Movilización en La Paz en apoyo a Evo Morales

Bolivia: Una señal de alarma para la región 

Por Gabriela Tijman. Después de una semana bastante convulsionada en Bolivia, el fin de semana hubo una especie de tregua en todo el país por el día de todos los santos y todos los muertos. Desde la oposición se anunció que no iban a hacer nada y el gobierno pidió tiempo hasta que finalice la auditoría de la OEA. Todo indica que este lunes se van a retomar las protestas, mientras trabaja el equipo auditor, que arrancó con problemas. Un panorama complejo que pone en riesgo la estabilidad institucional del país andino a través de una “confabulación triangular”, tal como denunció el vicepresidente Álvaro García Linera.

Sebastián Moro, periodista argentino residente en La Paz, compartió sus reflexiones sobre la actualidad boliviana con el programa Día 6 (FM Conectar, 91.5). “Los paros cívicos comenzaron en algunos puntos el mismo 21 de octubre, el día después de la elección, y siguieron después de manera más organizada en el resto del país, sobre todo desde la semana pasada, con cortes de calles en muchos puntos de las ciudades y en los accesos”, repasó.

La tensión aumentó cuando comenzaron los enfrentamientos de la oposición con las organizaciones sociales que respaldan a Evo Morales y que también están movilizadas en defensa de la democracia y el voto popular. De parte del gobierno, no hubo todavía acciones represivas de magnitud. Sin embargo, los incidentes ya produjeron la muerte de dos personas y decenas de heridos.

“Hay una falta de voluntad de destrabar la situación; la situación es alarmante”, analizó Moro.

Es que el proceso electoral del 20 de octubre, que le dio la victoria en primera vuelta a Evo Morales, fue cuestionado por la oposición encabezada por el candidato Carlos Mesa, líder de Comunidad Ciudadana. Fue a partir de esas expresiones que el presidente propició que la OEA realice una auditoría de los comicios, que sin embargo la oposición no está dispuesta a reconocer, sea cual fuera el resultado.

“Todo comenzó incluso antes de las elecciones. Los principales sectores de la oposición, que al final se encolumnaron con Mesa, ya habían adelantado que no iban a reconocer el resultado y que iba a haber fraude. Después del 20 de octubre pidieron una segunda vuelta, pero ahora directamente dicen que desconocerán la auditoría de la OEA y piden que se repita la elección. Incluso algunos piden la renuncia del presidente Morales”, describió el periodista.

Carlos Mesa fue invitado por el gobierno de Bolivia a participar de la auditoría, pero cuando ya estaba todo definido, el miércoles pasado, antes del arribo de los delegados de la OEA, Comunidad Ciudadana informó que desistía. “Especulan con el tiempo, con la paciencia de la población y con la capacidad de resistencia que tenga el gobierno”, señaló Moro.

“No se entiende el juego -continuó-; parece que han primado los sectores más radicalizados, que han terminado por arrastrar el descontento de la población que no votó a Morales”.

Claro que este proceso no se inició en las últimas semanas. Moro vuelve atrás en el tiempo, al referéndum del 21 de febrero de 2015 convocado que la ciudadanía se exprese sobre si Evo podía repostularse o no. “Allí se produjo uno de los primeros episodios de noticias falsas a gran escala, que influyó y afectó la imagen de Evo quizás hasta el día de hoy, con la divulgación diez días antes del 21F de que el presidente tenía un hijo no reconocido. Menos de dos semanas después, los mismos que habían propalado esa información admitieron que había sido una operación con intereses político. Pero a partir de ahí nunca se recuperó la imagen de Evo, sobre todo en la clase media y en sectores urbanos. Y principalmente a través de los medios privados se intensificó la campaña de deslegitimación, el ataque constante a todo lo que sea los programas y las iniciativas que lleva adelante el gobierno”.

“Esto terminó por consolidar una masa crítica ultra repulsiva, muy manipulable con cualquier tipo de versiones, a través de un consumo masivo de propaganda política malintencionada”, completó Moro.

En el presente, además, se sumaron las redes sociales como vehículos de esta campaña, algo que no estaba presente durante los intentos de debilitar al MAS que se dio entre 2006 y 2008, con epicentro del Santa Cruz de la Sierra, desde donde se intentó impulsar un golpe de estado que finalmente fracasó. Ahora, explicó Moro, esa estrategia está potenciada no solo por el uso de esas herramientas de propalación de información, sino también con el financiamiento directo de las estructuras de la oposición.

Esas estrategias tienen nombre y apellido. Moro detalló: “Por ejemplo, los cacerolazos que se dan en las principales ciudades a partir de las 21 horas, que no son tan masivos, se dice que están organizados con la lógica de un propagandista de origen brasileño que ha trabajado en la campaña de Jair Bolsonaro; lo cual no es descabellado porque la oposición más extrema en Santa Cruz, antes de las elecciones, fue asesorada por grupos afines al presidente de Brasil”.

En este contexto, resulta imposible eludir la lectura regional. “Parece fácil comprobar que en Bolivia existen factores en común con otros intentos que lleva sobre todo Estados Unidos para influir en la región”, consideró el periodista.

En este sentido, mencionó las denuncias que hizo el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera respecto de una confabulación llevada adelante a través de un triángulo: “Carlos Sánchez de Berzaín, exministro de Sánchez de Losada que está prófugo en Estados Unidos, responsable de más de 60 asesinatos, sería el articulador externo de ese triángulo, que incluye al croata Branko Marinkovic, sindicado como cabecilla y financista de las revueltas de 2008, y al propio expresidente Carlos Mesa, candidato de Comunidad Ciudadana”.

“En la última semana han surgido los más extremistas de manera más palpable de la mano de los llamados Comités Cívicos, en Santa Cruz y Potosí, en su mayoría representados por separatistas millonarios con un discurso más repulsivo no solo hacia Evo sino también hacia todo lo indígena, un discurso que se ha ido imprimiendo en las marchas urbanas, que antes tenían un perfil más de centro”, indicó Moro.

En medio de un panorama complejo, de máxima tensión, es que trabaja en Bolivia el equipo de la OEA, integrado por unas 30 personas. Equipo que arrancó con problemas, en realidad, ya que el jefe de la misión, el mexicano Arturo Espinosa, renunció el viernes argumentando que no quería influir en la imparcialidad que necesita el trabajo. “Las últimas semanas había estado haciendo declaraciones en contra de la repostulación de Evo Morales, entonces uno se pregunta por qué no rechazó directamente el cargo antes de llegar a Bolivia”, reflexionó Moro.

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