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El infame disfraz de la desmemoria

Por Rodrigo Zapana y Esteban Mayorga (Para H.I.J.O.S. Jujuy)

El pasado jueves tuvo lugar la 40° audiencia del sexto juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la provincia de Jujuy, causa que retomó su marcha tras la última feria judicial del mes de julio. En esta oportunidad declararon Emiliano Acevedo (ex efectivo policial), Juan Carlos Avendaño, ex miembro del comando radioeléctrico, Simón Arenas (ex policía), y Fidel Antonio Maza, quien conoció al desaparecido Juan Ángel Robles y que prestó declaración mediante videoconferencia desde el Tribunal Oral Federal de la provincia de Salta.

La próxima audiencia será el jueves 22 de agosto a las 8:30 horas, en el Tribunal Oral Federal (TOF) de calle Senador Pérez N° 182.

En cuanto al resto de testigos citados para la audiencia como Luis Armando Gerván, que debía declarar desde el Tribunal Oral de Catamarca, responsables del programa Verdad y Justicia informaron que el mismo expresó no encontrarse en condiciones emocionales para brindar testimonio. Asimismo, los testigos Adelaida Corbalán y Gerardo Antonio Herrera no fueron encontrados en los domicilios consignados y por último se notificó que Mario Siles se encontraría fallecido.

“Lezcano fue mi superior, y a la vez fue mi amigo”

El primer testigo que prestó declaración fue Emiliano Acevedo, ex efectivo policial que tras tomar su lugar frente al Tribunal manifestó sufrir problemas de salud relacionados a su edad y una presunta dificultad auditiva. Acevedo sostuvo que ingresó a las filas de la policía de la provincia en 1957 y se retiró en el año 1984, detallando además que durante su carrera policial se desempeñó como agente, luego como integrante de la fuerza de caballería, posteriormente en el cuerpo de infantería y finalmente en el área de investigaciones.

Después de reconocer en la lista de imputados al represor y ex comisario José Américo Lezcano, el testigo aseguró ante el Tribunal: “Francamente les voy a decir que Lezcano ha sido mi superior, y a la vez era mi amigo, así que no tengo nada para declarar en su contra, yo les voy a decir la verdad”, manifestó.

Emiliano Acevedo explicó que durante el año 1976 se encontraba trabajando dentro del cuerpo de infantería de la policía de la provincia y que en ningún momento de su carrera estuvo relacionado a la Gendarmería Nacional ni a ninguna otra fuerza armada.

Posteriormente, las preguntas de la querella H.I.J.O.S. Jujuy, representada por María José Castillo, pasaron a centrarse en la figura del genocida José Américo Lezcano y la relación de amistad que el testigo expresó haber mantenido con el represor. “A Lezcano, si no me equivoco, lo conocí cuando se desempeñaba como oficial sumariante”, indicó.

Dadas las reiteradas imprecisiones en las declaraciones de Acevedo y su aparente dificultad para oír las preguntas que se le realizaban, el juez Mario Marcelo Juárez Almaráz, reaccionó exaltado contra la letrada, exclamando de forma grosera: “Doctora, ¿Por qué no le pregunta si el testigo trabajó en Ledesma o si estuvo durante esos años en esa localidad? ¡Para que lo aclare y no lo confunda más!”, esto suscitó malestar en el público, y se escucharon exclamaciones en repudio a la actitud del juez por parte de militantes del organismo de derechos humanos que la abogada representa.

A continuación, la abogada querellante respondió sorprendida al reclamo del magistrado y prosiguió reformulando la pregunta al testigo sobre su trabajo en la mencionada localidad azucarera.

Acevedo respondió: “Si, trabajé en Ledesma, yo presté servicios en el tiempo en que llegaba personal contratado desde Bolivia, y a nosotros nos mandaban a cuidar esa gente que traían a trabajar al ingenio, éramos alrededor de 6 efectivos. No recuerdo quién era mi superior en ese tiempo, pero prestábamos un servicio aparte, hacíamos de seguridad, cuidando que la gente no se pelee dentro del ingenio. Esto fue más o menos en el año 1961 o 1962, no lo puedo recordar con exactitud, pero la orden nos la dio el señor Gobernador de la provincia de aquel entonces”. Estas palabras, no hicieron más que recordar al público presente las profundas e históricas relaciones de servidumbre de los gobiernos provinciales de turno hacia la empresa Ledesma.

Más tarde, Acevedo sostuvo que cumplió funciones como guardia en el ex Centro Clandestino de Detención de Guerrero durante un periodo de 3 o 4 meses en los años 70, aunque posteriormente se desdijo, sosteniendo que fue entre los años 1980 y 1982.

Según el testigo, su tarea fue custodiar la escuela de policías emplazada en esa localidad, algo que, según él, no fue de su agrado por lo que solicitó a sus superiores un traslado, que tras ser aprobado lo llevó a desempeñarse como guardia en el penal de Gorriti.

A continuación, las declaraciones del testigo volvieron a tornarse contradictorias debido a que indicó que durante el año 1976 trabajó en la central de policía, pero posteriormente aseguró que en ese mismo periodo se desempeñaba en el área de investigaciones policiales, en una oficina ubicada sobre un “supuesto” Cine Mitre, datos que se contradijeron sustancialmente con su declaración previa, al inicio de la audiencia, donde manifestó que durante ese año estuvo afectado al cuerpo de infantería.

En medio de esta confusión, se le solicitó responder concretamente si durante el año 1976 tuvo conocimiento sobre la presencia de presos políticos en las dependencias policiales donde trabajaba, algo que fue utilizado por el abogado de la defensa, Dr. Rodríguez Vega para argumentar que la querella pretendía confundir al testigo con preguntas poco precisas. Ante esta objeción, el Tribunal decidió por unanimidad no dar a lugar el reclamo de la defensa sosteniendo que la pregunta formulada por el cuerpo de fiscales era “objetiva, y referida a un momento en particular”.

Tras responder falsamente que nunca tuvo conocimiento sobre la detención de presos políticos durante el año 1976, el sujeto concluyó su declaración y se le permitió abandonar la sala.

Acevedo había sido mencionado por una víctima que estuvo confinada en el CCD Guerrero durante su declaración testimonial de octubre del año pasado en este juicio. El ex policía, pocos años atrás, reconoció a la testigo en una reunión social en la localidad de Guerrero, se acercó y le hizo una confesión espeluznante: “yo conozco todo este lugar, conozco toda esta serranía, aquí hemos luchado contra la guerrilla y hay un montón de guerrilleros muertos que los han tirado en bolsa para los perros”.

Pedido de falso testimonio para ex policía CCD del comando radioeléctrico

A continuación, declaró Juan Carlos Avendaño de 65 años de edad, un hombre que al entrar y tomar asiento en la sala se mostró particularmente nervioso e incómodo. Declaró haber ingresado a trabajar en el año 1975 en la central de policía de la provincia de Jujuy cumpliendo funciones de mayordomía. “Yo era como un mozo, les servía café a los jefes”, mencionó.

Según Avendaño, en 1976, contaba con 23 años de edad y cumplía solo funciones de maestranza, en las cuales permaneció durante 15 o 16 años. El testigo aseguró: “Le servía café únicamente al oficial Gentiluomo, y en otras ocasiones a los oficiales de la plana mayor cuando había reuniones, esa era mi tarea”, declaró.

Además, negó rotundamente haber sido integrante del comando de radiopatrullas y de haber conocido al comisario Ernesto Jaig, del cual dijo que solo escuchó comentarios dentro de la central de policía. Precisó también que su horario laboral era desde las 7 de la mañana hasta las 13 horas y que su lugar de trabajo se encontraba ubicado entre las oficinas de antecedentes y la sección de fotografía.

Con actitud esquiva, negó haber prestado servicio a personal militar o haber visto presos políticos, y que solo salía de su puesto si este se lo solicitaba. “Nunca vi nada que me llamara la atención y tampoco escuché ningún tipo de gritos”, expresó de forma tajante.

En el mismo sentido, aunque minutos antes había afirmado que prestó servicios ocasionalmente a la plana mayor durante sus reuniones, Avendaño indicó no haber conocido nunca al Mayor del Ejército, Donato Arenas, jefe policial durante la dictadura, e incluso manifestó no recordar el día del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

Inmediatamente, desde la fiscalía, se le consultó al testigo lo siguiente: “¿Recuerda usted haber prestado declaración en el año 1984 en una sede policial a raíz de una denuncia presentada por la señora Hilda Aguado de Cosentini?”, la respuesta de Avendaño fue nuevamente un rotundo “no”, tras lo cual la audiencia tomó un giro sorpresivo, debido a la existencia de un documento, incluido en el expediente de la causa, donde él mismo asegura haber prestado servicio en el comando de radiopatrullas durante el año 1975.

En ese momento el documento fue exhibido ante la defensa y seguidamente ante el supuesto ex mozo de la central de policía, el cual, luego de analizar detenidamente el texto, la firma y los datos personales, los reconoció inequívocamente como propios.

Sin embargo, el testigo insistió en sus actuales declaraciones, negando en tres ocasiones haber trabajado en el comando radioeléctrico durante los años 1975 y 1976. “Siempre fui personal de maestranza, nunca estuve en la carrera de personal policial, ni oficiales, ni sub oficiales”. Tras estas palabras, Juan Carlos Avendaño finalizó su testimonio.

Ante esta situación irregular, la querella de H.I.J.O.S. Jujuy, le solicitó a la presidencia del Tribunal Oral Federal, tenga a bien remitir una copia de la actual declaración del testigo, entendiendo que se estaría frente a un posible delito de falso testimonio, petición a la cual Federico Díaz, junto a sus pares, María Alejandra Cataldi y Juárez Almaráz dieron a lugar, indicando que mediante secretaría se haría entrega de toda la documentación solicitada.

El paracaidista al que se le voló el pasado

Simón Arenas fue el tercer testigo en declarar, dijo que ingresó a trabajar en la policía de la provincia de Jujuy, en el año 1972, en la comisaría de la localidad La Esperanza, y que durante el año 1976 se desempeñó en el Centro Clandestino de Detención (CCD) Comando Radioeléctrico, allí era custodio del gobernador de facto, Fernando Urdapilleta, quien vivía en el barrio militar en la zona del Dique la Ciénaga. Según Arenas las salidas más habituales eran hacia la casa de gobierno, y ante las preguntas de la fiscalía, eludió hablar sobre visitas al Regimiento de Infantería de Montaña (RIM 20), el penitenciario de Gorriti, Guerrero, Comando Radioeléctrico y otros centros clandestinos de detención.

Arenas mencionó que el comisario Ernesto Jaig, era jefe del Comando Radioeléctrico durante la dictadura militar del año 1976, y, además, esquivó las preguntas sobre detenciones ilegales a presos políticos, desconoció la existencia del área 323, desde donde los altos mandos del ejército gestaban las acciones represivas, entre los que estaban el Coronel Bulacio, Juan Carlos Jones Tamayo, y Rafael Mariano Braga.

Contó que en el año 1977 hizo un curso de paracaidismo a los fines de estar preparado para hacer rescates en zona de montañas, y en la década de 1980 lo designaron para trabajar en el cuartel de bomberos en la ciudad de San Pedro de Jujuy.

Sobre personal de las fuerzas de seguridad y los imputados en la causa dijo: “Claros era oficial superior de recorridos en el comando de Radio Patrullas, Armando Ruiz hacía radio operación y José Américo Lezcano, lo conocí en San Pedro, tenía un cargo de comisario”.

“El Pájaro Loco nunca salió”

Fidel Maza fue el último testigo en de la jornada, declaró mediante sistema de videoconferencia, desde el TOF de la provincia de Salta, y manifestó haber conocido a Juan Ángel Robles* “Pájaro Loco”, víctima de desaparición forzada y a su hijo, Juan Ángel Robles: “Éramos amigos del barrio”, recordó.

Maza dijo que acompañó a Juan Ángel Robles hijo al penal de Gorriti, cuando les informaron que Iban a liberar a Robles Padre: “Yo fui a la sección trasera del servicio penitenciario, Juan fue en una camioneta a la parte de adelante, no sabíamos por dónde iba a salir”. Y agregó que: “No lo veíamos, entonces Robles hijo fue a preguntar en la oficina y le dijeron que ya había firmado su libertad”. Ambos estuvieron esperando en las inmediaciones del penitenciario hasta las 19 hs aproximadamente, y el “Pájaro Loco” nunca salió.

El testigo contó que luego de esa tarde no supo nada más de la familia Robles, porque cambió de domicilio, e hizo una aclaración sobre una declaración en la provincia de Jujuy, que sucedió hace unos diez años: “Me citaron, pero no recuerdo el lugar”.

Sobre las causas de detención del Pájaro Loco Robles, Maza narró: “Por comentarios del hijo supe que era por un camino que los militares habían hecho en una finca que Robles tenía en Maimará, él hizo un reclamo, y de ahí vino el problema que no sé cuál es”.

Finalmente, Maza agradeció la citación, y le comunicó al tribunal que se encuentra dispuesto a concurrir cuando la justicia así lo requiera.

 

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