La brecha social en la Argentina urbana volvió a profundizarse durante el primer trimestre de este año, alcanzando niveles que no se registraban desde los primeros meses de 2024. Los datos surgen del último informe sobre la Evolución de la Distribución del Ingreso que difundió el Indec a través de la Encuesta Permanente de Hogares, confirmando un marcado deterioro en el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables.
El Coeficiente de Gini, el indicador clave que mide la concentración del ingreso donde cero es igualdad absoluta y uno es concentración total, trepó a 0,442 puntos. La cifra representa un salto frente al 0,435 registrado en el mismo período del año pasado, acercándose al pico histórico de la última devaluación.

La distancia entre los extremos
Al analizar los extremos de la pirámide social, la diferencia es contundente. El segmento de la población con mayores recursos económicos concentró más del 33 por ciento de los ingresos totales del país, registrando un promedio individual superior a los 2,4 millones de pesos. En la vereda opuesta, el sector más desfavorecido apenas retuvo el 1,8 por ciento del total, con un ingreso medio que rozó los 130 mil pesos.
Si se comparan las medianas de ambos grupos, la brecha indica que el diez por ciento más rico de la sociedad ganó quince veces más que el diez por ciento más pobre, una proporción que se mantiene alta a pesar del impacto estacional del aguinaldo en la medición.
Brecha de género y empleo en negro
El informe oficial también reflejó un empeoramiento en la equidad laboral entre varones y mujeres. La diferencia salarial en la ocupación principal se estiró al 29,1 por ciento en favor de los hombres, consolidándose como la marca más desproporcionada desde que el organismo estadístico comenzó a medir esta serie particular hace cuatro años.
Por último, la informalidad laboral sigue funcionando como el principal factor de empobrecimiento. El personal asalariado que no cuenta con aportes ni descuentos jubilatorios percibió ingresos promedio que apenas superaron la mitad de lo que cobró un trabajador registrado, ensanchando la división entre el empleo formal y el precarizado.

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