cosas son resbaladizas porque no hay mayoría segura».

Precio

Como escribe Daniel E. Arias en el portal AgendAR, Arsat no puede venderse porque su infraestructura de comunicaciones no tiene precio: «El que compre Arsat, si sucede (y sería trágico para el país) no puede pagarla. Cualquier cifra es una estafa al estado. No puede porque más allá del puro prestigio, Arsat tiene demasiados activos demasiado estratégicos. Pero hay uno que sencillamente no tiene tasación posible: la Refefo, Red Federal de Fibra Óptica».

Se trata de una estructura anillada de enorme ancho de banda y 38.000 km de extensión lineal, que cubre todo el país continental. La mayor obra de integración territorial de la Argentina en el siglo XXI, que en su caso transporta información. Relata Arias que la Red no tiene estructura lineal sino que es una malla de enormes anillos regionales. Se hizo con plata e ingeniería propias, cubre todo el país continental con inclusión de la Patagonia y no hay modo de que el país funcione sin ella.

Arsat, fundada en 2003 como una empresa de soluciones satelitales, ya conecta a más de 1300 localidades en todo el país.

Sólo en el primer año de pandemia la red soportó un incremento del tráfico del 87%, directamente relacionado con la variedad de actividades que dejaron de realizarse en forma presencial y pasaron a concretarse en línea. Muchas de ellas aún persisten, y son clave para el futuro y la modernización de los servicios del país, como las historias clínicas digitales.

Clases virtuales, reuniones de trabajo, comercio electrónico, incorporación de nuevas aplicaciones como Mi Argentina para tener a mano los certificados de vacunas Covid, requieren de una infraestructura de fibra óptica que permita que los proveedores de internet minorista llegaran a los hogares con conexiones de calidad.

Cuenta Arias que antes de la construcción de la Refefo, internet y la telefonía celular eran pésimas incluso en el AMBA. Y del interior, ni hablar. Entre 2004 y 2015, la velocidad promedio de internet en Argentina se multiplicó casi 400 veces.

«El que se quede con la Refefo será además el dueño de las comunicaciones hiperveloces 5G. Además de cobrarnos el uso de una autopista construida con plata federal, el posible dueño privado de la Refefo tendrá el mismo control de la información que adquirió el grupo Clarín durante el Proceso cuando se hizo con las acciones de Papel Prensa», grafica.

Estratégica

Pero además, Arsat es estratégica: lleva conectividad con fibra óptica y enlaces terrestres a más de 14.400 escuelas, y por satélite entrega internet de alta calidad a otras 1900. Del mismo modo en que hay lugares del país adonde solo llega Aerolíneas Argentina o que solo tienen como medio de comunicación a Radio Nacional, se podría pensar: ¿un privado lo haría? ¿Le significaría «rentabilidad» llevar conectividad a escuelas rurales aisladas?

También se vuelve esencial para momentos de catástrofe, como fue la pandemia. En ese momento, unos 300 centros de salud, muchos de ellos en la zona cordillerana, sin ninguna forma de comunicación de datos previa, tuvieron conectividad a través de las antenas que colocó el personal de Arsat. Eso permitió que los equipos de salud trabajaran en red con otros establecimientos, por ejemplo a través de interconsultas con especialistas, evitando traslados innecesarios.

Tan exitoso fue el proyecto que extendieron el servicio y hoy cubre unos 2000 centros de salud de atención primaria de todo el país.

También están las 104 antenas de la Televisión Digital Abierta (TDA), desmanteladas durante el gobierno anterior, y sobre todo los grandes protagonistas, naves insignias de la empresa: los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones Arsat 1 y 2, lanzados en 2014 y 2015. Siguen en pleno funcionamiento, ganan unos U$S 40 millones al año, ubicaron a la Argentina en el top ten de países satelitales del mundo y proveen internet a escuelas rurales, comisarías, municipios, hospitales de ciudades chicas y destacamentos militares en zonas despobladas, incluidas las bases antárticas argentinas. Tienen vida útil mínimo hasta el 2030.

Los siguientes Arsat fueron discontinuados por el gobierno de Mauricio Macri. Hoy está en diseño en Invap el satélite SG-1, con la misma tecnología, con un enorme potencial de ancho de banda. Todo siempre y cuando el gobierno entrante lo permita y lo promueva.

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