Los Tres Chiflados cumplen 100 años: Llamen a Moe, que Larry está en cualquiera

Por Claudio D Minghetti. Los Tres Chiflados cumplen años, como no podía ser de otra forma, por triplicado. No es broma: como grupo nacieron hace un siglo en el que se impusieron como la versión guarra de los creadores del cine mudo, léase Chaplin, Lloyd, Laurel & Hardy o Keaton. A su vez en el cine debutaron el 26 de agosto de 1933, y desde el 20 de agosto de 1993, hace 50 años, tienen una tardía estrella en el paseo de la Fama de Hollywood.

El teatro en su país, los cortometrajes como complemento de los estrenos de Hollywood, más tarde el cine con formato largo, y finalmente su resurrección como serie de televisión en 1959 en pantalla estadounidense oficialmente hasta 1972, los impusieron como marca registrada, un sello que no pierde actualidad aún con sus transgresiones hoy políticamente incorrectas.

No es casual que Diego Capussoto lo haya llevado a Gustavo Cerati para reversionar «De música ligera», rebautizado como «Llamen a Moe», en «Todo x 2 pesos» ya que, en el primero de sus cortometrajes de 1934, décadas después famoso por televisión, el trío se unía a un grupo de machistas empedernidos en el que aquel violinista medio calvo, pero con estambres de pelo en su periferia, traicionaba el juramento cuasi masónico, enamorándose de una chica.

El primer contacto del público mundial con Los Tres Chiflados fue en las salas de cine, aquellas funciones conocidas en esta geografía como «parroquiales», o las «de continuado» que juntaban cortos de humoristas del periodo silente que abordaban diferentes géneros, como el western. También sonoros y de ciencia ficción, como ocurrió con los 13 memorables capítulos de la miniserie «Flash Gordon», rodados y estrenados en 1936.

Sin embargo, el trío nació mucho antes de que se convirtiera en protagonista de la industria del primer cine sonoro con esos episodios unitarios. Fue en los escenarios del varieté de 1923, cuando el mundo estaba en un momento bisagra, a mitad de camino entre la guerra que fue y la que sobrevendría, todavía en el epílogo de la Gripe Española y con ya tres años de Ley Seca -hasta 1933-, con la devastadora crisis económica y el simultáneo crecimiento de la mafia. Ese mismo año el cine los atrapó.

Ésta intenta ser una breve historia de Los Tres Chiflados, ese grupo de comediantes locos y entrañables que nos hicieron reír a carcajadas, que llegaron a la televisión privada argentina en 1962 luego de su paso por salas, cuando Proartel -la empresa del cubano exiliado Goar Mestre, dueña de la licencia del Canal 13- los puso en su grilla, primero subtitulados, luego se vieron por Canal 11 (hoy Telefe) y América. Pasaron seis décadas y siguen siendo cada tanto, finalmente por eltrece, un buen recurso de mediodías.

Aquellos desayunos o almuerzos fueron los preferidos de chicos y adolescentes que acompañaban su llegada o partida a la escuela con estos humoristas, o con «El Zorro», producido a finales de la década anterior por Disney. Algunos episodios de ambas series, fueron remasterizados y coloreados para una nueva vuelta en el tiempo.

Chicos, adolescentes y adultos eran convocados por los receptores de televisión en blanco y negro al son de la vieja melodía infantil «Tres ratones ciegos» («Three blind mice»), primero en horarios perdidos de la programación, luego al mediodía o en el momento de la merienda, para dar fe que los mayores disparates, en más de un sentido, tenían nombre y apellido.

Otras de las canciones que los identificaban era «Escucha al ruiseñor» («Listen to the Mockingbird»), un viejo tema popular estadounidense de finales del siglo XIX, de Septimus Winner, firmado con el seudónimo femenino de Alice Hawthome, con música de Richard Milburne, uno de los temas preferidos de Abraham Lincoln y resucitado en los 20s según la versión de Burl Ives.

Además del siglo de su surgimiento, este 20 de agosto de 2023 los chiflados cumplieron 50 años de su entrada al Paseo de la Fama Hollywood con una estrella que los recuerda, un reconocimiento tardío que era lógico se les debía porque su humor grotesco pudo pervivir con el paso de cinco décadas, es decir varias generaciones de público a lo largo de más de medio siglo de permanencia con diferentes formatos.

Los Horwitz, de Lituania a Estados Unidos

El grupo nació en el seno de la familia Horwitz, judíos de Lituania, cuyo apellido de fantasía en los teatros neoyorquinos fue Howard. Los dos que siempre participaron en sus cuatro versiones fueron Moe (en verdad Moses Harry Horwitz, 1897-1975), el jefe del grupo, más mandón y violento, y Larry Fine (Louis Feinberg, 1902-1975) en la ficción «Larry».

En su debut en el cine, el tercero del grupo fue Curly Howard (Jerome Lester Horwitz,1903-1952), hermano de Moe al igual que Shemp Howard (Samuel Horwitz, 1895-1955), es decir «Shemp», que había ocupado ese lugar en los primeros tiempos de vodevil, Joe De Rita (Joseph Wardell, 1909-1993), o «Curly Joe» y Joe Besser (Joseph Besser, 1922-1970) también «Curly Joe».

Todo empezó en la década de 1920, cuando Moe conocido como «El jefe», junto con su hermano Curly, formaron una pequeña compañía de vodevil. Más tarde, se unió su amigo Larry, quien se convirtió en su compañero inseparable. Juntos, conformaron el núcleo central de Los Tres Chiflados. Siguieron juntos hasta 1946, cuando el singular tercer integrante fue reemplazado por el también particular Shemp, el mayor de los Howard.

Después de su exitoso paso por los escenarios -en los que profundizaron en su humor «grueso», por sus sketches, gags con doble sentido y desafiante -aparente- violencia física que recordaba a los clowns más perversos hasta entonces, y una vez terminada la prohibición alcohólica-, el grupo fue convocado por el cine con formato de serie, que les permitiría inmortalizarse, más allá de que sus incursiones en el largometraje no resultaron tan exitosas como las del dúo Abbot y Costello, que nacido en 1938 y de origen radial, funcionaria tanto en cine como en televisión varias décadas.

De los escenarios a los sets

Su debut en el cine fue el 26 de agosto de 1933 de la mano de la Metro Goldwyn Mayer; uno de cuatro filmes cortos en dos rollos (20 minutos) producidos por ese sello como «Cerveza y pretzels» («Beer and Pretzels») que completaban aquellos programas que solían verse por unos pocos centavos en las salas de entonces. Así nació su vínculo de más de tres décadas con el cine primero y luego con la televisión.

En verdad aquella primera aparición fue detrás de Ted Healy, un comediante por entonces exitoso, cuya trama mostraba a un grupo de variete que luego de ser echado a patadas del lugar donde hacían sus humoradas, terminaban trabajando como mozos en un dancing, y protagonizando un disparate mechado por números musicales, que termina en una bataola.

Tras el éxito de aquella primera aparición, en 1934, el grupo se unió a Screen Geems, un sello menor de Columbia Pictures para los complementos de sus largometrajes con un contrato por igual monto del de MGM, sin imaginar que su marca registrada de comedia slapstick, es decir la que exagera la violencia física sería tan exitosa.

A lo largo de su carrera, el trío de LTC apareció en 190 cortometrajes en esos complementos que se veían en las salas estadounidenses antes de la proyección de largometrajes, todos llenos de caos y golpes muy exagerados en medio de tramas muy pero muy disparatadas. Eran expertos en provocar carcajadas con sus patadas, piquetes -de ojos- y tortazos.

El primero de aquellos nuevos cortos de entre 15 y 20 minutos cada uno fue «Los odiamujeres», en donde el machismo del trío, afiliado a un club de solteros podría resultar cuestionable. al que siguió «El boxeador musical», que no es otro que Curly, que de mozo en un bar llega a un ring donde reacciona a los puñetazos con una melodía pegadiza tocada en violín por Larry, El tercero fue «Hombres de negro», donde encarnan a médicos hospitalarios y el cuarto «Tres magos del fútbol», en su caso el americano.

Cada cortometraje presentaba una estructura similar: los chiflados se metían en todo tipo de problemas, desde trabajos absurdos hasta enredos amorosos con chicas del chorus líne muy bonitas. Moe, el líder prepotente y autoritario, daba órdenes y administraba los golpes, mientras que Larry, con su melena característica que subrayaba su inocencia para interpretar las situaciones más difíciles, intentando mantener cierta cordura, y Shemp (el reemplazo de Curly), con su pelo engominado que en verdad parecía peinado con lengua de vaca, y que aportaba una dosis extra de torpeza.

La popularidad de Los Tres Chiflados alcanzó su punto máximo en la década de 1940, en coincidencia con la guerra. Sus cortometrajes se convirtieron en un fenómeno y su humor físico conquistó a audiencias de todas las edades. No había nadie que pudiera resistirse a sus ocurrencias cómicas. Y de aquellos tiempos son los episodios en los que se burlaban del nazismo incluso de Adolfo Hitler, encarnado por Moe en «You Natzy Spy !», es decir «Tu espía asqueroso!», anticipándose nueve meses a Charles Chaplin y su versión en el «El gran dictador», aunque ese mérito nunca es dimensionado como corresponde.

En el episodio el disfrazado de mariscal de campo se refiere a la ofensiva de Morónica, el país que simula ser Alemania nazi (morón en inglés significa tarado por lo que podría traducirse como Taradolandia), diciendo «Bombardeamos 56 hospitales, 85 colegios, 42 guarderías, cuatro cementerios y otros objetivos militares vitales». «Está prohibido leer libros. Imagínese que aprende algo, salga y queme todos los libros», comenta Moe-Fhurer en un momento. «¿Podré tener un uniforme lleno de medallas?», pregunta el nuevo mariscal de campo; «Claro, podrá tener cien uniformes si sale y mata a cien generales», le responde.

En 1941, hubo un segundo episodio con la misma temática y tiempo después hubo otro destinado a burlarse de Stalin.

Sin embargo, en 1955, Shemp falleció repentinamente debido a un ataque al corazón. La pérdida fue devastadora para el grupo, pero no se rindieron. En su lugar, contrataron a otro hermano, Joe «Curly Joe» De Rita, quien se convirtió en el tercer chiflado.

Todo tiene un final

Los chiflados protagonizaron 196 para Screen Gems-Columbia Pictures y un puñado para MGM, además de aparecer en 29 largometrajes, el último «Los Tres Chiflados y los pistoleros» (1965), de Norman Maurer,

La década de 1950 ya en televisión Shemp Howard, Joe Besser y Joe DeRita, ocuparon el lugar vacante de Curly y Shemp Howard.

De aquella rica primera etapa Moe y Larry nunca cobraron dólar alguno por su repetición de los viejos cortos en la pantalla hogareña porque el contrato original no los consideraba propietarios del producto. Ya en la década siguiente, los que quedaron sobrevivieron gracias a programas de televisión y como invitados en algunas películas. Aunque el formato había cambiado, su esencia cómica seguía intacta. Seguían siendo los maestros del humor tonto, surrealista y la comedia física.

A medida que avanzaba la década de 1970, la salud de los chiflados comenzó a deteriorarse. Moe quien insistía en que su flequillo fue copiado por Los Beatles, sufrió un derrame cerebral en 1970, pero eso no lo detuvo. Siguió trabajando hasta su muerte en 1975, a los 77 años.

Larry, por otro lado, luchó contra una serie de problemas de salud, incluido un derrame cerebral en 1970. Aunque intentó continuar actuando, finalmente se retiró. También falleció en 1975, solo unos meses después de la muerte de Moe.

Curly Joe -Joe De Rita- , el menos afortunado de las distintas versiones del «tercero» del grupo, fue el último de Los Tres Chiflados en dejar este mundo. Después de la muerte de Larry, y en retiro efectivo de su profesión de actor, continuó haciendo apariciones ocasionales en homenajes de eventos relacionados con Los Chiflados. Murió en 1993, pero su espíritu cómico perdura en la memoria de los fans.

Chiflados animados

Los viejos episodios -tanto los de cine como los hechos para la ascendente televisión- inspiraron una tira animada titulada «Los nuevos 3 chiflados», una curiosa experimentación de mezclar viejos fragmentos con las caricaturas en nuevas historias con algunos personajes nuevos, en especial villanos, en medio de peripecias poco creativas que no dejaron marca en la pantalla chica

Entre 1965 y 1966 se probó suerte con 156 episodios de una curiosa combinación de acción en vivo, tomada de los episodios originales como prólogo y epílogo de dibujos animados con el trío, para el caso con Moe, Larry y Curly Joe (De Rita) que todavía vivos aportaban sus voces en el doblaje en inglés, no obstante, no lograron entusiasmar demasiado a la teleplatea.

En los tiempos del VHS volvieron a cumplir un ciclo exitoso para los coleccionistas, y fue una etapa en la que se reeditaron, primero en casete y luego en DVDs, colecciones digitalizadas y coloreadas, que en la actualidad suelen tener presencia aleatoria en Star+ y Pluto TV.

El colmo de la memorabilia a nivel local comenzó cuando el 18 de diciembre de 2000, el último programa de la temporada de «Todo x 2 pesos», conducido por Diego Capusotto y Fabio Alberti, presentó como invitado a Gustavo Cerati interpretando junto a tres de los cómicos del show disfrazados de los chiflados, una versión apócrifa de «De música ligera», letra ad hoc exigiendo «Llamen a Moe que Larry está en cualquiera», en medio de una multitud que sobrepasaba todas las expectativas para este último fin de año antes del Blindaje y la debacle del 2001.

«Hoy regresé, temprano a mi saca / y a Larry encontré en plena resaca / esto ya pasó / no tiene excusas / Larry es vicioso / vive de partuza, / llamen a Moe / que Larry está en cualquiera / anda con gatos / y le da a la ginebra», sentencia la letra del párrafo central, que se repite una y otra vez.

Cinco años más tarde, el mismo humorista, presentó en «Peter Capusotto y sus videos», algunos fragmentos de sus episodios rebautizados como «Los Tres Fumados», Moegra, Chaly y Gordo Drogadicto, con fragmentos genuinos con las voces dobladas con diálogos desopilantes, que le agregaron una suerte de actualización doctrinaria, localista, a sus disparates. «Escuchá cabeza de tuca, podemos ganarnos un par de gramos y venderlos en la villa. Y a ti te daré una pepa !», dice Moegra. «¡Fuma la bola chico, fuma la bola!», se escucha.

Un telefilme intento en 2000 contar sus vidas y el reciente cine estadounidense los revivió con nueva impronta en «Los Tres Chiflados» (2012), de los hermanos Bobby y Peter Farrely, los mismos de «Tonto y Retonto», que no resultó para nada feliz.

Hace dos años, Los Tres Chiflados volvieron a verse por la pantalla de eltrece, los domingos poco antes del ciclo original de Mirtha Legrand, conducido por su nieta Juanita Viale.

Así, con la perspectiva que permite el paso de tantas décadas de su apogeo, Los Tres Chiflados dejaron un legado imborrable en el mundo del humor. Su estilo único y su habilidad para hacernos reír incluso a carcajadas en las pantallas hogareñas los convirtieron en verdaderos íconos de la comedia. A pesar de los golpes y duros tropezones en sus propios caminos, siempre regalaron sonrisas y momentos inolvidables y hasta el día de hoy, sus locuras siguen resonando en los corazones de padres, hijos y nietos, dando muestras de que la leyenda sigue viva.

Los tips que los convirtieron en maestros del slapstick

Los Tres Chiflados cumplen 100 años y también sus tips la mayoría asociados a reacciones violentas casi siempre encabezadas con el prepotente de Moe. Además del uso de las bofetadas o los puños, así como instrumentos contundentes o brochas de pintura, el trío se caracterizó también por su singular manera de encarar las artes culinarias y la coctelería y su particular debilidad por las chicas, que como ocurría en el Hollywood de entonces eran elegidas no por su talento actoral sino por sus atractivos de moda.

Estos son solo algunos de los tips habituales que hicieron famosos a Los Tres Chiflados. Su humor físico y sus gags visuales eran su sello distintivo, y con cada tropezón y golpe, siguen regalando momentos inolvidables de risa desenfrenada.

➤Los golpes en la cabeza: Los Tres Chiflados eran conocidos por sus golpes en la cabeza. Moe solía darles a Larry y Curly (o Shemp, incluso a Joe que siempre respondía con gestos amanerados) un golpe rápido en la frente con los nudillos o un mazo que parecía real, no obstante, en verdad era de goma. Este gesto se convirtió en un clásico de su repertorio cómico.

➤Los piquetes de ojos: Otra característica distintiva de los chiflados eran los piquetes en los ojos. Así aparecían Moe, Larry y Curly (o Shemp ya casi en desuso con De Rita) usando sus dedos pulgar e índice para pellizcar y estirar los ojos del otro, lo que generaba momentos cómicos y expresiones exageradas. Seguramente fueron los que inspiraron al maestro del catch-as-catch-can (lucha libre) Martín Karadagian para incorporarlo a su ciclo Titanes en el Ring.

➤Tirones de cabellos: Los Tres Chiflados eran maestros en los tirones de este tipo. Era frecuente ver a Moe agarrando con fuerza los mechones de Larry y Shemp, que se convierten en muecas de dolor en medio de situaciones desopilantes.

➤ Las bofetadas: Eran otro recurso común utilizado por los chiflados. Moe, Larry, Curly o Shemp dándose bofetadas rápidas y sonoras en la cara, a menudo de manera sucesiva o simultánea. Estas escenas solían ser seguidas por expresiones de dolor exageradas y una cómica reacción en cadena. Por su parte, Curly acostumbraba a abofetearse su cabeza casi casi rapada cuando entraba en crísis, acompañadas por un singular sonido

➤Los tropezones y caídas: Los Tres Chiflados eran expertos en tropezones y caídas en las que aparecían los chiflados chocando contra paredes, tropezando con muebles o cayendo al suelo de manera torpe y cómica. Su habilidad para hacer que las caídas parecieran accidentales, pero perfectamente cronometradas era impresionante.

➤Los tortazos: «In the sweet pie and pie», por ejemplo. Eran maestros para iniciar duelos con tortas estampadas en las caras, de más cerca o de más lejos, desencadenando largas secuencias con crema y platos voladores. El ponche preparado en grandes fuentes durante fiestas de gente de la aristocracia, que incluía no solamente bebidas alcohólicas sino también otras sustancias, también terminaba en bataholas inolvidables, muchas veces con tortas.

También era frecuente verlos como marineros, presos con traje a rayas incluso con una bocha encadenada a sus tobillos, o terminar como tales después de sus desastres, sean médicos, bomberos, plomeros que conectan caños de con circuitos eléctricos, llenan de agua lamparitas encendidas o que convierten en fuentes a hornallas de cocinas, cocineros que meten en las ollas cualquier cosa o limpian un pollo eviscerado con agua hirviendo por sus trasero, incluso pintores que quedan acorralados en rincones por pintar pisos desde la puerta y no a la inversa. La lista es inacabable.

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